El trovador Ángel Díaz, fundador del importante movimiento del filin, falleció el pasado 22 de diciembre y fue sepultado ayer. Había nacido el 23 de diciembre de 1921, en La Habana.
Ligado desde sus inicios a este renovador movimiento musical de mediados de los años cuarenta, cuyos integrantes se reunían en casa de su padre, el conocido trovador Tirso Díaz, en el Callejón de Hamel — lugar donde se considera que nació el filin—, Ángel Díaz aportó el tema Rosa mustia con el que sus integrantes iniciaban sus descargas, compartidas muchas veces con Luis Yáñez, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Niño Rivera, Ñico Rojas, y Rosendo Ruiz, hijo.
Estudió Derecho Administrativo y Diplomático en la Universidad de La Habana, pero al decidirse por la música, perfeccionó sus conocimientos con el notable guitarrista y profesor Vicente González Rubiera (Guyún).
Tuvo una larga e intensa participación en diferentes peñas del bolero en centros culturales y hoteles habaneros, como el conocido Pico Blanco, del hotel Saint John, en el Vedado.
Aunque escribió decenas de canciones, sin lugar a dudas Rosa mustia fue la que mayores satisfacciones le produjo. En especial le gustaban las interpretaciones que de ese clásico hicieron Vicentico Valdés y Pablo Milanés, y en fecha más reciente, la del saxofonista César López con su banda Habana Ensemble y la Orquesta de Cámara de La Habana, dirigida por el maestro Iván del Prado.
En el 2008, junto a sus hijos Nelson y Alexander, grabó un álbum bajo el sugestivo título Tres díaz de filin, que mereció ser nominado al Premio Cubadisco y recibió el aplauso unánime de la crítica al ser escuchado no solo en Cuba sino también en América Latina y Europa.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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