MAURICIO REDOLÉS


Fecha de nacimiento:
06 de junio de 1953

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Un poeta-músico o un músico-poeta es Mauricio Redolés dentro del arte contemporáneo chileno, dependiendo de a quién se le pregunte o qué formato se privilegie en el análisis. Hay libros y discos en el trayecto profesional de este hombre que ha pasado gran parte de su vida en la misma casa del capitalino barrio Yungay, aunque también canciones que se cruzan con poemas (y al revés) y que quizás sea mejor no clasificar del todo. El propio Redolés se ha definido, sencillamente, como «un poeta que tiene una gran admiración por el rock», y desde esa cruza ha inscrito observaciones inolvidables y agudas sobre la cultura popular chilena.

Debut en la cárcel
El Golpe de Estado le significó a Redolés una marca radical en su vida y trabajo. Para el 11 de septiembre de 1973, el entonces militante comunista era un joven de 21 años que estudiaba Derecho en Valparaíso, y que mostraba desde la adolescencia un creciente interés por la narrativa. Con los militares vinieron casi dos años de prisión, tortura y un tétrico deambular entre celdas, barcos y campos de concentración; hasta que un decreto de exilio lo sacó del país en septiembre de 1975. Además del trauma físico y espiritual («salir de Chile fue salir del infierno», dijo años más tarde), la experiencia le despertó a Redolés una insospechada vocación por la poesía. Fue en prisión que escribió sus primeros poemas, a los que definiría luego como «un bálsamo y una catarsis». Y también entre detenidos fue que se animó a cantar por primera vez en público.

Sus años de exilio los pasó en Londres, en medio de todos los estímulos irrepetibles de la irrupción del punk, y en donde sacó un título de bachiller con mención en Sociología. Fue allí, en Europa, que Redolés publicó sus primeras obras; todas ellas autogestionadas. Además de diversos poemarios, en 1983 editó el casete Poesías y canciones. En su interés por la música interpretó un papel clave el antiguo bajista del grupo Congregación, a quien Redolés se encontró casualmente en Inglaterra: «Me hizo ver la música como algo que yo no había visto nunca. Mis encuentros con él eran verdaderas clases».

Pudo regresar a Chile recién en 1985, y no tardó demasiado en instalarse en la misma casa del barrio Yungay que había dejado atrás, armar una banda (Son Ellos Mismos) y componer suficientes canciones para acordar un contrato discográfico con Alerce. En el Chile bajo Pinochet, el casete Bello barrio dio inicio a una suerte de culto en torno a su nombre, con incontables seguidores que se fueron repartiendo las copias (oficiales o piratas) de un trabajo mucho más ácido que el que por entonces acogía el Canto Nuevo, pero, a la vez, demasiado «literario» para asociarlo a la emergente protesta punk.

En su carátula, Bello barrio se definía como un trabajo de «Poesía & Rock», e integraba entre sus títulos originales musicalizaciones para los poemas “Nada”, de Carlos Pezoa Veliz, y “Epitafio”, de Roque Dalton. Blues, folk y rock se mezclaban en un sonido que incluso desafiaba a la ortodoxia musical de izquierda («Ayer me dijo un camarada: Este blues no son tus raíces / Le dije: okey, comrade. It’s my heart, y no lo pises», son dos versos de “Blues de Santiago”) y que proponía provocativas interpretaciones para la explotación del cuerpo femenino (“Ciertos especta culos de Santiago de Chile”) y el recuerdo del propio torturador (“Triste funcionario judicial”). Lo mejor del trabajo es el poema “Bello barrio”, una suerte de “Imagine” del Tercer Mundo, en el que el autor sueña con un Santiago de mujeres bellas y «sinceridad de panadería», ajeno a la violencia y la discriminación, «en el que los cines dan las películas del Guatón Ruiz / y la música de Los Jaivas no ha sido destruida a hachazos».

¿Quién mató a Gaete?
También como cassette apareció en 1991 Química (de la lucha de clases) (que incluía la musicalización de un poema de Óscar Hahn), y en el que Redolés acuñaba la frase «Yo prefiero el caos, a esta sociedad tan charcha», coro final del tema que da nombre al disco. La ubicación masiva de Redolés, sin embargo, no se produjo sino hasta mediados de la década de los noventa —sin contar una polémica aparición en el programa “El desjueves”, en mayo de 1992, en donde su lectura de un poema con uno que otro garabato le hizo ganarse críticas por su condición de «poeta soez»—, cuando el disco ¿Quién mató a Gaete? (1996) ofreció agudas imágenes para interpretar el caldo en el que se cocinaba el período de llamada «transición chilena a la democracia».

Fue un álbum trabajado junto a un equipo, sin duda, favorecedor, que incluyó a Álvaro Henríquez como productor, y a Claudio Narea y Cuti Aste entre los músicos invitados; pero en el que, sobre todo, Redolés logró sintetizar muy bien la diversidad de referencias que ocupaba como nunca antes las preocupaciones populares. Estaba la divertida demagogia de “No tengo”, la angustia de un traficante descubierto “Llegando a Yungay”, los rasgos de una “Chica poco comunicativa” y el “blues acuecado” de “Marcando ocupao” (una muy atípica canción de amor). “Eh, rica” era una suerte de vallenato que venía a ofrecer el equivalente de Estación Central para la “Garota de Ipanema”.

Sin difusión radial ni televisiva, el tema “¿Quién mató a Gaete?” se convirtió en un éxito subterráneo, que incluso llegó a inspirar una obra teatral homónima, dos años más tarde. En seis minutos, Redolés hacía desfilar al Fondart, Luz Casal, la dinámica del pituto y el diario La Cuarta hasta construir la real pirámide social que cargaba sobre sus hombros el chileno medio de la época. En revista Caras, el escritor Antonio Skármeta escribió que el disco «inserta con ferocidad el alma del blues duro en Santiago. Con palabras secas, un profundo y desolado desgarro, ironía y cinismo, más cierto ademán vulgar y teñido en fulgores de inteligencia». «Es un canto contra la impunidad», explicó Redolés (quien más tarde revelaría que para el tema se había basado en Pedro Gaete, un exonerado político que durante los años ochenta administró el restaurante ” La Casona de San Isidro”). Al presentar el álbum, Redolés leyó un discurso en el que se incluía la siguiente idea: «Querer una sociedad mejor es querer una sociedad donde esté asegurado un derecho humano fundamental: el que todas las personas por lo menos una vez en la vida puedan grabar un disco».

Bailables de Cueto Road
(1998) asumía el formato de un programa radial (conducido por el actor Gregory Cohen) en el que se promocionaban las tiendas y bares de ese preciso sector, y en donde los poetas históricos chilenos tenían un protagonismo especial; partiendo por los textos de Nicanor Parra y Gonzalo Rojas musicalizados, y terminando en el relato de un partido de fútbol ficticio entre poetas vivos y poetas muertos (estos últimos se imponen por goleada). Era un disco conceptual oportuno para una cultura de barrio que, con su extinción, transformaba para siempre la vida en Santiago. El álbum inauguró la etiqueta independiente del músico, Beta Pictoris, e incluía un total de trece canciones, una de las cuales, “Amor carretiao”, alcanzó una ligera difusión radial.

En el año 2000, el músico supervisó un relanzamiento en disco compacto de su aplaudido trabajo Bello barrio, el cual vendió junto al libro de poemas Estar de la poesía o el estilo de mis matemáticas y una peculiar caja numerada (sólo hay mil) con regalos como tierra, aire y un espejo con luz de su real bello barrio, el de Yungay. Mauricio Redolés en Shile (2001) es su único disco en vivo, donde revisita distintos momentos de su historia, al cual le siguió 12 Thomas (2004) (con una versión para “El aparecido”, de Víctor Jara y “El frío misterio”, de los Electrodomésticos). En ambos lo acompaña una banda estable, Los Ex Animales Domésticos, de la que forma parte también su hijo Sebastián.

Redolés ha alternado su trabajo en discos y conciertos con continuos talleres de literatura, algunos de ellos en cárceles de Santiago y Valparaíso. A pesar de ello, dirige concurridas clases de poesía y se mantiene activo en el circuito en vivo, aunque la difusión mediática no sea constante. Desde el 2006, comenzó a presentarse con una nueva banda acompañante: los ex Ex Animales Domésticos (sic) se convirtieron a partir de entonces en Ruido Bustos (Bustos es el apellido materno del autor), ya con Sebastián Redolés integrado formalmente como baterista. Más tarde, el cantautor se afirmó en presentaciones junto a Simellaman Boys. Su disco de 2013, One, Two, Tres, Cuatro, tuvo como productor a Alejandro Gómez (Perrosky), en otro cruce que confirmaba su comodidad con la matriz del rock blueseado del sur de Estados Unidos.

Entre los hitos recientes de su trabajo destaca la celebración de los cuarenta años de su camino como cantante (desde su primer canto público como preso político), con un concierto de junio de 2015, precisamente en el lugar de su prisión (hoy, teatro del Parque Cultural de Valparaíso), y en el que también participaron como invitados Max Berrú, Clarita Parra y Eduardo Gatti. La ocasión quedó registrada en el documental Redolés, volver a los 21. Las hebras de un poeta.

 El contenido de este artículo ha sido extraído de MusicaPopular.cl bajo licencia Creative Commons.

 










 
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