Fecha de fallecimiento:
20 de julio de 2020

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Escúchalo en Apple MusicNació en Mixcoac (México DF) en 1933.
Realizó estudios de Arquitectura en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y luego obtuvo una beca de especialización en el Instituto de Urbanismo de París, Francia.
Durante su estancia en la capital francesa cantó en cavas y viñedos de la región, donde conoció y entabló amistad (1965) con artistas sudamericanos, entre ellos la cantante chilena Isabel Parra, hija de la intérprete Violeta Parra, con quienes mantuvo larga amistas y complicidad musical.
De regreso a México, en 1966, junto con René Villanueva, Alejandro Ávila, Gerardo Tamez, Salvador El Negro Ojeda y María Elena Torres, entre otros, fundó el grupo Los Folkloristas, el cual se encuentra en funciones. Rubén Ortiz se mantuvo en la agrupación como intérprete y compositor hasta 1975.
Con Los Folkloristas, Rubén Ortiz se presentó en recintos de México, América Latina y Europa, llevando el folclor de los países de la región y acompañando las luchas democráticas de los jóvenes de diversas generaciones. Con ello entabló una amistad con artistas de todo el continente, como Ángel e Isabel Parra, Violeta Parra, Víctor Jara, Daniel Viglietti y Jorge Coulon, del grupo Inti Illimani, entre muchos otros.
En 1971 organizó la gira por México de Víctor Jara, presentándose en foros como la Casa del Lago de Chapultepec, el Auditorio de la Facultad de Medicina de la UNAM y la peña de Los Folkloristas, donde ya se habían presentado Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui y a la que asistían escritores como Juan Rulfo y José Revueltas.
En 1967 Los Folkloristas estrenaron la canción Zamba del Che, con música y letra de Rubén Ortiz.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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