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Novedad literaria

La reconstrucción de lo inasible según Chico Buarque

AGENCIAS el 10/06/2015 

En El hermano alemán, Chico Buarque, una de las voces más ricas y populares de Brasil —autor de icónicos temas como Construcción, guitarrista, dramaturgo, cantante y novelista— revela la búsqueda del mayor de sus hermanos: desconocido, alemán, músico como él.

Portada del libro «El hermano alemán» de Chico Buarque.Télam/Dolores Pruneda Paz - El inicio de la novela es visual: Una larga enumeración de objetos cotidianos descartables; acciones brevísimas como sacudir un libro; y una carta fechada en Berlín el 21 de diciembre de 1931, de la que sólo se lee o se entiende un nombre: Sergio.

 

El resto —de esa primera página con que abre la novela publicada en Argentina por Penguin Random House— es una seguidilla de puntos, que sugieren frases y renglones tan indescifrables como el alemán con que Ciccio, el alter ego de Chico Buarque en el libro, vislumbra la existencia de un hermano, Mimmo, igual que le ocurrió en la vida real.

 

Aquel hermano negado fue Sergio Gunter, hijo del padre del escritor, Sergio Buarque, y una tal Anne Margrit Ernst, que nació el primer día del otoño berlinés de 1930 y fue dado en adopción uno o dos años más, posiblemente ante el inconveniente de una madre soltera de criar a un niño en una Alemania convulsionada ante el advenimiento del fascismo.

 

El hermano real, el que inspira las páginas de esta novela, fue criado en Berlín por Willy Guther y Pauline Anna bajo el nombre de Horst, hasta que decidió cambiarlo por Sergio cuando a los 22 años, supo de sus padres biológicos y de cómo lo llamaron al nacer.

 

La misma edad, casi, que tuvo Chico Buarque al conocer su existencia, correlatos inadvertidos ya que murió antes de que el carioca se decidiera a buscarlo.

 

Esta suerte de patriarca de la música popular brasileña (MPB) tenía 23 al enterarse de ese otro hermano mayor que compartía nombre con el mayor de sus hermanos de Río de Janeiro.

 

Francisco Chico Buarque de Holanda, el hombre por fuera de estas páginas, de las canciones y la escena, no se anotició como Ciccio, el protagonista, que tenía un hermano desempolvando un libro en una biblioteca.

 

La realidad fue más espuria y a la vez irrefutable: De visita junto a Vinícius de Moraes y Tom Jobim en casa del poeta Manuel Banderia fue éste, ya viejito, quien le preguntó por su padre y por Sergio.

 

El recuerda bien ese día, incluso tiene una foto de ese día, cuenta cuando habla con la prensa sobre el tema: Corría 1967 y abandonó la cuestión luego de recurrir a su padre y hermanos para descubrir que "el secreto familiar", del que sí sabía Vinícius, era un tema incómodo.

 

No hubo preguntas de parte de nadie, tabúes explícitos ni imposiciones, el escritor dio con las huellas del mayor de todos sus hermanos y las de sus herederos tres décadas y media más tarde gracias al empeño de un historiador y un museólogo; gracias a su madre que preservó ciertos documentos; gracias a un editor que sirvió de nexo; gracias a su hija Silvia, quien logró el encuentro con la parte negada de su prole.

 

EL Sergio alemán murió el 12 de septiembre de 1981 sin que Chico lo conociera, del mismo cáncer de pulmón del que un año más tarde moría Sergio padre.

 

Los dos tenían voz grave, se asombra el artista. Los dos le cortaban el filtro a los cigarros negros que fumaban. Como él, su hermano era cantante —dejó discos en la Alemania Occidental—. Como él, se casó varias veces. Como él, fue una figura pública —conducía un popular programa de TV en la RDA—.

 

"El vals que se filtra por las paredes del barracón es propicio para el flirteo de mi padre y Anne, que quizás se enamoraron sin pensar en tener un hijo. Y Sergio Gunther trabajará durante años en los futuros estudios de televisión de la UFA, sin saber que en el local contiguo comenzó su historia", escribe Buarque en la novela que lo obligó a perseguir la huella de su hermano por Alemania.

 

Y ése puede ser es el quid que mueve este libro: La libertad ante la duda absoluta, la alegría ante la imposibilidad de certezas, la intensión de búsqueda sin ideas de hallazgo, el deseo de transitar las propias nebulosas que conforman una ficción, basado en una realidad tan fuerte como la de un hermano desconocido con el que ya no habrá encuentro.

 

Esa realidad que por insólita y consistente es capaz de apalear a la ficción, con Buarque se mueve al terreno del juego de los posibles e imposibles.

 

¿Ese padre que dejó a un hijo en Berlín embarazó a una menor, tuvo que huir? ¿Ese hijo fue soldado del nazismo, fue tornero, escuchó sobre su hermano sin desear encontrarlo o estuvo incomunicado tras el Muro? Tenía los recursos, trabajaba en un programa de TV...

 

Buarque preguntó sobre ese hermano recién en 2012, porque sí, porque quiso escribir este libro, porque el Sergio Buarque de Brasil —el que comparte padre y madre con él, Miúcha, Ana, Cristina, María do Carmo y Alvaro— le comentó haber visto una foto.

 

Y le comentó haber visto algún documento sobre el Sergio alemán, donde Sergio padre pedía que lo enviaran a Río de Janeiro pero, ante la negativa de las autoridades nazis, enviaba luego una constancia de bautizo para asegurarlo ario ante el régimen que al pie de página de sus documentos imprimía el mismo 'Heil Hitler' con que reverenciaba a su líder.

 

Aquí en el libro —la ficción de Buarque, su mapeo de lo inasible—, Ciccio es entonces Chico, Mimmo es el hermano mayor despreocupado y seductor, el escenario no es el nazismo si no la dictadura brasileña, la biblioteca y la casa es muy parecida a donde vivió su juventud del escritor y el encuentro es posible, desde antes del principio, en una primerísima página donde detrás del título se lee la dedicatoria "Para Sergios", así, en plural, reunidos.










 
  

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