PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA



Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 17 de enero de 1600-ibídem, 25 de mayo de 1681) fue un escritor, caballero de la Orden de Santiago, conocido fundamentalmente por ser uno de los más insignes literatos barrocos del Siglo de Oro, en especial por su teatro.

Fecha de nacimiento:
17 de enero de 1600
Fecha de fallecimiento:
25 de mayo de 1681

Sumario
Trovapedia
Textos musicados de
Pedro Calderón de la Barca
Cancioneros con canciones
de Pedro Calderón de la Barca



Biografía



Pedro Calderón de la Barca y Barreda González de Henao Ruiz de Blasco y Riaño nació en Madrid el 17 de enero de 1600 y fue bautizado en la parroquia de San Martín. Su padre, Diego Calderón, era hidalgo de origen montañés (Viveda, Cantabria); heredó de su padre el cargo de secretario del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda, y sirvió en él a los reyes Felipe II y Felipe III. Se casó en 1595 con Ana María de Henao, perteneciente a una familia también de origen noble. Pedro fue el tercero de los seis hijos que el matrimonio alcanzó a tener (tres varones y tres mujeres, de los que solo cuatro pasaron de la infancia: Diego, el primogénito; Dorotea -monja en Toledo-; Pedro y Jusepe o José). Estos hermanos estuvieron siempre bien avenidos, como declaró Diego Calderón en su testamento (1647):

:Siempre nos hemos conservado todos tres en amor y amistad, y sin hacer particiones de bienes... nos hemos ayudado los unos a los otros en las necesidades y trabajos que hemos tenido.

Sin embargo tenían también un hermano natural, Francisco, que ocultaron bajo el apellido de "González" y fue expulsado de la casa paterna por don Diego, aunque este dejó escrito en 1615 que se le reconociera como legítimo a no ser que hubiera contraído matrimonio "con esa mujer con quien trató de casarse", en cuyo caso sería desheredado.


Empezó a ir al colegio en 1605 en Valladolid, porque allí estaba la Corte, pero el padre, de carácter autoritario, decidió destinarlo a ocupar la capellanía de San José en la parroquia de San Salvador que había reservado la abuela Inés de Riaño y Peralta al hijo mayor de la familia que fuese sacerdote. Ya en Madrid, la familia se instaló en 1607 en unas casas de la calle de las Fuentes que hacían esquina a la bajada a los Caños del Peral. Pedro Calderón ingresó en el Colegio Imperial de los jesuitas de Madrid en 1608, situado donde ahora se encuentra el Instituto San Isidro, y allí permaneció hasta 1613 estudiando gramática, latín, griego y teología. Cuando ya llevaba dos años, falleció su madre de sobreparto, así como la niña a que dio a luz (22 de octubre de 1610) En 1613 falleció la abuela Inés de Riaño y se abrió su testamento, en que declaraba su voluntad de que el mayor de sus nietos ocupase la citada capellanía. Don Diego desenviudó al casarse en segundas nupcias en 1614 con la dama Juana Freyle Caldera, de buena pero empobrecida familia; pero también el padre falleció súbita e inesperadamente al año siguiente, el 21 de noviembre de 1615. Por este motivo Pedro, que había ingresado en la Universidad de Alcalá el año antes, tuvo que interrumpir sus estudios para que se leyeran las abusivas cláusulas del testamento, que indispusieron a los hermanos contra su madrastra, con la que entablaron un pleito aun siendo menores de edad (el mayor, Diego, tenía diecinueve años, pero la mayoría de edad se otorgaba entonces a los veinticinco), fallado con un concierto fechado en Valladolid en 1618. Doña Juana se volvió a casar y los hermanos quedaron desde 1616 bajo la tutela, educación y manutención de su tío materno Andrés Jerónimo González de Henao. En el ínterin, el futuro poeta marchó a la Universidad de Salamanca (1615), donde en 1619 se graduó de bachiller in utroque, esto es, en derecho canónico y civil, sin llegar a ordenarse como había deseado su padre. En 1621 participó en el certamen poético habido con motivo de la beatificación de San Isidro y posteriormente en el de su canonización, en 1622, y ganó un premio tercero.

Decidió dejar los estudios religiosos por la carrera militar y llevó una vida algo revuelta de pendencias y juego. Hubo también problemas en el ámbito familiar, pues los hermanos hicieron declaración oficial en 1621 de su estado de penuria y tuvieron que vender un censo o renta de bienes heredados para poder subsistir. Además, en el verano de ese mismo año él y sus hermanos anduvieron enredados en el homicidio de Nicolás Velasco, hijo de Diego de Velasco, criado del condestable de Castilla, y tuvieron que refugiarse en casa del embajador de Austria hasta que lograron un concierto con los querellantes que exigió el pago de una crecida indemnización. Acaso por estas estrecheces económicas tuvo Pedro que entrar al servicio del duque de Frías, con quien viajó por Flandes y el norte de Italia entre 1623 y 1625 participando en varias campañas bélicas, según su biógrafo Juan de Vera Tassis, aunque falta documentación que lo confirme, y en 1625 marchó como soldado al servicio del Condestable de Castilla. Su primera comedia conocida,
Amor, honor y poder, fue estrenada con éxito en Palacio con motivo de la visita de Carlos, príncipe de Gales, el 29 de junio de 1623, por la compañía de Juan Acacio Bernal; siguió en ese mismo año Judas Macabeo, representada por la de Felipe Sánchez de Echeverría, así como otras muchas; en 1626 el primogénito Diego Calderón, ya mayor de edad, pudo vender el oficio de Secretario del Consejo de Hacienda de su padre en la persona de Duarte Coronel a cambio de 15.500 ducados; con ello la familia logró salir de sus apuros económicos.

Desde 1625, fecha de su comedia
La gran Zenobia, representada por la compañía de Andrés de la Vega, Calderón proveyó a la Corte de un extenso repertorio dramático: El sitio de Bredá (1626), El alcalde de sí mismo (1627), La cisma de Ingalaterra (1627), y, en 1628, Saber del mal y el bien, Hombre pobre todo es trazas, Luis Pérez, el gallego, y El Purgatorio de San Patricio; pero, en 1629, el irrumpir con sus hermanos en sagrado persiguiendo a un actor, concretamente en el Convento de las Trinitarias de Madrid, donde se encontraba la hija de Lope, le causó la enemistad del monarca de la escena cómica, Lope de Vega, y del famoso orador sagrado gongorino fray Hortensio Félix Paravicino. Calderón correspondió a los ataques de este último burlándose en un pasaje de su comedia El príncipe constante, escrita en ese año, al igual que La dama duende, su primer gran éxito. En 1630 ya era lo bastante famoso como para que Lope de Vega elogiara su talento poético en El laurel de Apolo y en 1632 se ganó también las alabanzas de Juan Pérez de Montalbán en su Para todos. Ejemplos morales.

Con estas y otras comedias fue ganándose incluso el aprecio del mismísimo rey Felipe IV, quien empezó a hacerle encargos para los teatros de la Corte, ya fuera el salón dorado del desaparecido Alcázar o el recién inaugurado Real Coliseo del Buen Retiro, para cuya primera función escribió en 1634
El nuevo Palacio del Retiro. Asimismo, eclipsada ya la estrella de Lope en los teatros, se ganó el aprecio del público en general en la década de los treinta con sus piezas para los corrales de comedias madrileños de la Cruz y del Príncipe. En 1635 fue nombrado director del Coliseo del Buen Retiro y escribió El mayor encanto, Amor, entre otros muchos y muy refinados espectáculos dramáticos, para los cuales contaba con la colaboración de hábiles escenógrafos italianos, como Cosme Lotti o Baccio del Bianco, y expertos músicos para las primeras zarzuelas que se escribieron, como Juan Hidalgo. En estos encargos palatinos cuidaba de todos los aspectos y detalles de la representación y asistía además a los ensayos. En 1636 solicitó y obtuvo del rey el hábito de caballero de la Orden de Santiago, para cuyo disfrute fue necesario solicitar dispensa del papa Urbano VIII, ya que su padre había ejercido el cargo manual de escribano, y su amigo y discípulo Vera Tassis publicó la Primera parte de sus comedias y al año siguiente la segunda, hasta las nueve que llegó a imprimir, si bien se conservan otras tres impresas por editores menos cuidadosos. En 1677 apareció, además, la primera parte de sus autos sacramentales.

Aunque se suele decir que se distinguió como soldado al servicio del almirante de Castilla Juan Alonso Enríquez de Cabrera durante la lucha contra el sitio de Fuenterrabía (1638) que había sido puesto por el Duque de Enghien, futuro príncipe de Condé, no está demostrado documentalmente según Ángel Valbuena-Briones; lo cierto es que participó su hermano José, quien fue herido en la pierna derecha; sí es verdad que Pedro Calderón compuso entonces un
Panegírico dedicado al citado caudillo de las tropass. Por el contrario, sí participó en la guerra de secesión de Cataluña (1640) en la compañía de caballería de coraceros al mando de Álvaro de Quiñones. Estuvo en la toma de Cambrils y fue herido en una mano en una escaramuza cerca de Vilaseca, aunque la guerra no era menos peligrosa que la estancia en el mundo teatral de la Corte: poco antes, en ese mismo año de 1640, mientras se ensayaba una de sus comedias para los carnavales en el Palacio del Buen Retiro surgió una disputa, hubo cuchilladas y Calderón fue herido también, algo que señala José Pellicer de Ossau en uno de sus Avisos, el del 20 de febrero en concreto. Entró victorioso en Tarragona y se portó con valentía en el asalto a Martorell; tras intentar asediar Barcelona, tuvieron que volver otra vez en Tarragona, donde Calderón soportó con entereza el asedio de franceses y catalanes sufriendo hambre y viendo morir de la misma a varios compañeros. Al fin el 20 de agosto de 1641 se logró rechazar el sitio y Pedro Calderón volvió a la Corte a informar al Conde-Duque de Olivares en calidad de correo de Su Majestad. Participó luego en fracasado intento de tomar Lérida (otoño de 1642) como cabo de escuadra en la compañía de guardas reales, en la vanguardia de la caballería dirigida por Rodrigo de Herrera. De su vocación militar guardó siempre un buen recuerdo, como plasmó en unos famosos versos:

Este ejército que ves / vago al yelo y al calor, / la república mejor / y más política es / del mundo, en que nadie espere / que ser preferido pueda / por la nobleza que hereda, / sino por la que él adquiere; / porque aquí a la sangre excede / el lugar que uno se hace, / y, sin mirar cómo nace, / se mira cómo procede. / Aquí la necesidad / no es infamia; y, si es honrado, / pobre y desnudo un soldado, / tiene mejor cualidad / que el más galán y lucido; / porque aquí, a lo que sospecho, / no adorna el vestido el pecho, / que el pecho adorna al vestido. / Y así, de modestia llenos, / a los más viejos verás / tratando de ser lo más / y de parecer lo menos. / Aquí, la más principal / hazaña es obedecer; / y el modo cómo ha de ser / es ni pedir, ni rehusar. / Aquí, en fin, la cortesía, / el buen trato, la verdad, / la firmeza, la lealtad, / el honor, la bizarría, / el crédito, la opinión, / la constancia, la paciencia, / la humildad y la obediencia, / fama, honor y vida son: / caudal de pobres soldados; / que, en buena o mala fortuna, / la milicia no es más que una / religión de hombres honrados.|P. Calderón, Comedia famosa. Para vencer a amor, querer vencerle, Valencia, 1689, pero escrita en 1650

Por entonces se amplía el Palacio del Retiro y se construye un gran estanque de agua, en cuya isla central estrenará en 1640
Certamen de amor y celos. Pero, herido durante el citado sitio de Lérida, obtuvo la licencia absoluta o retiro en 1642 y en 1645 una pensión vitalicia de treinta escudos mensuales como recompensa no solo de sus servicios, sino de los de su fallecido hermano José en Cataluña, aunque se pagó malamente y tras reiteradas reclamaciones del poeta. Estrena sus obras más ambiciosas, las que requieren música (zarzuelas) y más escenografía. Calderón es por entonces un discreto pero activo cortesano y llega a convertirse en un personaje muy respetado e influyente, modelo para una generación entera de nuevos dramaturgos e incluso para talentos tan grandes como los de Agustín Moreto y Francisco Rojas Zorrilla, sus más importantes discípulos. Es más, a partir de 1642 una importante serie de autores franceses empiezan a imitar sus dramas y comedias sin empacho, destacando en especial por su constancia Antoine Le Métel d'Ouville, Thomas Corneille y François Le Métel de Boisrobert, mientras que otros imitan solo piezas sueltas.

Monumento a Calderón en Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).
Monumento a Calderón en Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).


A mediados de los cuarenta, decretados sucesivos cierres de los corrales de comedias a causa de los fallecimientos de la reina Isabel de Borbón (entre 1644 y 1645) y del príncipe Baltasar Carlos (entre 1646 y 1649), así como por las presiones de los religiosos moralistas contrarios al teatro, desde 1644 hubo un lustro sin teatro. Fallecidos sus hermanos José (1645) y Diego (1647), a los que tan unido estaba, el dramaturgo se sumió en una crisis que coincide con la de España, entre la caída del Conde-Duque de Olivares (1643) y la firma en 1648 de la Paz de Westfalia. Es más, hacia 1646 nace su hijo natural, Pedro José, y Calderón ha de replantearse su vida.

Cesaron las crisis interior y exterior al reabrirse los teatros en 1649 y al convertirse durante unos años (de 1646 a 1649) en secretario del VI.º Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Mendoza, para lo cual se trasladó a su castillo-palacio de Alba de Tormes; además, ingresó en los terciarios (Tercera orden de San Francisco) en 1650 y se ordenó sacerdote en 1651. Poco después (1653), obtuvo la capellanía que su padre tanto ansiaba para la familia, la de los Reyes Nuevos de Toledo, y, aunque siguió escribiendo comedias y entremeses, desde entonces dio prioridad a la composición de autos sacramentales, género teatral que perfeccionó y llevó a su plenitud, pues se avenía muy bien con su talento natural, amante de la pintura y de las sutilezas y complejidades teológicas. Siguió componiendo espectáculos para los reyes en el Palacio del Buen Retiro y para la fiesta teológica del Corpus, pero ahora se inclina por los temas mitológicos, huyendo así su fantasía de una realidad tan áspera como la que demuestra el fallecimiento de su hijo natural Pedro José en 1657 y la firma de la Paz de los Pirineos en 1659. Entonces ya era el dramaturgo más celebrado de la corte y todavía en 1663 el Rey siguió distinguiéndolo al designarlo como su capellán de honor, hecho que lo obligó a trasladar definitivamente su residencia a Madrid; la muerte del monarca en 1665 marcó un cierto declive en el ritmo de su producción dramática. Es nombrado capellán mayor de Carlos II en 1666. A lo largo de su trayectoria teatral fue algunas veces importunado por los moralistas que veían con malos ojos los espectáculos teatrales, y en especial que los hiciera un sacerdote como él. A ellos les contestó altivamente de esta manera: «O esto es bueno o es malo; si es bueno, no se me obste; y si es malo, no se me mande».

Al final de su vida sufrió algunas estrecheces económicas, hasta el punto de que en 1679 se le concedió por cédula real una ración de cámara en especie para que pudiera abastecerse en la despensa de palacio "en atención a sus servicios de tantos años a esta parte y hallarse con tan crecida edad y con muy cortos medios"; pero con motivo del Carnaval de 1680 compondrá su última comedia,
Hado y divisa de Leonido y de Marfisa. Falleció a las doce y media de la mañana del domingo 25 de mayo de 1681, dejando a medio terminar los autos sacramentales encargados para ese año. Su entierro fue austero y poco ostentoso, como deseaba en su testamento: «Descubierto, por si mereciese satisfacer en parte las públicas vanidades de mi mal gastada vida». Su cuerpo fue enterrado en la capilla de San José de la iglesia de San Salvador. Así dejaba huérfanos los teatros quien fue considerado uno de los mejores escritores dramáticos de su época. Legó sus bienes a la Congregación de sacerdotes naturales de Madrid, a la que pertenecía. Los madrileños dedicaron a su memoria una hermosa escultura en mármol de Juan Figueras y Vila que fue situada en la plaza de Santa Ana en 1880, frente al castizo Teatro Español.


Obra



La obra teatral de Calderón de la Barca significa la culminación barroca del modelo teatral creado a finales del siglo XVI y comienzos del XVII por Lope de Vega.

Según el recuento que él mismo hizo el año de su muerte, su producción dramática consta de ciento diez comedias y ochenta autos sacramentales, loas, entremeses y otras obras menores, como el poema
Psale et sile (Canta y calla) y piezas más ocasionales. Aunque es menos fecundo que su modelo, el genial Lope de Vega, resulta técnicamente mejor que aquel en el teatro y de hecho lleva a su perfección la fórmula dramática lopesca, reduciendo el número de escenas de esta y depurándola de elementos líricos y poco funcionales, convirtiéndola en un pleno espectáculo barroco al que agrega además una especial sensibilidad para la escenografía y la música, elementos que para Lope de Vega tenían una menor importancia.

Autógrafo de El mágico prodigioso, 1637.
Autógrafo de El mágico prodigioso, 1637.


Utiliza frecuentemente piezas anteriores que refunde eliminando escenas inútiles; disminuye el número de personajes y reduce la riqueza polimétrica del teatro lopesco. Igualmente, sistematiza la exuberancia creativa de su modelo y construye la obra en torno a un protagonista exclusivo. En cierto modo, purga el teatro de Lope de sus elementos más líricos y busca siempre los más teatrales. Ángel Valbuena-Briones ha señalado que en su estilo cabe distinguir dos registros:

  • En un primer grupo de obras Calderón reordena, condensa y reelabora lo que en Lope aparece de manera difusa y caótica, estilizando su realismo costumbrista y volviéndolo más cortesano. En ellas aparece una rica galería de personajes representativos de su tiempo y de su condición social, todos los cuales tienen en común los tres temas del teatro barroco español: el amor, la religión y el honor.
  • En el cultivo de este último tema destaca Calderón en obras como
    El alcalde de Zalamea, en que se enfrentan el honor individual (o lo que es lo mismo, la dignidad humana, no costumbre social o externa) de un labrador rico, Pedro Crespo, cuya hija ha sido violada por un aristócrata capitán de los tercios del famoso general don Lope de Figueroa, con el honor corporativo o esprit de corps de este último. En este drama, una de las obras maestras de Calderón luce la verdad humana de los caracteres y la sabiduría y experiencia del héroe, Pedro Crespo, que aconseja así a su hijo Juan antes de que marche a la milicia con unos versos justamente célebres:

    Por la gracia de Dios, Juan, / eres de linaje limpio, / más que el sol, pero villano. / Lo uno y otro te digo; / aquello, porque no humilles / tanto tu orgullo y tu brío, / que dejes, desconfïado, / de aspirar con cuerdo arbitrio / a ser más; lo otro, porque / no vengas desvanecido / a ser menos. Igualmente / usa de entrambos designios / con humildad; porque, siendo / humilde, con recto juicio / acordarás lo mejor / y como tal, en olvido / pondrás cosas, que suceden / al revés en los altivos. / ¡Cuántos, teniendo en el mundo / algún defecto consigo, / le han borrado por humildes; / y cuántos, que no han tenido / defecto, se le han hallado, / por estar ellos mal vistos! / Sé cortés sobre manera; / sé liberal y esparcido, / que el sombrero y el dinero / son los que hacen los amigos; / y no vale tanto el oro / que el sol engendra en el indio / suelo, y que conduce el mar, / como ser uno bienquisto. / No hables mal de las mujeres; / la más humilde, te digo, / que es digna de estimación; / porque al fin de ellas nacimos. / No riñas por cualquier cosa; / que cuando en los pueblos miro / muchos, que a reñir se enseñan, / mil veces entre mí digo: / «Aquesta escuela no es / la que ha de ser». Pues colijo / que no ha de enseñarse a un hombre / con destreza, gala y brío / a reñir, sino a por qué / ha de reñir; que yo afirmo / que, si hubiera un maestro solo / que enseñara prevenido, / no el cómo, el por qué se riña, / todos le dieran sus hijos.

    En otras ocasiones aborda las pasiones amorosas que ciegan el alma, en especial los celos patológicos que aborda en
    El mayor monstruo, los celos o en El médico de su honra, entre otros dramas.

  • En su segundo registro, el dramaturgo inventa, más allá del repertorio caballeresco, una forma poético-simbólica desconocida antes de él y que configura un teatro esencialmente lírico, cuyos personajes se elevan hacia lo simbólico y lo espiritual. Escribe entonces fundamentalmente dramas filosóficos o teológicos, autos sacramentales y comedias mitológicas o palatinas.
  • El alcalde de Zalamea. Detalle del monumento a Calderón de Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).
    El alcalde de Zalamea. Detalle del monumento a Calderón de Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).


    Calderón destaca sobre todo como creador de esos personajes barrocos, íntimamente desequilibrados por una pasión trágica, que aparecen en
    El príncipe constante, El mágico prodigioso o La devoción de la cruz. Su personaje más conocido es el desgarrado Segismundo de Polonia de La vida es sueño, considerada como la pieza cumbre del teatro calderoniano. Esta obra, paradigma del género de comedias filosóficas, recoge y dramatiza las cuestiones más trascendentales de su época: la libertad o el poder de la voluntad frente al destino, el escepticismo ante las apariencias sensibles, la precariedad de la existencia, considerada como un simple sueño y, en fin, la consoladora idea de que, incluso en sueños, se puede todavía hacer el bien. Tiene esta obra varias versiones hechas por él mismo. También se apunta en ella, aunque muy en segundo plano, el tema de la educación, tan desarrollado posteriormente en el siglo XVIII.

    En este segundo registro, lleva a su perfección el llamado auto sacramental, pieza alegórica en un acto de tema eucarístico destinada a representarse el día del Corpus. Por mencionar sólo algunos, citaremos
    El gran teatro del mundo o La cena del rey Baltasar.

    En cuanto a dramas filosóficos, su obra maestra es, sin duda,
    La vida es sueño; El médico de su honra y El alcalde de Zalamea en cuanto al drama de honor, aunque hay también piezas comparables como El pintor de su deshonra (h. 1648) o A secreto agravio secreta venganza (1635).

    El escondido y la tapada. Detalle del monumento a Calderón de Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).
    El escondido y la tapada. Detalle del monumento a Calderón de Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).


    El secreto a voces y La dama duende son cimas en cuanto a comedia de enredo, con otras muchas menos conocidas de capa y espada como El escondido y la tapada, No hay burlas con el amor, Casa con dos puertas mala es de guardar o Mañanas de abril y mayo, que anticipa el género de la comedia de figurón, aunque una pieza suya como Guárdate del agua mansa posee ya uno, el estrafalario don Toribio de Cuadradillos.

    Tienen carácter melodramático comedias como
    No hay cosa como callar (h. 1639), No siempre lo peor es cierto (entre 1648 y 1650) o La niña de Gómez Arias (h. 1651), que poseen una mayor introspección y se acercan al universo trágico.

    Comedias palatinas son
    El galán fantasma (1629), Nadie fíe su secreto, Manos blancas no ofenden (h. 1640), o El secreto a voces (de la que se conserva un manuscrito autógrafo de 1642).

    Se acercó al drama histórico con piezas como
    La gran Zenobia (1625), La cisma de Ingalaterra, Amar después de la muerte, o El tuzaní de la Alpujarra (1659) o El mayor monstruo del mundo (1672).

    Dramas filosóficos y simbólicos son
    La hija del aire en sus dos partes, donde se pinta la ambición sin límites de la reina Semíramis, asesina de su marido Nino, y Las cadenas del demonio (de atribución dudosa).

    Dramas religiosos y hagiográficos son
    La devoción de la Cruz (h. 1625), El Purgatorio de San Patricio (1640), El príncipe constante (h. 1629), cuya representación tanto había de influir sobre la concepción teatral de Jerzy Grotowski, y El mágico prodigioso (1637), obra que influyó poderosamente en el Fausto de Goethe, al que prestó algunos pasajes enteros.

    Calderón empezó a interesarse por las comedias mitológicas al sustituir a Lope de Vega en 1635 como dramaturgo de cámara. Rápidamente se adaptó a las condiciones del gran espectáculo cortesano con piezas como
    El mayor encanto, Amor, de ese año, y otras como El golfo de las sirenas, El monstruo de los jardines, Fieras afemina Amor, La fiera, el rayo y la piedra (1652) o La púrpura de la rosa (1660) entre otras muchas. De este género es la ópera, con música de Juan Hidalgo, Celos aun del aire matan, que el propio Calderón parodió en su comedia burlesca Céfalo y Pocris.

    La Danza de la Muerte. Detalle del monumento a Calderón de Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).
    La Danza de la Muerte. Detalle del monumento a Calderón de Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).


    Pero el género que monopolizó el maestro fue el de los autos sacramentales, desde los de aire medievalizante como
    El gran teatro del mundo o El gran mercado del mundo a los de pretexto mitológico, como Andrómeda y Perseo o Psiquis y Cupido. Otros: La cena del rey Baltasar, La vida es sueño, El divino Orfeo (del que hizo dos versiones separadas por casi treinta años), La nave del mercader (1674) etcétera. Calderón es el maestro indiscutido de este género, en el que ya los personajes se han convertido en puras abstracciones conceptuales o pasionales.

    Compuso asimismo Calderón bastante teatro menor, por ejemplo entremeses como
    El triunfo de Juan Rana.

    Otra clasificación es la siguiente:

    • Tragedias: El médico de su honra, A secreto agravio, secreta venganza; El pintor de su deshonra; La hija del aire;
    • Comedias serias: La vida es sueño; El alcalde de Zalamea; El mágico prodigioso.
    • Comedias cortesanas: El hijo del sol, Faetón. La fiera, el rayo y la piedra; El monstruo de los jardines; Eco y Narciso.
    • Comedias de capa y espada: La dama duende; Casa con dos puertas mala es de guardar; No hay burlas con el amor.
    • Comedias mitológicas: El mayor encanto, amor.
    • Autos sacramentales: El gran teatro del mundo; El gran mercado del mundo; La cena del rey Baltasar; La protestación de la fe; El verdadero dios Pan.


    El teatro cómico de Calderón



    Durante un tiempo se subestimó el teatro cómico de Calderón, pero últimamente ha sido revalorizado, pues ciertamente compuso obras maestras en el género que pueden ser calificadas como
    comedias de enredo, como La dama duende, Casa con dos puertas, mala es de guardar o El galán fantasma, y no descuidó el teatro menor.


    Los personajes de Calderón



    Aunque Calderón sabe a veces acertar a crear personajes humanos e inolvidables, como Pedro Crespo, la mayor parte de las veces es cierto lo que dijo Marcelino Menéndez Pelayo:

    Los personajes de Calderón apenas aciertan con la expresión natural y sencilla, sino que la sustituyen con hipérboles, discreteos, sutilezas y lluvia de metáforas... Tienen verdad relativa e histórica, carecen de la verdad humana, absoluta y hermosa que estalla en los rugidos de león de los personajes de Shakespeare.

    De igual forma, los personajes de Calderón han sido comparados con algunos de sus contemporáneos. Harold Bloom, analizando los componentes de la obra de Goethe, toma el ejemplo del
    Fausto y superpone a sus protagonistas con los de Calderón:

    En las grandes obras de Calderón , al igual que en el Fausto, los protagonistas se mueven y tienen existencia de un indeterminado ámbito entre el personaje y la idea; son metáforas sostenidas de un complejo de preocupaciones temáticas. Esto funciona maravillosamente en los casos de Calderón y Lope de Vega, pero Goethe quería alternar las dos maneras de personalidades y temáticas, y se tomó la libertad de abandonar el modelo calderoniano y regresar al cosmos shakesperiano siempre que le viniera en gana.|Harold Bloom (1994)

    Por otra parte, los personajes femeninos de Calderón son excesivamente hombrunos y no poseen la feminidad y viveza natural de las mujeres de Lope, aunque, cuando se trata de mujeres investidas de autoridad, este defecto se transforma en una virtud, y así encontramos a auténticas encarnaciones de la ambición, como la reina Semíramis en las dos partes de
    La hija del aire.

    En el apartado masculino, Calderón posee un repertorio de personajes inolvidables como Segismundo, Don Lope de Figueroa, Pedro Crespo, el Príncipe Constante o ese prototipo de uno de los personajes más frecuentados por Calderón, el marido enloquecido de celos que representa el Don Gutierre de
    El médico de su honra; estos celosos patológicos que abundan en los dramas de Calderón razonan férreamente, pero las conclusiones de sus silogismos se asientan sobre sospechas y pasiones desatadas, por lo que el resultado de sus largas cavilaciones dan en el absurdo dramático; por eso les encuentra sustancia trágica Calderón.


    La dramaturgia calderoniana



    Calderón reduce el número de escenas que habitualmente empleaban Lope de Vega y sus seguidores, porque cuida más la estructura dramática; restringe igualmente la abundante polimetría del teatro anterior a octosílabo, endecasílabo y alguna vez heptasílabo; también empobrece el repertorio estrófico a fin de lograr más unidad de estilo. En vez de buscar temas nuevos, que también, prefiere usar temas ya desarrollados por los comediógrafos anteriores de Lope o de su escuela, que reescribe suprimiendo las escenas inútiles, débiles, sobrantes o poco funcionales, o añadiendo las que cree necesarias; es decir, refundiéndolas. Por demás, sigue los mismos mecanismos y convencionalidades de la comedia lopesca, con las aportaciones añadidas de Antonio Mira de Amescua, Tirso de Molina y Juan Ruiz de Alarcón. Su estilo utiliza las galas formales del culteranismo, pero también lo vulgariza con una serie de metáforas en torno a los cuatro elementos que todo su público podía entender, lo que lo vuelve más accesible. Asimismo, emplea símbolos en sus comedias, muchas veces tomados de la filosofía neoplatónica que tanto le influyó: la caída del caballo, que representa la deshonra o la alteración del orden natural; las casualidades no casuales, el significado profundo de la luz y la oscuridad; el equilibrio natural entre los cuatro elementos, y algunas técnicas dramáticas como la profecía u horóscopo inicial en la obra, que crea expectativas engañosas para el público, por ejemplo en
    La cisma de Inglaterra o en la misma La vida es sueño. Calderón se da cuenta a veces de lo artificial y mecánica que resulta la fórmula dramática barroca y por ello se permite a veces hacer juegos o bromas metateatrales permitiendo a sus actores hacer comentarios jocosos sobre los tópicos que les salen al paso y se ven obligados a seguir.

    Monumento a Calderón de la Barca en la Plaza de Santa Ana (Madrid).
    Monumento a Calderón de la Barca en la Plaza de Santa Ana (Madrid).


    Con Calderón de la Barca adquirió plena relevancia en la comedia barroca la escenografía —lo que él llamaba «memoria de las apariencias»— y la música (se considera a Calderón el primer autor de libretos de zarzuelas), en búsqueda de un espectáculo barroco integral que uniera las diversas artes plásticas. Con este fin colaboró estrechamente con escenógrafos italianos como Cosme Lotti. La carpintería efímera teatral se convirtió en un elemento clave en la composición de sus obras, en especial de los autos sacramentales, que de esa manera se transformaban en complejos emblemas alegóricos preñados de simbolismo moral:

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    El itinerario de la escuela dramática española describió así una línea circular que comienza con la idea de la representación como espejo de costumbres para pasar a concebir el género como un arte que crea una realidad poético-ideológica. En otras palabras, del arte abierto de Lope de Vega se pasó a la manera intelectual, perfecta, deshumanizada de Calderón, que alcanzó valor universal a través del emblema y del símbolo.


    Lenguaje y estilo



    En cuanto a su lenguaje, es manejado con solemnidad, enfatizando la belleza con el uso de antítesis, metáforas e hipérboles; Calderón hace brillar su dominio de la retórica y, aunque podría estimarse que es la culminación teatral del culteranismo, procura que las metáforas puedan ser fácilmente desatadas por su público reiterando un mecánico sistema de referencias cruzadas en torno a los cuatro elementos y recurriendo a una Retórica de fáciles paralelismos, oposiciones, simetrías y diseminaciones y recolecciones, o repitiendo los conceptos para que calen y sean entendidos:

    :
    En un día el sol alumbra / y falta; en un día se trueca / un reino todo; en un día / es edificio una peña; / en un día una batalla / pérdida y victoria ostenta; / en un día tiene el mar / tranquilidad y tormenta; / en un día nace un hombre / y muere; luego pudiera / en un día ver mi amor / sombra y luz, como planeta; / pena y dicha, como imperio; / gente y brutos, como selva; / paz e inquietud como mar; / triunfo y ruina, como guerra; / vida y muerte, como dueño / de sentidos y potencias. / Y habiendo tenido edad / en un día su violencia / de hacerme tan desdichado, / ¿por qué, por qué no pudiera / tener edad en un día / de hacerme dichoso? ¿Es fuerza / que se engendren más despacio / las glorias que las ofensas? (P. Calderón, El alcalde de Zalamea, 969-994)

    Usa cultismos sin empacho, algunos incluso condenados por Lope de Vega en su
    Arte nuevo de hacer comedias (1609), como hipogrifo. En sus personajes se acusa un característico frenesí razonador: los personajes calderonianos piensan de modo férreo e impecablemente lógico, aunque sus premisas sean de hecho absurdas; de esa manera, los característicos maridos calderonianos se enloquecen de celos y justifican sus crímenes de forma impecable pero éticamente absurda, abundando en su lenguaje nexos de subordinación lógica causal, consecutiva, condicional, concesiva o final. La metaforización sufre también ese proceso de logicismo mecánico y desarrolla en exclusiva el citado sistema de símbolos fundado en la combinatoria de los cuatro elementos. Abundan los juegos metateatrales, pues no se le ocultaba al propio autor el convencionalismo a que había llegado la fórmula lopesca, y los diálogos fragmentados «al alimón», en que dos o más personajes se van continuando y terminando las frases que dejan a medias sucesiva y simétricamente. Por otra parte, la intratextualidad de Calderón es muy fuerte, pues el autor a veces reutiliza o reescribe textos de unas comedias o autos en otros, autoparodiándose con intención cómica o imitándose a sí mismo conscientemente.


    Temas e ideología



    La formación jesuita de Calderón lo llevó a asimilar el pensamiento de San Agustín y Tomás de Aquino a través de la interpretación de Domingo Báñez, Luis de Molina y Francisco Suárez, y así Menéndez Pelayo lo creyó aristotélico, aunque la crítica moderna (Michele Federico Sciacca, Jack Sage, Ángel Valbuena-Briones) ha valorizado la enorme importancia que tuvo en Calderón la filosofía neoplatónica. Junto a esto se percibe en su teatro un profundo pesimismo a pesar de la autonomía y validez de la acción humana. Sus obras siempre suelen centrarse en la oposición o confrontación entre:

    • La razón y las pasiones
    • Lo intelectual y lo instintivo
    • El entendimiento y la voluntad.
    La vida es una peregrinación, un sueño, y el mundo es un teatro de apariencias. Su pesimismo está atemperado por su fe en Dios y por el fuerte racionalismo que asimiló de Tomás de Aquino. El sentido de la angustia de muchos de sus personajes lo aproximan al existencialismo cristiano contemporáneo y al pesimismo de Arthur Schopenhauer:

    ¿Qué es la vida? Un frenesí.

    ¿Qué es la vida? Una ilusión,

    una sombra, una ficción,

    y el mayor bien es pequeño.

    ¡Que toda la vida es sueño,

    y los sueños, sueños son!

    Asimismo Fernando, el príncipe constante, exclama así poco antes de morir consumido por su propia voluntad:

    Pero, ¿qué mal no es mortal / si mortal el hombre es, / y en este confuso abismo / la enfermedad de sí mismo / le viene a matar después? / Hombre, mira que no estés / descuidado. La verdad / sigue, que hay eternidad / y otra enfermedad no esperes / que te avise, pues tú eres / tu mayor enfermedad. / Pisando la tierra dura / de continuo el hombre está, / y cada paso que da / es sobre su sepultura. / Triste ley, sentencia dura / es saber en cualquier caso / cada paso ¡gran fracaso! / es para andar adelante, / y Dios no es a hacer bastante / que no haya dado aquel paso.|El príncipe constante, jornada III

    La vida es sueño. Detalle del monumento a Calderón de Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).
    La vida es sueño. Detalle del monumento a Calderón de Madrid (Joan Figueras Vila, 1878).


    Calderón posee un concepto providencialista de la historia, antigua o contemporánea, que es huella de la voluntad divina y por lo tanto posee un sentido, aunque Dios no permita que lo encontremos en la vida terrenal, y contempla esa misma voluntad en el mundo natural, ordenado según los cuatro elementos y donde se puede leer el plan y la promesa de Dios, aunque no adivinar su sentido último.

    El repertorio temático de Calderón es amplio y se trata con muy diversas variantes; el honor; la relación del hombre con el poder y, en relación con esto, la libertad y la responsabilidad moral o el conflicto entre realidad e ilusión, frecuente en la estética barroca del desengaño. Trata de una forma particular los celos patológicos y los conflictos edípicos.


    La escuela dramática de Calderón



    La depurada fórmula dramática calderoniana y su particular estilo fueron imitados por importantes ingenios que, como el madrileño, refundieron obras ya compuestas por Lope y sus discípulos al mismo tiempo que componían piezas originales. Los más importantes entre estos autores fueron Francisco de Rojas Zorrilla y Agustín Moreto, pero también hay que contar entre sus discípulos a Antonio de Solís y Rivadeneyra, Juan Bautista Diamante, Agustín de Salazar, Sor Juana Inés de la Cruz, Cristóbal de Monroy, Álvaro Cubillo de Aragón y Francisco Bances Candamo. Otros autores que siguieron a Calderón y alcanzaron algún éxito fueron además Juan de Zabaleta, Juan de la Hoz y Mota, Jerónimo de Cáncer, Juan de Matos Fragoso, Alejandro Arboreda y Antonio Coello, que escribieron frecuentemente en colaboración; también Juan Vélez de Guevara, hijo del celebérrimo dramaturgo Luis Vélez de Guevara; Antonio Martínez de Meneses y Francisco de Leiva.


    Obras más importantes




    Obras de creación inspiradas en argumentos calderonianos



    Comedias verdaderas, 1726
    Comedias verdaderas, 1726
    • Antoine Le Métel d'Ouville, L'Esprit follet (París, 1642), imitación de La dama duende.
    • Antoine Le Métel d'Ouville, Jodelet astrologue (París, 1646), imitación de El astrólogo fingido de Calderón.
    • Thomas Corneille imita El astrólogo fingido de Calderón en su pieza Le Feint Astrologue (1647, impresa en Ruan y París, 1651), y es imitado asimismo por John Dryden en su An Evening's Love al año siguiente.
    • François Le Métel de Boisrobert imita Casa con dos puertas mala es de guardar en L'Inconnue (París, 1655)
    • Philippe Quinault imita El galán fantasma en su Le Fantôme amoureux (1657)
    • François Le Métel de Boisrobert imita La vida es sueño en su novela La vie n'est qu'un songe (1657)
    • Thomas Corneille imita Casa con dos puertas mala es de guardar y Los empeños de un acaso en Les engagéments du hazard (Ruan y París, 1657)
    • Celos aún del aire matan (1660), Ni amor se libra de amor (1662), La estatua de Prometeo (1670), El hijo del sol, Faetón (1675), Contra el amor desengaño (1679) y Hado y divisa de Leonido y Marfisa (1680), son óperas con libreto de Calderón y música de Juan Hidalgo.
    • Música para El secreto a voces (1671) de Giovanni Maria Pagliardi.
    • Aldimiro overo, Favor per favore (1683) y La Psiche o vero Amore innamorato (1683), óperas y música de Alessandro Scarlatti y libretos de Giuseppe Domenico de Totis, inspirada la segunda en Ni amor se libra de amor.
    • La púrpura de la rosa (1701), ópera con música de Tomás de Torrejón y Velasco y libreto de Calderón.
    • Alain René Lesage imita Peor está que estaba de Calderón en su comedia Don César Ursin, representada en 1707 en París con éxito.
    • Fieras afemina amor (1724), ópera con música de Giacomo Facco y libreto de Alejandro Rodríguez.
    • Manos blancas no ofenden (1761), ópera de José de Herrando.
    • Il y a bonne justice, ou le Paysan magistrat (1778), comedia de Jean-Marie Collot d'Herbois inspirada en El alcalde de Zalamea.
    • Isabelle et Fernand ou L'Alcalde de Zalaméa (1783), comédie mêlée d'ariettes de Stanislas Champein, con libreto de L. - F. Faur sobre El alcalde de Zalamea.
    • Liebe und Eifersucht (1807), con música de E. T. A. Hoffmann y libreto de A. W. Schlegel, traducido de La banda y la flor.
    • Ulysses und Circe (1807), ópera de Bernhard Romberg a partir de El mayor encanto, amor.
    • En 1814 publica Nicolás Böhl de Faber en El Mercurio Gaditano un artículo titulado «Reflexiones de Schlegel sobre el teatro traducidas del alemán» donde se reivindica la obra de Calderón introduciendo el Romanticismo en España.
    • Das Leben ein Traum (1818), ópera con música de Friedrich Ludwig Seidel sobre La vida es sueño.
    • El poeta Percy B. Shelley escribe en noviembre de 1820 una carta a Thomas L. Peacock donde dice que "No leo más que griego y español: Platón y Calderón son mis dioses".
    • Der Graf Lucanor (1845), traducción de El conde Lucanor de Calderón por Joseph von Eichendorff
    • Die geistlichen Schauspiele Calderons (1846–53), 2 vols., de Joseph von Eichendorff.
    • Calderon, his Life and Genius, with Specimens of his Plays (1856), ensayo y antología del irlandés Richard Chenevix Trench.
    • Música incidental para Der wundertätige Magus (El mágico prodigioso), 1865, de Josef Gabriel Rheinberger.
    • Dame Kobold (1870), ópera de Joachim Raff con libreto de Paul Weber sobre La dama duende.
    • Música incidental para Der Richter von Zalamea (1883) de Engelbert Humperdinck.
    • Pedro de Zalaméa (1884), "grand-opéra" de Benjamin Godard, con libreto de Léonce Détroyat y Armand Silvestre, a partir de El alcalde de Zalamea.
    • Dommeren i Zalamea (1892), ópera de Christian Frederik Emil Horneman, sobre El alcalde de Zalamea.
    • The Humours of the Court (1893), una comedia de Robert Bridges inspirada en El secreto a voces de Calderón.
    • Der Richter von Zalamea (1899), ópera con música de Georg Jarno y libreto de Viktor Blüthgen, sobre El alcalde de Zalamea.
    • Dos canciones de Der Richter von Zalamea (1904), con música de Richard Strauss, con la traducción de Rudolf Presber.
    • Dame Kobold (1916), ópera con música y libreto de Felix Weingartner sobre La dama duende.
    • Manuel de Falla, música incidental para la representación del auto sacramental de Pedro Calderón de la Barca El gran teatro del mundo que se realizó en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra el 27 de junio de 1927.
    • Der Sünde Zauberei (1929), ópera de Walter Courvoisier sobre la traducción de Eichendorff de Los encantos de la culpa.
    • Laurenca, Johannisnacht, música escénica para de Carl Schadewitz (1887-1947).
    • La vita è sogno (1941), ópera en tres actos con libreto y música de Gian Francesco Malipiero, sobre La vida es sueño.
    • Circe (1944), ópera con libreto y música de Werner Egk, rehecha después como Siebzehn Tage und vier Minuten (1966), las dos sobre El mayor encanto, amor.
    • Pedro Crespo oder der Richter von Zalamea (1944), ópera popular de Arthur Piechler.
    • El alcalde de Zalamea (1946), zarzuela con música de Henri Collet.
    • Il mago, ópera inacabada de Licinio Recife, con libreto de Emilio Mucci sobre El mágico prodigioso.
    • El poeta Boris Pasternak decide en sus últimos años traducir la obra de Pedro Calderón de la Barca.
    • Le théâtre du monde (1956), ópera de Heinrich Sutersmeister, con libreto de Edmond Jeanneret, sobre El gran teatro del mundo.
    • Dame Kobold (1964), comedia musical de Gerhard Wimberger sobre la traducción de Hugo von Hofmannsthal de La dama duende.
    • Calderón (1966), pieza teatral de Pier Paolo Pasolini, está inspirada en La vida es sueño, y fue llevada a la televisión para la RAI en 1981 sobre la versión del teatro estable de Friuli-Venezia Giulia, por Giorgio Pressburger. La obra ya había sido representada por Luca Ronconi.
    • Francisco Nieva hace los figurines para La dama duende en 1966.
    • El famoso montaje de El príncipe constante que realizó el director de escena polaco Jerzy Grotowski realizó en Breslavia en 1968, con interpretación de Ryzsard Cieslak, influyó en su concepción dramática del teatro pobre.
    • Hus med dubbel ingång (1970), comedia lírica con música de Hilding Constantin Rosenberg, sobre Casa con dos puertas, mala es de guardar.
    • El divino Orfeo (1984), ópera de Minao Shibata, con libreto de Sumiko Shibata sobre El divino Orfeo.
    • Mahmud Ali Makki traduce al árabe El alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca (1993).
    • El mayor monstro los celos (1997), ópera de Josep Soler i Sardà
    • Música incidental para El gran teatro del mundo (1998) por Antón García Abril.
    • Calderón es un personaje en la novela El sol de Breda (1998) de Arturo Pérez-Reverte
    • La novela de Giannina Braschi Estados Unidos de Banana (2011) se inspira en La vida es sueño.
    • Albert Camus hizo una adaptación de La devoción de la cruz'' al francés, publicada por Gallimard.
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