Sin encasillamientos. Sin etiquetas. Al servicio de la música y con una libertad estilística total, Eduard Iniesta nos ofrece música nueva.
![]() Eduard Iniesta
© Xavier Pintanel
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Su nuevo trabajo discográfico lleva un título —Queda’t, don’t go away— que refleja su contenido.
Iniesta viene relleno de canciones y composiciones maravillosas con una receta formada por melodías emotivas, letras impactantes y un toque de virtuosismo.
Con la mandola, la guitarra y su voz como principal equipaje, engendra su trabajo más personal y más impresionante flirteando de nuevo con la electrónica tal como ya hizo en Ómnibus.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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