
Trovapedia
Textos musicados de
Cancioneros con cancionesFrancisco Pezoa nació en 1885, en Santiago de Chile. De él se señala que era un hombre muy instruido, de temperamento dócil con quienes compartían sus inquietudes e ideales, siempre llano a ayudar al obrero o al paria desprotegido, y el más encarnizado y fiero en sus invectivas cuando se enfrentaba ante los poderosos explotadores. Colaboró con la prensa anarquista del norte y centro del país, fue un orador agudo e inteligente, manejaba al revés y al derecho la información en torno a escritores, luchas sociales y huelgas en todo el mundo. Vivió todos los conflictos sociales de la primera década de siglo XX.
Sumido casi en un misterio y por el paso de los años, que intentó procurar un manto de olvido sobre su memoria, Pezoa ha trascendido por aquellos cuartetos del Canto a la Pampa, texto compuesto sobre la base de la melodía del tema Ausencia (dicho tema hablaba sobre amores no correspondidos y se puede escuchar en la voz de Violeta Parra) y que el poeta Pezoa supo infundir en aquella melodía el peso de versos que vindicaban a la clase trabajadora. Dicha composición se hizo conocida en todas las salitreras del norte e inclusive trascendió las fronteras para ser entonada como un himno de la clase trabajadora en todo el continente latinoamericano
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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