El trovador boliviano Percy Ávila, autor del conocido taquirari "Lunita camba", falleció la madrugada de este lunes en Santa Cruz (Bolivia).
Percy Ávila Montero falleció en su domicilio del barrio La Colorada de Santa Cruz donde permaneció en los últimos dos meses, luego de haber sido internado en la Caja Nacional a raíz de diversas complicaciones que su organismo sufrió por el mal de Chagas, además que padecía de Alzheimer, enfermedad que le fue afectando cada vez más en los últimos años.
Percy Ávila nació el 24 de octubre de 1938 y en su primera experiencia como artista integró el Trío Cordillera, donde interpretó sus primeras creaciones.
Grabó en 1961 en Buenos Aires con el trío "Los cruceños" tres de sus obras musicales los taquiraris "Ya sos mi dulzor" "No seas mala che" y "Ranchito natal".
El más popular de sus taquiraris, "Lunita Camba", fue inspirado en 1964, durante un viaje entre Santa cruz y Cochabamba, en una noche de luna llena.
De la vena creativa de Percy surgieron otros temas como "Guajojó", "Taquiriquiré" "Cambita tu beso es carnaval" "La pestaña" "Veni volve" "En la madrugada" "Taquirari triste" "Poema Trunco" "Pena Achachayru" y "Al hijo que no nació"
Percy Ávila, también se dedico periodismo y en 1975 inicio una serie televisiva en el canal estatal boliviano, dirigiendo el programa "Semilla, Canto, Pueblo".
Otro trovador boliviano, Pedro Shimose dijo de él recientemente: “Autor de 250 canciones entre taquiraris, carnavalitos, chobenas, boleros, rancheras y cuecas, Percy Ávila es el Agustín Lara boliviano, el José Alfredo Jiménez camba, porque desde sus orígenes humildes fue músico sin saber solfa, porque dignificó la canción popular y porque cantó a la mujer con inspirado romanticismo.”
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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