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25 años sin Gato Pérez (1): El Xavier Patricio Pérez rockero, el de sus inicios

Rafa Zaragoza: «La grandeza de las canciones de Gato está en que muestra las dos caras que todos tenemos, en su gran intuición melódica y en un talento literario extraordinario e inaudito»

por Manel Gausachs el 13/11/2015 

Empezamos la serie de tres entrevistas dedicadas al cantautor catalano-argentino charlando con su compadre musical hasta 1978, el guitarrista Rafa Zaragoza. Hablamos con el amigo de bachillerato con el que copilotó Slo-Blo y Secta Sònica, entre otras formaciones, durante los primeros diez años de sus respectivas carreras (1968-1978). En la siguiente entrevista indagamos sobre cómo era el Xavier pre-Gato Pérez, la obra que hicieron juntos y como pudo ser que este rockero, ‘muy anglófilo’ hasta 1978, diera el paso hacía la cantautoría y la Rumba Catalana.

Rafa Zaragoza. © Manel Gausachs
Rafa Zaragoza.
© Manel Gausachs

 

Rafa Zaragoza es un músico que todo lo ha descubierto a través de la guitarra. El instrumento de las seis cuerdas es su mundo: tocarlo, experimentar con él y enseñar a tocarlo a terceros. Actualmente está preparando junto al contrabajista Eduard Altaba, otro veterano de la escena experimental Barcelona, un proyecto sobre una poeta polaca en el que tiene muchas esperanzas muchas esperanzas depositadas. Una aventura en la que también les acompaña la improvisadora vocal Anna Subirana. Al mismo tiempo está remezclando para una discográfica por internet sesiones antiguas de improvisaciones con el septeto Setfree, una formación experimental de la que forma parte junto a Quico Samsó, el mismo Eduard Altaba, Ramon Solé, Liba Villavecchia, Agustí Martínez y Xavi Tort. Dos trabajos que los está haciendo en el estudio Bonso de Gràcia, un pequeño y discreto ‘santuario’ por el que pasan muchos de los músicos de la escena experimental barcelonesa y en que, en cierto sentido, se podría llegar a decir que recoge un poco el espíritu experimental que tuvo el proyecto más importante de Rafa y Gato, el grupo Secta Sònica.

 

Me atrevería a afirmar que Rafa Zaragoza, también conocido como Zarita, persiguió en los setenta y sigue persiguiendo en la actualidad el sueño de abarcar toda la música. En ello está y no se rinde. Le gusta la fotografía y la astronomía, en los 80 —en unos años muy complicados para la música en Barcelona— acompañó a Marina Rossell y a músicos de lo más variopinto. Ha trabajado en TVE de guionista y ayudante de realización, y ha sido jefe de redacción de la versión española de la revista de divulgación de la guitarra "Guitar Player" y director de "Guitarra Total".

 

Pues bien, este valenciano que llegó a Barcelona a los 12 años fue la alma gemela, musicalmente hablando, de Xavier Patricio Pérez desde la segunda mitad de los 60 —cuando se conocieron haciendo el bachillerato— hasta 1978. Juntos compartieron su pasión por la Música y vivieron juntos su proceso de aprendizaje, y fueron un dueto de facto inseparable en todos sus proyectos de sus primeros años. La Revelación Mesmérica, Pérez & Zaragoza, Slo-Blo, Gato, otra vez Slo-Blo y finalmente Secta Sònica es el periplo de formaciones por los que pasaron los dos, aunque es probable que entremedio hubiera alguna más, porque esos años fueron frenéticos, había muchas ganas de comerse el mundo, mucha inocencia y, seguramente, poco pastel para repartirse.

 

Personal y original Árbol de família de la escena underground de Barcelona de los primeros 70 dibujado por Xavier Patricio Pérez. © Imagen cedida por la familia de Gato Pérez
Personal y original 'Árbol de família' de la escena underground de Barcelona de los primeros 70 dibujado por Xavier Patricio Pérez.
© Imagen cedida por la familia de Gato Pérez

 

Para saber detalles de su obra conjunta, de la obra menos conocida del que después fue Gato Pérez, desayunamos y paseamos hace unas semanas con Zarita por el barrio de la Ribera, el centro neurálgico de toda la música ‘underground’ que generó la Barcelona de los 70. Concretamente paseamos por la calle Manresa, donde ensayaban los dos en un piso sin ningún tipo de insonorización, y por la calle Argenteria —antiguamente Platería— donde estaba la emblemática sala de conciertos que cambió tantas cosas y que actualmente se ha transformado en una irreconocible tienda de ropa prêt-à-porter, la sala Zeleste.

 

Hablamos mucho de su compadre, al que nombra indistintamente Xavier o Gato. Nos habló con mucha sinceridad, sin pelos en la lengua y sin eludir la complejidad que tienen todas las relaciones humanas y artísticas. Y nos mostró un interesante libro de fotografías que ha publicado un compañero de pupitre y andanadas musicales, Enric Pareto. El libro se llama "Història d’una música (1968-1981)" y es una breve selección de las fotos que el autor hizo de los múltiples proyectos musicales de Xavier y Rafa. Un libro muy interesante también porque incluye textos breves de músicos como Xavier Batllés, Víctor Cortina, Paco Gijón o el mismo Zarita donde comentan sus recuerdos sobre los conciertos y las sesiones de grabación que aparecen en las fotografías. Un libro autoeditado —del que sólo se han tirado 150 ejemplares— que se puede encontrar en la librería La Casa de la Paraula de la calle Rosselló de Barcelona y en pocos lugares más.

 

A continuación sintetizamos una conversación que duró casi dos horas.

 

¿Recuerdas exactamente cuándo conociste a Xavier, en qué momento?

 

Sí, yo conocí a Xavier en el Instituto Menéndez y Pelayo. Teníamos unos 13 años o algo así… Creo que fue en cuarto de bachillerato… Yo lo empecé con 13 años. Íbamos a la misma clase. Por cierto, en el Menéndez había muchos músicos… En este instituto también estaba Joan Saura (de Blay Tritono), Sedo García —que ahora es luthier— y algunos más… Había gente curiosa… Y en la misma clase hicimos la típica pandilla de cuatro o cinco tipos que son inseparables y que van juntos a todos lados.

 

¿Rápidamente de diste cuenta que congeniabais musicalmente?

 

La verdad es que estábamos todos absolutamente ‘pirados’ por la Música, por la Música que se hacía en esos momentos. Yo que sé… Bob Dylan, JJ Cale, mucha cosa de country, ‘California’… No sé si cuatro o cinco de ‘la colla’ (pandilla de amigos) nos compramos la guitarra prácticamente el mismo día y empezamos a escuchar esto que te acabo de decir, y más adelante Beatles y Led Zeppelin…

 

Gato y tú fuisteis inseparables durante diez años, aproximadamente entre 1968 y 1978. Juntos hicisteis muchos grupos pero en todos ellos siempre estabais vosotros dos. ¿La Revelación Mesmérica fue el primero?

 

La primera formación que hicimos con el Gato éramos los de ‘la colla’: el Gato, Enric Pareto, Rafa Ramos, Javier Barón y yo… Por cierto, ahora te enseñaré una foto de este momento del libro que te he traído (Se refiere al "Música d’aquí")… De hecho el autor de la foto y del libro (Enric Pareto) era uno de los miembros de La Revelación Mesmérica, que fue fotógrafo y que después siguió haciéndonos fotos en los otros proyectos…

 

Una cosa curiosa es que todos por aquel entonces (en los últimos años de los 60) nos quedamos fascinados por la poesía y por el encanto de Edgar Allan Poe. ‘La revelación mesmérica’ es un cuento mesmérico de Poe. Y musicamos poemas y diversas ‘historias’ relacionadas con su mundo… Y fue la primera vez que empezamos a hacer canciones, algunas de las cuales propias. Xavier hacía, yo también, Enric (Pareto) también… Canciones cantadas…

 

¿Cómo definirías estas canciones?

 

Eran canciones un poco ingenuas… Fue entonces cuando se empezó a ver qué habilidad tenía cada uno del grupo. Hay una cosa muy curiosa que la verdad es que sólo la he contado una vez porque nadie más me lo ha preguntado y ahora te cuento a ti porque me lo preguntas. Hay un poema de Edgar Allan Poe que se llama "El Dorado" que es la historia de un espíritu que va buscando ‘la tierra prometida’ del Dorado y no la encuentra. Es un poema muy bonito… Lo teníamos en una muy buena traducción castellana y el Gato hizo de él una canción preciosa. No es que fuera espatarrante pero tenía encanto por la relación que había entre el ritmo silábico, la estructura de la canción, como modulaba, como subía y bajaba melodía… Cuando la escuchamos pensamos: "Aquí hay algo más de lo que haría en una persona que empieza a hacer música". Allí nos dimos cuenta, por primera vez (¡), de su capacidad de síntesis y de su intuición sobre la arquitectura musical. No sé cómo decirte, de instinto musical que tenía Xavier. Nos quedamos asombrados. Y te lo digo con estas palabras aunque suene a muy pretencioso, ahí me di cuenta que tenía un instinto de músico muy profundo.

 

Era un poema rimado, en versos de ocho, no sé si era AABB pero digamos que la estructura ayudaba y el silabeo y la prosodia también ayudaban, pero está claro que a eso le tienes que poner notas y ritmo y él lo hizo muy bien.

 

¿Existe alguna grabación de esta canción?

 

No.

 

¿Pero si la escucharas ahora la recordarías?

 

Sí, la podría tocar ahora mismo si quieres, pero no lo haré.

 

¿O sea que sería recuperable?

 

Sí, porque es una canción que para nosotros, para ‘la colla’ de amigos fue emblemática. Como te dije esto lo he contado sólo una vez pero nunca se ha publicado.

 

¿Llegasteis a actuar en directo?

 

Sí, unas cuantas veces en casales, en la Casa de Almería o algo así… Recuerdo un concierto en Sant Boi en el que fuimos teloneros de un chico que era muy bueno y no sé qué y no sé cuántos… Pues bien, ese chico era Lluís Llach. No le conocía nadie, estaba empezando y creo que solo había grabado un solo single… Me acuerdo que ese concierto fue en un escenario de tablones que cada vez que seguías el ritmo con los pies el micro te rebotaba y te daba en la cara. ¡Y que con un solo un micro se sonorizó tres o cuatro guitarras y una voz! ¡Era imposible que se oyera algo!

 

¿En La Revelación Mesmérica él ya tocaba el bajo como hizo posteriormente en Secta Sònica?

 

No, no, en aquel entonces todos éramos guitarristas, mejor dicho, todos tocábamos la guitarra en todas partes.

 

Antes de llegar a Slo-Blo, que es la primera formación que dejó huella a pesar de que no llegasteis a publicar ningún disco, tengo entendido que los dos hicisteis un dueto llamado Pérez & Zaragoza. ¿Era dueto de cantautores a lo Simon & Garfunkel? (Pregunta dicha con un punto de ironía)

 

Sí, de cantautor pero algo más urbano. Él ya tenía esa ‘línea’ urbana que después desarrolló como Gato Pérez. A ver, era una cosa influida por el signo de los tiempos, un poco ‘protestona’ pero bastante más literaria.

 

En casa tengo un póster así de grande (y hace el gesto indicando las grandes dimensiones del cartel) pintado a mano por el diseñador Juste de Nin (dibujante y diseñador de moda) que lo hizo por le gustó lo que hacíamos. Ahora cada vez que veo el póster pienso: "¡Ostras!"... Era la época ‘roja’, ‘Comisiones obreras’, todos ahí ‘metidos’, no demasiado pero ‘dando caña’, antifranquismo, ¿sabes? Esto no se sabe mucho…. Él y yo habíamos ido a algunas reuniones clandestinas a dar apoyo y cosas reivindicativas de la época… A través de amistades coincidimos con un Ovidi Montllor completamente desconocido, que apenas iniciaba su carrera.

 

En esos momentos Xavier Patricio y tú erais inseparables, ¿a qué lo atribuyes?

 

Esto lo he pensado mucho. Después de que se acabara Secta Sònica me lo estuve preguntando… A ver, el Gato era un tío muy cerebral, era un Aries, un tipo con mucha ‘castaña’ (personalidad), muy decidido, con un ego… ¡Yo también tengo el mío, eh! Un tío con mucha ‘caña’, con un carácter muy difícil, ¡eh!, muy difícil… De buen rollo muy buen rollo pero muy difícil de carácter…

 

Yo creo que entre nosotros había como una complementariedad a la hora de hacer, yo era más de hacer las ‘músicas’ y él más de las ‘letras’, por decírtelo de forma rápida y simple. No es que él no pudiera hacer o que yo no pudiera hacer lo otro, pero la cosa iba un poco por ahí… Entonces lo que sí que te diré es que yo en esos años perdí el norte cuando vi una guitarra. No hacía otra cosa que tocar la guitarra —yo aprendí en tres años lo que otro aprendía en seis— y claro, instrumentalmente yo era —no te lo tomes como una chulería pero es la verdad— mucho más completo que él, esto también hay que decirlo. Digamos que la vertiente musical se acercaba más a mí y la vertiente más literaria y melódica se acercaba más a él. Entonces de esa mezcla salía algo bastante sólido, ¿sabes? Y a la gente le gustaba… (Lo dice con un punto de asombro). "¡Bueno! Esto no es ‘lo de siempre’"… En fin, yo me imagino que la cosa iba un poco por ahí…

 

¿Y cómo finalmente se llega al ‘country-rock’ y a Slo-Blo (1970-74)?

 

Por esa época conocimos a mucha gente, coincidimos con muchos músicos, pero lo más importante es que conocimos a Xavier Batllés a través de un anuncio que pusimos en Pianos Izabal, aquí en la Rambla. Esta tienda aún existe, ahora se llama Tokomusic… Pusimos un anuncio porque buscábamos gente para formar una banda: un bajista, un mandolinista, algo más de country… Y nos llamó Xavier Batllés. Batllés es graciense (del barrio de Gràcia) como yo, el Gato no, era más de Les Corts. Y a partir de entonces empezamos a hacer pequeños ensayos en casa del Xavi (Batllés). En casa de Xavier Batllés venía un mogollón de gente, allí entraba todo el mundo, de cualquier estilo. Era una maravilla. De ahí surgió Slo-Blo y empezamos a tocar en un pub que se llamaba Red Lyon que aún existe, lo sé porque fui hace unos meses con unos amigos.

 

Por lo que se refiere al nombre, Slo-blo es… cuando tú coges un amplificador Fender Twin Reverb, en la parte trasera había unas conexiones: las salidas de los altavoces y había una conexión de Jack que ponía S-L-O-B-L-O. ¡No sabíamos qué era! "¿Y esto para qué sirve?" Y nadie lo sabía. Y cómo estábamos tan mosqueados con el tema, pues lo usamos como nombre del grupo. Si cuela cuela, y coló… Finalmente me parece que esto de Slo-Blo es un fusible (Y sonríe). Slo-blo se refiere a cuando el altavoz tiene poca pegada. Y bueno, con Slo-Blo tuvimos como cinco o seis formaciones.

 

En este edificio de la calle Manresa 2-4 de Barcelona, Rafa y Xavier Patricio crearon y ensayaron mucha de su música, muy a pesar de sus vecinos. © Manel Gausachs
En este edificio de la calle Manresa 2-4 de Barcelona, Rafa y Xavier Patricio crearon y ensayaron mucha de su música, muy a pesar de sus vecinos.
© Manel Gausachs

 

Y con Slo-Blo tuvisteis el honor de inaugurar en 1973 una sala emblemática y que fue tan importante en Barcelona, la sala Zeleste…

 

En aquel entonces vivíamos aquí mismo, en la calle Manresa 2-4, y un día bajé a comprar el pan al mediodía y vi que aquí (en la calle Argenteria, Platería en aquel entonces) habían estado haciendo obras en un edificio que tenía un par de cortinas rojas muy bonitas. Abrí esas cortinas y me encontré con una sala iluminada con lámparas pequeñas y una atmósfera muy atrayente. "¡Hala! ¿Qué es esto?". Lo que más me sorprendió es que había un escenario. ¡En esa época estábamos todos locos por tocar en cualquier lugar! Así que me metí hacia dentro y me di con un pequeño despacho en el que estaba Víctor Jou (fundador y director de la sala) y le digo: "Oye, mira, que somos de aquí del barrio, que tocamos música y tal y cual… A ver si pudiéramos actuar aquí…". Y salí de ahí ya con una actuación, con un bolo que resultó ser el inaugural.

 

Visto con distancia sorprende mucho que Xavier pudiera hacer Country-Rock… Imagino que fue producto de la época, ¿no?

 

Sí, sí… toda la onda de canción country-Dylan-‘californiana’… Ha pasado a la ‘historia’ que Slo-Blo sólo era Country pero no te pienses… Luego escuchamos a Stevie Wonder y nos quedamos ‘clavados’ con un par de discos buenísimos que sacó por aquella época, dos discos de los que ahora todas sus canciones son ‘estándares’. Hay que pensar que por aquel entonces aquí los discos llegaban tarde y cuando escuchamos, por ejemplo, a JJ Cale, que nos gustaba muchísimo porque es un tío que tenía esa capacidad de hacer canciones como si fueran pequeñas joyas, con una contención emocional muy bonita y muy sentida, pues alucinábamos.

 

Así que sí que es verdad que fue un grupo de Country-rock pero no sólo de eso, ¡eh! En esa época escuchamos un montón de música que no te lo puedes ni imaginar. Escuchábamos de todo: brasileño, jazz, experimental… El jazz que podíamos entender por aquel entonces…

 

¿Quién cantaba en Slo-Blo?

 

Todos, pero Xavier era quien cantaba más como voz solista. Eran temas versionados, con diferentes arreglos o no, y temas propios. Las versiones eran de JJ Cale o de los Crosby. De Crosby, Stills & Nash hicimos alguna cosa adaptación. Pero tocamos muchos ‘palos’ en el repertorio, porque hubo hasta seis formaciones distintas de Slo-Blo.

 

Cuando hablas de adaptaciones ¿quieres decir que también las traducíais?

 

No, las que eran en inglés las cantábamos en inglés. Porque él (Gato) hablaba muy bien el inglés porque estudió en un ‘college’ o no sé qué… Lo hablaba muy bien y por lo tanto lo cantaba muy bien y lo entendía muy bien.

 

Se sabe que Xavier se pasó un año en Londres y que intentó colocarse musicalmente allí…

 

Bueno, yo creo que su interés era trabajar en una discográfica porque a él le atraía mucho el mundo de la Música y le gustaba mucho saber, categorizar. Ponerle nombre a una cosa era algo que le gustaba mucho. Son famosas las listas que hacía. Una vez su madre me mostró en casa en una libreta de cuando era pequeño y empezaba a estudiar inglés, donde había escrito ‘One Cat’, ‘Two Cats’ y así una lista enorme de las cosas más variopintas… No sé si lo sabes pero apretaba muchísimo el bolígrafo cuando escribía, o sea que cuando mirabas un folio el reverso estaba casi troquelado.

 

Por ejemplo, ¿tú has leído que compraba siempre el "The New Musical Express"? Cuando lo conocí cada semana iba al quiosco y lo compraba para ver cómo estaba el panorama inglés, que por aquel entonces era más potente que el norteamericano. ¡Estaba al día de todo, el tío! De hecho era él quien nos daba información de lo que estaba pasando en el Reino Unido porque nosotros no teníamos ni idea. A través de él conocimos a mucha gente del momento muy importante: Spencer Davies Group, los Hollies, por supuesto los Beatles, los Rolling (Stones), yo que sé… toda esa hornada de músicos ingleses nosotros los conocimos muy pronto gracias a él. O sea que yo creo que estando en Londres le interesó todo esto porque el tema este de ver lo que pasa musicalmente y entenderlo siempre le había interesado mucho.

 

¿Su viaje a Londres lo recuerdas?

 

Sí, sí que lo recuerdo pero no sé detalles… Sé que trabajó para un Lord de la Cámara de los Lores o un Sir, o algo así, como mozo de la casa o camarero… "Hazme una tortilla", cosas de estas… (Y nos reímos).

 

Este dato no lo sabía, es gracioso…

 

Sí, sí y se burlaba mucho de él… Porque claro, él escribía su nombre con ‘x’ de ‘Xavier’, y a veces imitaba al Lord o al Sir este pronunciando su nombre a la inglesa… Y nos reíamos mucho porque lo imitaba muy bien. Estuvo allí un tiempo pero realmente de esa época sé poco…

 

Por lo que he leído en ese viaje presentó maquetas e intentó grabar repertorio en inglés…

 

Que yo sepa esto no es cierto. No es verdad de la manera que me lo cuentas. Si lo hizo en aquel entonces yo no lo sé, pero lo que sí sé es que cuando abrimos Zeleste (en 1973), del repertorio que teníamos, que supongo que de Slo-Blo, enviamos una maqueta a Elton John.

 

Elton John por aquel entonces había abierto un sello discográfico que se llamaba Rocket Records, ¿sabes? Y dijo públicamente que la gente que tuviera cosas interesantes se las mandara y que él las escucharía. Hizo una llamada a nivel internacional. Entonces nosotros dijimos: "Ah, pues vale", y cogimos y le mandamos una maqueta. Esto sí que es verdad. ¡Y contestó! Elton John contestó y nos dijo —en una carta muy amable y con mucho cariño hacía un grupo que empezaba, como éramos nosotros en aquel entonces— que en aquel momento no éramos lo que a ellos les interesaba más pero que cuidado, que siguiéramos porque veía que había ‘madera’ y que no lo dejáramos…

 

¿Me estás hablando de una carta de respuesta de Elton John firmado por él?

 

¡Que yo recuerde sí!

 

¿Porque tú la leíste?

 

Sí, por supuesto… Igual la tiene la Jessi (la hija mayor de Xavier) o la tiene la Helena (su primera esposa) o no sé, pero yo esa carta la leí, ¡por supuesto!.

 

Rafa Zaragoza observando atentamente las fotos que, su excompañero de pupitre y de andanadas musicales, Enric Pareto ha recogido en su libro 'Història d'una música (1968-1981)'. © Manel Gausachs
Rafa Zaragoza observando atentamente las fotos que, su excompañero de pupitre y de andanadas musicales, Enric Pareto ha recogido en su libro "Història d'una música (1968-1981)".
© Manel Gausachs

 

Vamos a Secta Sònica (1976-1978). Según tengo entendido la idea de hacer un grupo con tres guitarristas (Rafa Zaragoza, Víctor Cortina y Jordi Bonell) fue una idea de Xavier.

 

Sí, surgió de él… Sí, sí… Bueno y también de la relación que teníamos con Víctor Cortina, que era un colega muy próximo. Víctor tocaba la guitarra muy bien, nos gustaba y era una ‘fuente’ porque tenía una cantidad de discos brutal, y esto era un tesoro. Y por otro lado Xavier conoció, de una manera que nunca he conseguido saber cómo, a Jordi Bonell, que era un jovencito que tocaba de maravilla. ¡Me parece que aún llevaba pantalones cortos! No sé si tenía 17 años… Y Xavier dijo: "Ostras, pero si sois tres estilos diferentes de tocar la guitarra, ¿Por qué no intentamos algo?" Y realmente hizo un ‘bingo’.

 

¿Su idea era de hacer un supergrupo de esos que estaban tanto en boga a principios de los setenta?

 

La cosa no era hacer una superbanda de ‘rock progresivo’. No, la idea era intentar hacer de la guitarra un instrumento más orquestal y no tan solista. Es decir, si se tenía que una canción, un tema —‘temas’ como decíamos nosotros—, si tienes tres guitarras bien puedes repartir tres voces, una para cada guitarra, ¿no? O acordes o lo que sea… ¿Por qué la melodía tiene que tener una voz si puede tener dos o tres? Entonces, bajo este esquema nació el proyecto, componer material propio y luego, en la medida de lo posible, sacarle todo el jugo posible a la cosa…

 

Era una reivindicación de la guitarra porque había la figura de la guitarra solista, bluesera y rockera para deslumbrar al público, pero había más guitarra al lado… Nosotros pensamos: "Vale, solos rockeros todos los que quieras, ¿pero y esto?".

 

Era un grupo muy compensado. De los tres guitarristas el que era más rítmico no era tan melódico, el que era más melódico no era tan harmónico, y el que no era tan harmónico sí que era más melódico… Se hizo como una mezcla única donde las carencias de cada músico se compensaban por otro lado. Tenía una química muy especial.

 

Me gustaría que nos definieras los dos discos que hicisteis con Secta Sònica. Vamos por el primero: "Fred Pedralbes" (Zeleste-Edigsa, 1976)

 

Los dos discos son discos muy diferentes. El primero, "Fred Pedralbes", es un trabajo de iniciación, que tiene cosas que, con la perspectiva del tiempo, ves que son ingenuas, y es bastante modular, pero si lo pones en el contexto de su tiempo no está nada mal. Es un disco que tiene tres o cuatro cosas que son muy chulas, que son inspiradas. Aquí no está solo gente que toca —sí, más o menos tocábamos— aquí hay gente que piensa —que es algo diferente—. Verás que tenía cosas que venían de algún puesto, porque teníamos nuestras influencias como todo el mundo las tiene, pero tenía detalles que no venían de ningún lugar, había ‘flashes’… ¿De dónde sale la idea de "La terra és plana" del Gato? ¿De dónde sale "Aquàries"? ¿De dónde sale "La Palmèria"? (Se refiere a tres temas del disco).

 

Hablando de "La Palmèria", seguramente el tema más recordado de Secta Sònica y que es tuyo… ¿Dónde radica la magia de este tema?

 

Yo creo que la magia de este tema está en ser joven y en ser muy plástico, y en entender muy fácilmente el contenido de lo que se propone. El tema es simple, es una rueda de acordes. No lo digo para presumir pero pienso que es bastante inspirado. Yo recuerdo que la melodía lo sacamos entre todos, pero sobre todo entre Jordi Bonell y yo. Jordi tuvo unos flashes de entender perfectamente esos toques de melancolía que tiene el tema. Esto no lo puedes escribir en la partitura en el momento de estructurar el tema, o lo pillas o no lo pillas. En ese tema se demuestra que el grupo tenía ‘química’.

 


"La Palmèria", las guitarras de Rafa Zaragoza y Jordi Bonell en perfecta comunión.

 

El segundo: "Astrofèria" (Zeleste-Edigsa, 1977)

 

Si tú escuchas los dos discos, primero uno, haces una pausa de 3 minutos y luego escuchas el segundo, la primera idea que te viene a la cabeza es que "Astrofèria" no es un segundo disco, vendría a ser un tercer o cuarto disco de la misma banda. Tampoco lo digo por chulería pero es que es la verdad, ves que es un disco mucho más elaborado, que hay un pianista, hay un percusionista… Ves que las ideas están mucho mejor instrumentadas, que hay formas diferentes de acercarse a los temas, en definitiva que no utiliza un lenguaje unidireccional. Muy a menudo cuando escuchas un disco de una banda tienes la sensación que todo es bastante similar, que todo tiene el mismo ‘color’: la primera, segunda, tercera canción… Pero sobretodo en este "Astrofèria" se ve que la forma de acercarse a cada tema es desde enfoques completamente diferentes. Es algo que no pasa a menudo, es por eso que tuve un disgusto de cojones cuando terminó Secta Sònica, porque yo sabía el potencial que tenía el grupo… Aquí una Rumba cojonuda, allá un funky… "¿Son la misma banda?" ¿Sabes qué te quiero decir? La Secta tenía un criterio muy abierto.

 

¿O sea que tenías la sensación que con este grupo lo podías abarcar toda la música que querías hacer?

 

Sí, bueno… A ver, mi impresión cuando terminó la Secta es que si todo eso había pasado en dos años (1976-1978), imagínate lo que podría haber pasado en cinco con los mismos músicos… Realmente la evolución del grupo fue muy grande. No sé, a veces pienso que quiero demasiado a la ‘criatura’ pero es que creo que es verdad lo que digo. Me tocó mucho las narices el fin del grupo. De alguna manera me hundió un poco porque tenía muchas ilusiones puestas en una banda que yo consideraba irrenunciable. En esos momentos cualquier cosa estaba por detrás Secta Sònica: familia, amigos, lo que fuera… Todo el día estaba pensando en el grupo y en currar y currar…

 

¿Quedó material por publicar?

 

Quedó por publicar unos cuatro o cincos temas que ya teníamos apuntalados y que incluso tocamos alguna vez en los directos.

 

Zarita observando una divertida instantánea de Enric Pareto de la época de Secta Sònica. Rafa y Xavier, Xavier y Rafa, en éxtasis creativo en los antiguos estudios Gema de Barcelona. © Manel Gausachs
Zarita observando una divertida instantánea de Enric Pareto de la época de Secta Sònica. Rafa y Xavier, Xavier y Rafa, en éxtasis creativo en los antiguos estudios Gema de Barcelona.
© Manel Gausachs

 

En este segundo disco, "Astrofèria" (Zeleste-Edigsa, 1977), es cuando vuestra música se aproximó más a ritmos y sonidos ‘latinos’, que digamos. En cierta forma, diría, preanunció en algo el camino que tomaría Xavier más tarde, muy pronto, bajo el nombre de Gato Pérez.

 

Sí, es verdad… Mira te diré una cosa que decía el pobre Joan Saura (1954-2012)… El (Joan) Saura se fue a la ‘mili’ (servicio militar obligatorio) y cuando se fue aquí se hacían muchas cosas distintas y cuando volvió dijo: "No sé lo que ha pasado, pero en un año todo el mundo se ha pasado a tocar ‘Salsa’". ¡Y tenía razón! Hubo como una gran oleada de música caribeña, muy puertorriqueña, muy la Fania All-Stars, ¿sabes?

 

¿Cómo se titulaba el primer disco de la Orquestra Mirasol? Pues "Salsa catalana" (Zeleste-Edigsa, 1974), un disco cojonudo, pero mira cómo sale la palabra… Para mí Xavier Batllés, Víctor Amann (1949-2013) y Pedrito Díaz (1913-1984) —toda esta gente que eran músicos muy formados y muy maduros— fueron los primeros que impulsaron esta cosa de: "¡Cuidado! Muy bien lo que estamos haciendo aquí, ¿pero habéis escuchado la rítmica de allá? ¡Mirad qué maravilla!". Y de alguna manera todo el mundo se fue apuntando a esto…

 

Bueno… supongo que todo esto también enlaza un poco con la música latina que escuchaban nuestros padres y nuestros abuelos, ¿no?

 

Hombre… a ver… En este punto discrepo mucho con lo que decía el Gato. Fíjate en qué cosa más curiosa: Gato habiendo sido una persona muy anglófila —que lo fue, que fue un gran lector del "The New Musical Express"— llega un momento en el que reniega del Rock porque dice que nunca se podrá hacer Rock en este país. Que esto es forastero, foráneo y no sé qué más… Y yo digo —y eso nunca se lo he dicho a nadie y lo diré porque lo pienso interiormente— la Rumba de aquí es voz, guitarra, palmas y bongó. No hay un piano haciendo un ‘tumbao’, no hay una percusión caribeña… Ahora bien, otra cosa es que estos ritmos sean afines y que tú puedas coger una rumbita de Gràcia y le metas un piano ‘tumbando’, un bajo cojonudo y cinco percusiones y la baile la plaza entera, ¡¡claro que sí! ¿Qué te quiero decir con todo esto? Que el Gato renegó del Rock como una influencia, defendiendo la pureza de la Rumba de aquí, pero no renegó de toda la influencia caribeña que se importó por aquellos años… O sea, ¿defines un estilo sí o no?, ¿lo defiendes sí o no? ¿Las influencias de fuera son buenas o malas? ¿Si son malas lo son todas o solo unas?... ¡Hóstia!...

 

Yo diría que lo que intentaba es crear un nuevo discurso latino…

 

Sí, sí, es un discurso latino pero que para mí no es ‘verdad’. O sea, la Fania (All Stars) es foránea, la Fania entró después de que el Gato empezara…

 

A ver, el Gato lo que hizo es una fusión entre lo que sería la Rumba Catalana de los gitanos de Gràcia, de Sants, y de todas partes —que es un formato muy crudo— con la influencia de toda la parte caribeña y neoyorquina de la Salsa…

 

Mi razonamiento es que en algún punto al Gato le ‘petó’ alguna cosa porque él era ‘anglófilo’, él era defensor del Rock, y de golpe se va a la ‘pureza’ de la Rumba Catalana —que me parece muy bien— pero no reconoce que también hay una influencia foránea que es la Salsa. La Salsa no es de aquí, otra cosa es que la hagamos nuestra… Si me va bien y me conviene pues de maravilla, ¿pero reniegas de una cosa y no de la otra? No entendí esto.

 

De acuerdo, entiendo, cuestionas que crees que fue discrecional en cuanto en separar lo, digamos, ‘anglosajón’ de lo ‘latino’.

 

Si te digo la verdad, establecer esta frontera me parece una cosa muy peligrosa… Es muy delicado, porque cuando tu escuchas algunas canciones de Gato Pérez del momento en que son claramente ‘salseras’, las oyes y te dices: "Esto es Fania, esto es Nueva York". ¿Renegamos o no renegamos? ¿Aceptamos las influencias o no? Ahora bien, yo como nunca he sido amigo de hacer estas distinciones…

 

A ver… de todas maneras, yo tengo un fragmento de una entrevista que le hizo Ràdio 4 donde decía que su música tenía el espíritu del rock'n'roll, pero que en vez de utilizar los doce compases del blues usaba los patrones de la música latina.

 

¡Pero depende del día que tuviera! Dependía… El otro día vi un vídeo donde el Gato decía: "Aquí nunca se podrá hacer Rock, esto no es América", "Hostia, tío, tampoco te pases…". ¿Tú realmente piensas que hoy en día uno no puede hacer Rock en la China? En el año 50 podía parecer lícito decir que en Andorra, Polonia o España nadie podía tocar Rock. ¿Pero en el siglo XXI? Cómprate un Marshall, estudia la guitarra y verás si es bueno, andorrano, chino o polaco. Ya lo verás...

 

Yo creo que había que interpretarlo más en el sentido de que había que crear un discurso propio a partir de nuestra tradición literaria y cultural y no intentar ir a remolque de una cultura que no es la nuestra por mucho que nos seduzca y de la cual hayamos aprendido cosas. Y, en definitiva, que resultaba ridículo escribir y cantar en inglés…

 

Sí, sí, eso sí… Pero que conste que ese argumento se volvía contra él, porque él lo había hecho. Es por eso que hablar de música del Gato —que está muy bien y todo lo que quieras— pero en realidad el Gato son las ideas y cómo las expresó, es lo que escribió y cómo lo hizo…

 

Pasará mucho tiempo hasta que surja persona que lo pueda igualar. Explica que tres tíos que están en un bar tomando un cubata, o lo que sea, y que son colegas y que se han reencontrado… ¡Explícalo! "Ebrios de soledad", explícalo, lee ese poema (Y lo dice dando golpecitos en la mesa). Coge un lápiz y ahora hazlo tú. Es muy difícil, muy difícil, sin caer en lo ‘lacrimógeno’ ni… Y el Gato tiene, no sé, dos docenas de canciones que dices: "¡Hostia! Joder…" (lo dice con un gesto de gran admiración). Todo el mundo puede transmitir cosas pero —no me gusta la palabra porque es pretenciosa— pero si existe el Arte está en el ‘cómo lo haces’… ¿Cómo la haces?... Tú puedes decir: "Estuve con tres colegas ayer haciendo unos cubatas y nos lo pasamos de puta madre…". Vale, muy bien, ¿pero cómo dices esto para que a mí me llegue a nivel 10 y no a nivel 2? Esto era el Gato… La curva del Murrot… Su gran mérito fue hacer Poesía de la vida cotidiana. En eso no hay nadie que gane al Gato.

 

Sobre su paso de lo, digamos, ‘anglosajón’ a lo ‘latino’, sobre este ‘click mental’, supongo que aún hay algún detalle por descubrir y que no sabemos…

 

Sí, lo que está claro es que a ‘toro pasado’ —que dicen— cada uno lleva las contradicciones de la vida como buenamente puede, y él tenía las suyas, yo tengo las mías y tú tienes las tuyas… No neguemos esto. A mí estas ‘purezas maravillosas’ no me han gustado nunca, que me definan las cosas en términos de esto es ‘lo bueno’ porque esto es ‘lo malo’ no me ha gustado nunca. Yo a este juego no he jugado nunca. Ni en música ni en ideas ni en nada, no creo en eso. La Música, las personas, las relaciones siempre todo lo que tienen de fantástico por un lado lo tienen de malo por el otro. ¿Me sigues? Esta es mi postura vital.

 

En resumen, lo que te estoy diciendo es que lo que tiene de bueno el Gato —que musicalmente era muy completo— de golpe se le vuelve en contra y lo tiene de malo. Me refiero a eso de renegar de sí mismo, de su pasado rockero. ¡Que estuvo muchos años comprando revistas inglesas! ¿Me sigues? Pero quédate con el fondo de esta reflexión y es que el Gato lo que ha dado está en fondo de lo que tenemos todos: en que somos personas, ¡tío!, somos personas… Cuando tú ves lo que dice el Gato eso es una pequeña pincelada de condición humana. ¡Eso es universal! ¡Eso sí que para mí no se puede tocar! ¡Eso no se toca! Tú eres persona antes que nada y yo también, ¿vale?, y en ese punto siempre no entenderemos siempre. Ese fue el tesoro del Gato, ver ese su ‘destello’ y describirlo magistralmente. "Ebrios de soledad"…

 

Por cierto, ¿participaste en algún disco de Gato Pérez?

 

A mí me llamó un par de veces. Uno vez que recuerde en su disco "Flaires de Barcelunya" (Aromas de Barceluña (Mezcla de las palabras ‘Barcelona’ y ‘Cataluña’)) (EMI, 1983)… Aquí me pidió que hiciera un solo de guitarra e hice alguna cosa más, pero fueron cosas puntuales.

 

Nosotros nos distanciamos mucho cuando terminó Secta Sònica, no una enemistad pero sí una distancia. Hubo ahí algo extraño, de distancia personal después de muchos años de amistad… No mal rollo pero si distancia. Y ya te digo, me llamó esa vez o me llamaba alguna vez para ir a cenar pero esa cosa más familiar y próxima se rompió.

 


"Rumba laietana", reencuentro puntual en 1983 entre Gato Pérez y la guitarra de Rafa Zaragoza.

 

¿Secta Sònica se rompió básicamente por vuestro distanciamiento?

 

Nooo… hubo ahí muchos factores diversos. A ver, él ya estaba casado, tenía casa, facturas, una hija, trabajo y en cambio nosotros (el resto del grupo) todavía estábamos viviendo en casa de los padres… Yo creo que esto influyó mucho. Después él también tenía un carácter muy fuerte y, a ver, egos siempre hay en los grupos, ¿no? Lo que puedo explicarte es que estábamos ensayando un día y había una pequeña cosa de un tema y Jordi (Bonell) y yo dijimos: "Esto lo enfocamos hacia aquí" y él dijo: "No, lo enfocamos hacia allá"… Entonces Jordi y yo decidimos ‘tirarlo’ hacia nuestra dirección y él —simplemente— tomó su bajo, lo desenchufó y se fue como si lo hubiéramos ofendido. Hizo esto y se acabó… Después nosotros seguimos un poco más, cogimos a otro bajista, luego el Jordi (Bonell) se fue a Música Urbana y entonces yo ya dije: "No, yo ya no quiero seguir". El grupo podría haber seguido pero no quise…

 

A ver, los grupos también se desgastan, hay ‘tectónica de placas’, ¿no? Yo me pregunto si estaba casado, tenía un trabajo, tenía una hija, facturas y tenía que ensayar, el grupo representaba una tensión extra, siendo nervioso como lo era… Y además querer liderar —porque él era un líder nato— una banda de la que no podía ser líder porque le era materialmente imposible.

 

Yo por aquel entonces estaba forzando para ensayar cada día y si no podía ser pues cada tres… Supongo que fue la suma de todos estos factores.

 

De las canciones que hiciste con él en Secta Sònica ¿hay alguna de la cual estés especialmente contento?

 

Hay un par de rumbas… (Y hace una pausa) Hay una que se llama Al Bar Petxina la basca cuïna un ritme que és cosa fina que —¡por lo que tiene de premonitorio!— la escogería porque creo que es definitoria de la función guitarrística, rítmica y medio latina que tomó el grupo, sobre todo, en su último tramo creativo. Me parece un tema muy definitorio del grupo, de su manera de hacer, digamos que de la filosofía del grupo.

 


"Al bar Petxina la basca cuïna un ritme que és cosa fina", la Rumba asomando la cabeza en el discurso guitarrero de la Secta Sònica.

 

Evidentemente el título del tema hace referencia al bar Petxina donde Xavier conoció a la Rumba que hacían los gitanos de Gràcia…

 

Sí… Mira él vino un día y nos dijo que había quedado chocado porque había visto unos gitanos en un bar tocando ‘de muerte’. A Xavier le cogían unos ‘electro-encefalogramos’ de aquellos que ¡uala! Que el tío se subía hasta (las nubes)… Cuando le cogían impactaba mucho porque era una persona con un carácter muy difícil pero un tío muy inteligente y muy sensible también. Y vino y nos dijo: "¡Hostia tío, lo que he visto…! He visto unos gitanitos cojonudos que hacen Rumba". Y empezó a decir que él quería hacer rumbas, rumbas y rumbas… ¡Pero es que a mí también me había dicho, no hacía ni dos años, que se había quedado ‘colgado’ por los boleros! "Que los boleros son la hostia...!". O sea que cuando le cogía por algo se metía a fondo, y es aquí donde está la gracia del asunto, que una persona que no era rumbera en el año 78, en el año 80 ya era un rumbero de tres pares… Pero yo en un primer momento pensé: "¡Este tío se pegará una ‘nata’! Ahora se ha metido a rumbero y no tiene nada de rumbero, es argentino y ha sido un rockero y ¿ahora de golpe quiere ser rumbero? Se pegará una ‘nata’ y se estrellará". ¡Y me equivoqué! ¡Lo hizo! Así era Xavier… Si se creía algo… ¡tiembla!

 

El distanciamiento artístico que se produjo con Xavier en 1978 lo recuperasteis en algún momento

 

No, mira… La verdad es que sí un poco porque, por ejemplo, yo estuve trabajando en los estudios de Sant Cugat de Televisión Española. Trabajaba en programas de estos de la tarde donde cabe de todo y vienen a actuar grupos en directo o se tenía que ir a los locales a grabar a los grupitos que despuntaban y digamos que yo era el encargado de escoger a quién se grababa. Y alguna vez, dos o tres veces, lo había convocado a él y habíamos quedado para vernos un rato. "¡Ey, llamemos al Gato que tiene disco nuevo! ¡Ah, estupendo, que venga! ¡Que viene el Gato, qué guay!". Esto sí pero entonces teníamos una relación un poco más distante. Después me supo mal porque no seguí de cerca la carrera de Gato Pérez. Lo que se escuchaba por la radio sí, pero no seguí los discos... Hace dos años escuché una canción de la que no tenía ni idea que se titula "Quise ser tu amigo". Es interesante fijarse en ella para que veas lo que te he dicho antes sobre las dos caras que todos tenemos. Habla de cosas bonitas y de otras que no lo son. La grandeza precisamente de sus canciones está en eso, en que no se cortaba ni un pelo, en que mostraba las contradicciones que todos tenemos… Es una canción más bien triste, porque habla de la ruptura de las amistades, pero de buen rollo. La vida es lo que es, nadie dijo que fuera fácil, ¿no? ¿Sí o no? (Y sonríe mirando al entrevistador). Pues ahí estaba el Gato, era valiente y lo decía.

 


“Quise ser tu amigo”, una gran canción de Gato Pérez que grabó y publicó dos veces. Aquí podemos escucharla en su mejor versión, la de su disco póstumo “Fenicia” (Guapa, 1990).










 
  

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