El pasado 24 de noviembre falleció en Bloomington, Indiana, el compositor chileno Juan Orrego Salas, uno de los más destacados músicos hispanoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. Nacido en Santiago de Chile en 1919, había cumplido el pasado 18 de enero los cien años de edad.

Juan Orrego Salas nació en Santiago en 1919, en el seno de una familia de tradición musical. Sus primeros estudios de piano y composición los realizó en el Conservatorio Nacional, donde, una vez graduado, le adjudicarían la cátedra de Historia de la Música. Paralelamente comenzaría sus estudios en la Escuela de Arquitectura de la UC, llegando a titularse de arquitecto en 1943, pero dejaría esta carrera para dedicarse de lleno a su pasión.
Su catálogo comprende unas 120 obras, entre las que destacan seis sinfonías, cuatro cuartetos de cuerda, la cantata América, no en vano invocamos tu nombre (sobre textos de Pablo Neruda) o las Canciones castellanas.
En la década de los 80 tuvo un acercamiento a la música popular, luego de que su obra Un canto para Bolívar, con versos de Pablo Neruda, fuera incluida en el disco La revolución y las estrellas de Quilapayún.
En su música confluían sugestiones del modernismo de la primera mitad del siglo XX (Copland, Stravinsky, Prokofiev), mezcladas con sugestiones del folclore hispanoamericano. Desde un inicial neoclasicismo, su estilo fue asimilando procedimientos dodecafónicos. Además de en Chile, su obra alcanzó cierta difusión en Estados Unidos, donde llegó a ser interpretada por el Cuarteto Juilliard y la National Symphony Orchestra.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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