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Última parte de la entrevista efectuada por Mario Céspedes el 5 de enero de 1960 para Radio Universidad de Concepción en el Hotel Bío Bío de Concepción.

Aparece en la discografía de

Entrevista de Mario Céspedes a Violeta Parra, 5.ª parte: Fragmento de «El gavilán» y lectura de «Cantos folklóricos chilenos»


Fragmento de «El gavilán»:

Mi vida, yo te qui…
yo te quise, veleidoso,
mi vida, yo te qui…
yo te quise, veleidoso,
mi vida, creyéndo…
creyéndote, lisonjero,
mi vida, creyéndo…
creyéndote, lisonjero.
Mi vida, se me par…
se me parte el corazón,
mi vida del verte…
del verte tan embustero.
Mi vida yo te qui…
yo te quise, yo te quise,
sí, ay ay ay,
sí, ay ay ay.

Mi vida, mi vida, yo te quise,
mi vida, mi vida, yo te quise,
veleido… veleido… veleidoso,
veleido… veleido… veleidoso.
Mi vida, mi vida,
mi vida, mi vida,
yo te quise,
veleido… veleido… veleidoso,
veleido… veleido… veleidoso,
veleidoso…
yo te qui… yo te qui… yo te qui…
yo te qui… yo te qui… yo te qui…
yo te quise.

Te la llevarís, te la llevarís, mentiroso.
Te la llevarís, te la llevarís, mentiroso.
Te la llevarís, te la llevarís, tragedioso.
Te la llevarís, te la llevarís, veleidoso.
Prenda del alma, sí, ay ay ay,
prenda del alma, sí, ay ay ay.

Te la llevarís, te la llevarís, mentiroso.
Te la llevarís, te la llevarís, fantasioso.
Te la llevarís, te la llevarís, peligroso.
Te la llevarís, te la llevarís, mentiroso.
Prenda del alma, sí, ay ay ay,
prenda del alma, sí, ay ay ay.

Tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti, mentiroso.
Tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti, mentiroso.
Tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti…
Tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti,
tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti, mentiroso,
menti… menti… menti… mentiroso.

Mi vida, yo te qui…
yo te quise, veleidoso,
mi vida, creyéndo…
creyéndote, lisonjero.

Mi vida, mi vida, yo te quise,
mi vida, mi vida, yo te quise,
veleido… veleido… veleidoso,
veleido… veleido… veleidoso.
Mi vida, mi vida,
yo te qui… yo te qui… yo te qui…
yo te qui… yo te quise.

Tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti, mentiroso.
Tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti, mentiroso.
Tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti…
Tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti,
tiqui-tiqui-ti, tiqui-tiqui-ti, mentiroso,
menti… menti… menti… mentiroso.

Mario: Muy bien, Violeta. En una primicia para Radio Universidad de Concepción, Violeta Parra interpretó una… un fragmento del ballet «El gaviláN», que en estos instantes ella está escribiendo, y que está fundamentado en elementos del folklore y de las costumbres de Chile, tanto en su texto literario como en su parte musical.
Violeta: Tendría que agregar que ya los bailarines de Santiago están interesa’os y muy entusiasma’os. He conversado con Jaime Jory que hizo «El lobo», y está sumamente interesado, y con Somoza. Porque el interés mío es que la gente joven haga estas cosas; o tengo ningún interés en que las personas que han estado trabajando mucho tiempo en cosas prácticamente anti-chilenas las hagan. En cambio, estos muchachos jóvenes con energía y con… y con inquietudes y con un sentimiento más chileno y con deseos de hacer algo nacional, esas son las personas que a mí realmente me interesan, y ya están entusiasmados. Incluso tengo… el ballet ya está montado en chiquitito. La Adela Gallo, una muchacha, una mujer muy inteligente de Santiago, hizo en pequeñito los personajes, en… con cuerpo de alambre y con vestuario de papel. Y quedaron bien bonitos.
Mario: Violeta nos ha dado a conocer, en esta conversación, todas sus actuaciones recientes y todo lo que está creando para este folklore chileno que ella tanto ama y al cual se ha dedicado íntegramente. Ella ha venido a Concepción, como lo decíamos al principio, para participar en la Sexta Escuela Internacional de Verano, en el ciclo «Claves para el Conocimiento del Hombre Chileno». Violeta, yo quisiera que usted se refiriera brevemente a su participación en este ciclo.
Violeta: Para mí es un gran honor participar en este Ciclo tan importante. Yo venía muy asustada porque, tú sabes, Mario, yo no soy oradora, no fui a la escuela. Es tan poco lo que sé como para estar integrando este grupo tan valioso de las claves para el conocimiento del hombre de Chile. Sin embargo, me puse a trabajar de cabeza una semana y me ha salido el primer trabajo en… de este… de esta forma. Es… yo tomé los cantores populares para darles a conocer su alma, su pensamiento, tal como los he conocido, tal como los he oído hablar. Pero, relatar esto para mí era un problema, era un rompecabezas, porque yo no soy escritora. Sin embargo, como estoy tan segura de lo que… de lo que he aprendido de ellos, ahí me puse con el lapicito y el papelito y salió. Yo voy a leerte brevemente el encabezamiento para que así la gente se forme una idea de este, mi primer trabajo, en este ciclo para el conocimiento de Chile. «Cantores a lo divino y a lo humano», Nicanor también le puso otro título a este trabajo, que sería «Los maestros cantores de Puente Alto»:

«En mis andanzas en busca de la canción chilena, he conocido los más variados tipos de cantores populares. Empecemos por el norte. El antiguo pueblito de Salamanca está ubicado justamente a noventa kilómetros de Los Vilos hacia la Cordillera. Me habían dicho que la Semana Santa era cosa interesante allí. Efectivamente, los salamanquinos celebran esta fiesta religiosa tal como se celebraba sesenta o setenta años atrás, con Judas quemado en la calle, con encapuchados, con procesiones de niños disfrazados, con cantos, ferias al aire libre, charlatanes y cantores callejeros». Este sería el tono de la relatora, Mario, en este… en esta charla.
Mario: ¿Y la relatora…?
Violeta: Pero enseguida yo te pongo a hablar a los cantores.
Mario: Sí, ah, ya ya.
Violeta: Vamos a pasar directamente a un cantor:
«–Yo me llamo Alberto Cruz. Tengo treinta y cinco años, trabajo en peluquería y mi padre cantaba trescientos sesenta versos.
–Y usted, ¿canta esos… trescientos sesenta versos?
–No señora. Cantoro co… cantores es como mi paire ya no van quedando. Yo lo acompañaba a cantar, pero después, con la muerte de él y con la música moderna, la gente se dejó de cantar a lo divino.
–Supongo que usted no habrá hecho lo mismo, Alberto…
–Sí, señora, también me dejé de cantar. Pero eso duró hasta un día que fui a Los Vilos. En una cantina la radio estaba cantando un verso por el fin del mundo. Entonces, dije yo: ”¡pero si ese verso lo cantaba mi paire!”. Y corrí para la casa a dar la noticia: ”¡en la radio están cantando a lo divino!”, les dije a todos. Desde entonces que les estamos cantando a los angelitos otra vez.
–¿Qué clase de versos cantan por aquí?, le pregunté, feliz de que la máq… la cinta magnética se estuviera tragando todas esas declaraciones de Alberto Cruz de Salamanca.
–Al tiro le voy a decir una cuarteta por padecimiento:

”Dónde habrá flor más hermosa
que la flor de la pasión,
porque tiene los tres clavos
y corona del Señor”.»

Entonces, con este hombre sigo hablando unos veinte minutos más y después paso yo al… a Juan de Dios Leiva. Aunque me gustaría más darte a conocer a don Antonio Suárez, pero… te voy a mostrar unas líneas de Juan de Dios Leiva:

«’On Leiva, ochenta y cinco años, chacarero, cantor y tocador de la Comuna de Las Barrancas, Santiago, es un anciano delgadísimo, erguido y huraño (no quiere hablar con nadie). Cuando le pedí que me enseñara sus cantos, me respondió:
– Yo juré no volver a cantar más en mi vi’a porque Dios me llevó a mi nietecita regalona, y la noche terrible que tuve que cantar pa’ ella la tengo anudá en el pecho y la garganta.
’On Leiva rompió su juramento cuando le dije que la Patria necesitaba sus cantos:
–Por usté’ lo voy a hacer, Violetita, que es la única que transmite a lo pueta.
Tomó la guitarra, la afinó y tocó los primeros acordes del acompañamiento del canto a lo divino a la modalidad de los cantores de Barrancas. Don Juan de Dios no pudo cantar. Era verdad que tenía por su nieta un nudo en la garganta. Como en un gemido le salieron las primeras palabras:

”Ángel glorioso y bendito,
que estás senta’o en lo alto,
gloria al Paire, gloria al Hijo
gloria al Espíritu Santo”».

Me están dando ganas de llorar a mí.
Mario: Qué bello…
Violeta: Aquí viene algo muy gracioso, que tengo interés en que lo conozcan:
«Estábamos en el fundo Tocornal con Nicanor…» Siempre mi hermano me acompaña en estos viajes que no… que no significan mucha distanica, mucho… bueno. Don Antonio Suárez:
«”Cualquiera canta en una mata de hojas”, le respondió don Antonio Suárez a mi hermano cuando este le preguntó qué le parecía el canto de la Violeta Parra. ”Cualquiera canta en una mata de hojas”.
Era la primera vez que visitábamos al cantor en el fundo Tocornal. Don Antonio era gran conversador, inteligente y se escabullía cuando tratábamos de darle a conocer el objeto de nuestra visita. Si no hubiera sido por los díceres con que naturalmente adornaba su conversación, nos hubiéramos venido con las manos vacías.
Anoté en mi cuaderno, mientras él hablaba de su vida campesina, los díceres que pude, y menciono:

”El burlesco no vale na’”.
”Del formal se espera mucho”.
”La plata se gana al sol y se consume a la sombra”.

Al ofrecernos un vaso de vino durante el almuerzo, dijo:

”Al medio de la sopa viene una copa”.

Más tarde, le oí decir:

”Cuando el cristiano quiere quemarse, el diablo junta la leña”.

Más tarde, refiriéndose a los patrones, dijo:

”Los gentiles no pueden quejarse de mí”.

Al despedirnos, le agradecimos la botella de miel y el canasto con frutas que nos obsequiaba. Él contestó:

”El mezquino come solo
hasta saciar su barriga.
Después traga la saliva,
lo mesmo que el Colo-Colo”», etcétera.

Mario: Jeje.
Violeta: Todo el material que yo he oído de ellos, oye, lo he puesto en esta pequeña charla, eh… tratando de darle un… un… una visión lo más clara posible, lo más sencilla, del alma y del pensamiento de nuestros cantores auténticos.
Mario: Magnífico. En esto só… no está solo el amor a lo divino sino también el amor a lo humano…
Violeta: También está… sí… sí… claro… sí…
Mario: …y, a juzgar por la picardía, no cierto, que trascienden algunas de las expresiones literarias, sobre todo este último, que salpicaba su conversación con dicharachos y frases que venían quizás de cuántos años. Violeta, ha sido interesantísima para nosotros esta conversación primigenia y al mismo tiempo exclusiva, frente al micrófono de Radio Universidad de Concepción. Pero yo estaba pensando en algo:
Violeta: A ver, dime.
Mario: A través de su larga actuación en el folklore y sobre todo como intérprete de este folklore chileno: ¿Cuáles son las composiciones que usted más quiere?
Violeta: ¿Las del folklore o las mías?
Mario: Del folklore.
Violeta: Ah, yo reconozco, amo y venero el canto a lo humano y el canto a lo divino, desde el punto de vista del texto literario y del punto de vista musical. Eh… basta con conocer un verso a lo divino para conocer el espíritu de… fino… fino, sabio y delicado del cantor chileno.
Mario: ¿Y hay algún verso a lo divino que recuerde usted con especial devoción y agrado?
Violeta: Si, yo te puedo hacer un… un recuerdo que también viene aquí en esta charla, del… de un cantor que me encontré cerca de Puente Alto, que es don Agustín Rebolle’o. Me dijo: «Violetita, yo no quiero ser el único que no le va a cantar». Porque él no era cantor, era pueta. Entonces, él estaba tan entusiasmado con… con la máquina grabadora y con la fiesta que teníamos, que hizo lo posible y cantó, pero cantó tan desafina’o, tan desafinado que daba una risa y una pena. Pero él quería cantarme. Más tarde, me dijo: «Violetita, voy a relatarle un… un verso». Dije yo: «Bueno, aquí se va a componer la cosa». Pero este hombre se arregló en su asiento, inclinó la cabeza y –totalmente por la nariz–, con una voz gangosa y gutural, que esta tarde voy a… a imitar, entregó el verso más querido que yo tengo para mí. Es por la Sagrada Escritura. Don Agustín Rebolledo dijo la décima más o menos de esta forma:

«De Genesís prencipiaron
el Antiguo Testamento;
profetas de tal talento
este prencipio tomaron.
Deleuteromio hallaron,
al que Josué da razón;
con Los Jueces hubo unión,
según dicen los romanos.
Hecho por setenta ancianos,
¡treinta y nueve libros son, Violetita!»

Mario: Jajaja…
Violeta: Esa fue la forma con que don Agustín Rebolledo colaboró conmigo, y me enseñó versos lindísimos, pues.










 
  

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