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Entrevista

Juan Miguel Morales: «La fotografía me ha permitido meter las narices donde no te llaman»

por Isabel Llano el 18/12/2019 

Conversamos con el fotoperiodista almeriense afincado en Barcelona Juan Miguel Morales sobre su más reciente libro: ¡Cuba va! Dialogando con músicos cubanos (Editorial Milenio, 2019), un trabajo que reúne treinta y tres voces y cincuenta y una imágenes, la mayoría inéditas, de grandes músicos cubanos que nos hablan, en primera persona, de su trabajo musical, de Cuba y de la vida en general.

Juan Miguel Morales sostiene un ejemplar de «Cuba va! Dialogando con músicos cubanos». © Omar Jurado
Juan Miguel Morales sostiene un ejemplar de «Cuba va! Dialogando con músicos cubanos».
© Omar Jurado

 

En nuestra charla, Juan Miguel Morales nos cuenta detalles de su vida desde pequeño, a través de lo cual se evidencia desde muy pronto su sensibilidad artística. Pionero de los fanzines en su tierra natal, participó en las radios libres de Barcelona, escribió en revistas y diarios para finalmente decidirse a hacer de la fotografía su principal manera de expresarse, gracias, en gran medida, al papel determinante de su hermana, la periodista Marié Morales.

 

Juan Miguel es un comunicador, ha publicado varios libros, ha realizado exposiciones fotográficas y es un reconocido fotógrafo musical, aunque no solo musical. Pudimos saber cómo surgió su último libro, algunas historias detrás de cámara con figuras de primera línea de la música cubana de todos los géneros. Con este ensayo es posible conocer no solamente la historia de los personajes, sino tener testimonios invaluables que ellos ofrecen sobre Cuba y sobre las relaciones de la isla con España y otros países, así como de la nueva trova, el bolero filin, el guaguancó, la Vieja Trova hasta la timba. Toda una sociología a través de la música y la fotografía.

 

Tú estudiaste fotografía en el Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña de 1991 a 1994 ¿desde cuándo surge tu amor por la fotografía?

 

En realidad lo que empezó primero fue el amor hacia la cultura, porque fui un mal estudiante, porque fui de una generación que pilló una EGB de lo que se llamó la Transición, del franquismo a la democracia que venía, y yo estudiaba en mi Almería natal en un colegio público, y me encontré con una educación que no me estimulaba mucho.

 

Sin embargo, sí encontraba respuestas o satisfacción a esa sed de curiosidad en la cultura, la música, los discos, los libros, el cine, o sea todo lo que es una expresión del ser humano mirando hacia adentro o hacia afuera, explicando la vida. Todo eso me alimentaba mucho y de alguna manera venía a tomar el espacio que había tenido que tomar la escuela.

 

Tuve siempre necesidad de contar cosas yo también, porque leía y escuchaba mucha música, pues desde pequeño oía mucha radio, soy fanático de la radio, y me gustaba el cine, entonces yo tenía también necesidad de explicar cosas sobre lo que estaba aprendiendo, no en el colegio, sino en las manifestaciones culturales de mi tiempo y las del pasado que me iban dando datos y me iban maravillando.

 

Por lo tanto, desde muy joven, desde los 13 años quizá o a partir de los 12 empecé a hacer fanzines en Almería. Hay un librito publicado por la Diputación en el que algún especialista dice que yo soy pionero de los fanzines en Almería, no lo sé, pero en todo caso, con esa edad hice unos fanzines que eran más voluntariosos que interesantes, sea como sea era mi necesidad. En aquella época dibujaba, hacía comics y hacía fotocopias y los vendía a la voluntad en los ambientes enrollados de la gente progre, para poder seguir haciendo más y pagar las fotocopias.

 

¡Qué creativo y cuántas ganas de contar cosas!

 

Después me vine a Barcelona, por primera vez en el año 1982, a estudiar el instituto, porque mi hermana, Marié Morales que es periodista, vivía aquí en Barcelona. Entonces yo estudiaba nocturno y trabajaba por las mañanas y me involucré en el movimiento de las radios libres de Barcelona. Estuve haciendo radio libre en Radio Venus, que era una radio libre de esas históricas, creo que vino después de Radio Gavina, era la radio libre que estaba en la calle Sant Miquel en el barrio de la Barceloneta. Allí conocí gente que después montaría Radio Contrabanda, donde estuve después en sus primeros años, incluso trabajé de productor año y medio o dos en un programa nocturno de Radio Miramar.

 

Trabajé durante los ochentas, escribí mucho en revistas y en periódicos, yo tendría unos 18 o 19 años, era muy joven, pero colaboré, por ejemplo, en La Luna, una revista muy importante dentro de La Movida en Madrid y en el estado español, de alguna manera venía a hacer el papel que tuvo en los setenta la revista Star. Era la revista que hablaba de Almodóvar, Radio Futura, filosofía, tendencias, fotografía, pintura, música, cine e incluso de moda, diseño, comic, de gente que estaba rompiendo; era una revista alternativa de aquella época. Yo allí colaboré en varios números. Además colaboré en El Periódico de Cataluña, en la revista Popular 1, y sobre todo en mucha prensa musical.

 

Todo eso siendo tan joven.

 

Sí, con dieciocho, diecinueve o veinte. Y justo en ese camino yo empecé a hacer algunas fotos, gracias a mi hermana, porque como ella es periodista también escribía y hacía fotos, me regaló una cámara, una Nikon FM2 que me acompañó mucho tiempo y en muchos trabajos. Era una cámara que adoro y que todavía tengo, de la que no me quiero deshacer, porque es algo simbólico.

 

¿Ahí es desde cuando te dedicas a la fotografía?

 

El tema es que empecé a hacer fotos y empecé a revelar, porque mi hermana también tenía un pequeño laboratorio, pero no me consideraba fotógrafo. Recuerdo que en el año 1987 publiqué mi primera foto, por cierto, salió en doble página en El Periódico de Cataluña.

 

¡Qué buena entrada!

 

Sí, fue un retrato a un músico de música minimalista que vino a actuar, le hacían una entrevista, el fotógrafo falló y como yo por entonces ya colaboraba con El Periódico me llamaron para que le hiciera el retrato urgentemente. Fui y le hice el retrato, unas diapositivas, y se publicaron dos, una de ellas a doble página, fue bien lindo, y así empecé.

 

Pero nunca me sentí periodista, obviamente, porque ni había estudiado periodismo ni era periodista, era un fanático de la cultura, que leía mucho, que le gustaba escribir, contar y expresar, era un comunicador. En algún momento me quiero sentir a gusto con lo que yo soy y decido que no es periodista lo que soy pero sí que quiero ser fotógrafo.

 

Es en ese momento cuando te pones a estudiar en el Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña

 

Exactamente, y ya de alguna manera lo enfoco todo hacia la fotografía.

 

Sabía que habías dicho que eras fotógrafo por curiosidad, y yo me había quedado en la duda sobre cómo habías empezado, pero veo que lo que te lleva a ella es tu necesidad de expresión, es tu búsqueda, es asombroso todo lo que hiciste antes de decidirte por la fotografía. ¿Qué es para ti la fotografía?

 

Yo creo que la fotografía para mí, fíjate que quizá esto es una cosa más negativa que positiva, porque debería tener más orgullo de mí mismo y de mi trabajo, de lo que he hecho, pero en realidad la fotografía ha sido mi bastón para caminar por la vida.

 

La fotografía me ha ayudado y he valorado más eso que el producto, que la foto en sí. Es lo que me ha permitido meter las narices donde no te llaman, donde tienes interés, es una puerta, es un camino, y me ha servido mucho. Por eso siempre me he metido en trabajos que a mí me interesaban, que no sabía si le interesarían a alguien. No sé si esto a la larga ha sido bueno o no tan bueno, porque soy un fotógrafo que lleva treinta años de trayectoria y a veces tengo la sensación de estar empezando todavía. Es decir, de estar en una situación de fotógrafo que aún tiene que ganárselas, porque le he dado más importancia a lo que yo consideraba que era interesante que no hacer una valoración de mercado.

 

Había leído que residías en Barcelona desde 1992, pero por lo que dices es desde 1982.

 

Desde 1982 estuve en Barcelona, vivía con mi hermana, mi sobrino, mi familia, pero en el año 1990 tengo una gran crisis de quién soy y qué voy a hacer con mi vida, y me voy un año a Almería a vivir, pensando, en principio, quedarme. Después de un año decido que no me voy a quedar, decido que quiero ser fotógrafo y me vuelvo a venir a Barcelona y me pongo a estudiar fotografía en 1991, pero con todo ese bagaje que tenía.

 

Los comienzos de los noventa coinciden con la fundación de la revista Enderrock. Es indudable que tú y Xavier Mercader son los fotógrafos dedicados a los músicos, él desde el directo, y ahora sois los jefes de Fotografía de esa revista tan reconocida. ¿Desde cuándo te decantas por hacer retratos de músicos?

 

La música está desde niño cuando oía la radio. Yo me acuerdo desde cuando estrenaron en la radio Un rayo de sol, imagínate, yo era muy niño, pero la radio siempre estaba puesta en casa, o sea, la música y la radio están desde siempre, y después trabajo en revistas de música. Como te decía, como niño, como chaval joven en la época en que todavía estoy en EGB, en la que para mí la cultura me aporta todo lo que no me aportaba el colegio, me interesa la lectura, la literatura, recuerdo que me encantó Henry Miller, El Principito, Michael Ende, Jack Kerouac, toda la Beat Generation me enamoró desde muy joven, el cine, Woody Allen me encantó desde niño, por supuesto toda la escuela italiana de Fellini.

 

La cuestión es que la música, muy especialmente, dentro de esta cultura pop, que a veces se aleja tanto del entretenimiento y es capaz de desvelarte tantas cosas de la vida y la historia del ser humano, pues la música es lo que a un joven le llega más fácilmente, por lo tanto la música fue algo que me atrapó, pero no para ser músico, nunca quise ser músico, pero sí que siempre me resultó muy placentero escuchar y aprender. Siempre aprendía con la música, me daba pistas para desarrollar cosas.

 

Y la canción catalana, la Nova Cançó, fíjate, me llegó desde niño, viviendo en Almería, quizá porque mi hermana estudió en la universidad en Barcelona, traía discos de Lluís Llach, Maria del Mar Bonet, Raimon, Serrat, que cantaba en catalán y castellano, por lo tanto, era muy normal que yo manejara mucha información.

 

Después trabajé en prensa musical, que giraba en torno al pop-rock, sobre todo, y a mí me interesaba más que nada el rock, yo era más rockero que popero, que me pilló con menos de veinte años, así que por ejemplo en Popular 1 yo tenía que hablar de Los Pistones, The Meteors, o sea, no hablaba de rock duro, aunque era una revista de rock duro, porque yo era tan jovencito que me dejaban los poperos y los rockabillies, no el rock pesado.

 

Fue muy interesante, recuerdo la primera crítica que hice para una revista comercial, no para un fanzine, fue para Popular 1, en el año 1984, tuve que ir a cubrir la presentación de Los Pistones y me encantaron porque yo era muy fan de Tequila desde pequeño, tenía todos los discos, así que cuando vi a Julián Infante en directo, eran la caña, lo pasé fantástico. Después vi a Hombres G, cuando sacaron el disco, a mí me daban todo eso, por lo tanto, tenía mucha cultura de la música popular, ya sea canción, pop, rock, sobre todo de la península ibérica.

 

Juan Miguel Morales. © Omar Jurado
Juan Miguel Morales.
© Omar Jurado

 

¿Cuál es la música que más te gusta?

 

Yo soy enamorado de todas las músicas del mundo, incluso la anglosajona, también la turca, la africana, pero me interesa mucho la que se hace de cercanía. La música latinoamericana me encanta, es la que más me emociona junto con la que se hace en País Vasco, Galicia, Países Catalanes, Andalucía y Castilla. En fin, me interesa la italiana, la francesa.

 

En todo caso siempre he tenido mucha cultura musical y entonces empecé a estudiar fotografía en el año 1991 y estudiando fotografía en el año 1992, de pronto tenía muchas asignaturas, y yo trabajaba para una agencia, es curioso porque la vida nunca es tan ordenada, luego en una biografía ordenas las cosas, total que yo hacía fotos —muchas no las tengo, es una pena— y esta agencia vendía a Pronto, a revistas del corazón o que combinan temas del corazón con sucesos o temas extraños.

 

Hice fotos por ejemplo a un transexual que apalearon unos fascistas en el barrio de Ciudadela, me tuve que colar en el Hospital del Mar, así que nunca dejé de hacer este tipo de fotografías cuando empecé a estudiar y en el año 1992, que es cuando yo considero que empiezo a trabajar y a ganarme la vida realmente como fotógrafo, —aunque había empezado a estudiar solamente hacía un año—, comencé a hacer una colección de retratos de músicos.

 

Es en ese momento que te decantas por retratar a músicos, principalmente. ¿Cómo sucedió?

 

Supongo que vino dado por algún trabajo que tenía que hacer en el instituto, no lo recuerdo muy bien, pero yo tenía esas ganas de hacer cosas, precisamente por mi curiosidad, estaba enamorado de la fotografía, tenía ese hambre de comunicar que me había acompañado desde niño y ahora yo ya sabía muy bien, me sentía firme y seguro en este lenguaje que había decidido que quería hacer mío.

 

Estaba estudiando y empecé a hacer cosas, hice un trabajo que llamé Ciudadanos de Barcelona, que era gente de diferentes culturas que vivía en esta ciudad, por ejemplo gente asiática, de África subsahariana, eran musulmanes, y ese trabajo al final se convirtió en una exposición para S.O.S Racismo.

 

Adelantado para la época, por tu sensibilidad ¿verdad?

 

Bueno, yo siempre he sido un tipo de izquierdas y al ser de izquierdas esa sensibilidad siempre ha existido, desde que yo tengo memoria. Muchas veces, cuando miramos atrás somos un poco miopes, porque ese discurso existía, en el Raval ya había mucha gente de otras culturas, yo recuerdo que en la calle Joaquín Costa había mucha comunidad de filipinos, quiero decir que el fenómeno existía desde los ochenta, ha ido a más, pero existía.

 

Porque yo hice muchas fotos, hice fotos en mezquitas, hay una que me gusta mucho porque se ve un tío que está leyendo el Corán y tiene una tarjeta del metro de Barcelona, de los primeros años noventa, como punto del Corán. Estuve en una fiesta de año nuevo chino, porque en una calle de cerca de Plaza Sant Jaume, en algún momento había mucha comunidad china. En fin, todo eso existía, como existía S.O.S. Racismo.

 

Soy un hombre de izquierdas y eso hace que uno tenga una mirada más empática con el ser humano, por encima de nacionalidades y luego también me han parecido fascinantes los que vienen de allende los mares, hay esa fascinación infantil por esa persona que viene y que es igual que tú pero que tiene otras costumbre y maneras de expresar lo mismo que tú expresas, y eso siempre me ha parecido maravilloso.

 

¿Cómo llegas a Enderrock?

 

En el año 1992, quizá por el tema un trabajo o lo que sea, yo decido hacer una colección de retratos de gente de la Cançó catalana, retratos en blanco y negro muy clásicos, y quería hacer una mirada de los maestros —Ovidi Montllor, Serrat, Llach, Maria del Mar Bonet— hasta los nuevos que había en esa época como Joan Amèric, Enric Hernàez (que ya había empezado antes pero que ahí estaba), Miquel Pujadó, Marina Rossell, y quería hacer una mirada de los países catalanes, de la Cataluña norte, en fin, empecé a hacer ese trabajo y resulta que tuvo bastante éxito, hice muchas exposiciones.

 

En 1996 publiqué un libro que se llama Retrats de cantants i músics. Fue muy interesante, porque yo era un chaval joven que venía de Andalucía y estaba reivindicando la canción catalana en un momento en que en realidad, desde los años ochenta, había pocas voces, y sobre todo jóvenes, que la reivindicaran. Y yo, desde la fotografía, en ese momento, voy y la reivindico, fue interesante porque a mucha gente eso le sorprendía. La exposición la llevé en 1994 al Mercat de la música viva de Vic y es allí donde contactan conmigo Lluís Gendrau y Martí Escudé, que era en ese momento el responsable de fotografía del grupo Enderrock. Desde ahí empiezo a trabajar con Enderrock, poco tiempo después de haberse fundado. La primera portada la hice en 1994, que es la foto de Lluís Llach con el jersey y poco después fui jefe de fotografía de la revista durante muchos años y después ya lo comparto con Xavi Mercader.

 

Portada del libro «Cuba va! Dialogando con músicos cubanos» de Juan Miguel Morales.Vamos hacia el libro, pero tengo que decir que antes hay un punto de inflexión: decir BarnaSants en fotografía es nombrar también, entre otros, a Juan Miguel Morales.

 

Pues qué maravilla, porque BarnaSants es un festival imprescindible, que amo, lo amo por sí mismo y por la persona que lo lleva, que es Pere Camps, sin quien sería imposible y que es un imprescindible de la cultura en Cataluña seguro y en los países catalanes también, y yo creo que en el mundo, porque él ha llevado BarnaSants fuera de nuestras fronteras y también trae músicos de América Latina.

 

Yo he podido ir con BarnaSants a Cuba, por ejemplo, a hacer un homenaje a Aute en 2008, fue maravilloso.

 

¿Es a través de BarnaSants que estableces el contacto con Vicente Feliú, quien fue la primera persona que te ayudó para contactar con los músicos en Cuba para el proyecto de tu libro?

 

Yo no sé si fue a través de BarnaSants, pero que es importante BarnaSants para mi relación con Vicente es cierto. No recuerdo bien cuándo conozco a Vicente, pero sí recuerdo reuniones con él, ya preparando el trabajo y en todo caso, Vicente venía porque iba actuar en el BarnaSants. Era fundamental, sin el festival creo que no nos hubiéramos visto, porque Pere Camps es como hermano de Vicente, admirador, y lo ha tenido presente desde muy pronto en el BarnaSants y todavía en la edición de 2020 tendremos la suerte de que vamos a poder ver a Vicente actuar. Por lo tanto, sí que hay este vínculo, no recuerdo de qué manera ni cómo pero sí que está de fondo.

 

Sobre tu libro has dicho que se trata de conversaciones que has sostenido con cantantes y músicos cuando has ido a hacerles una fotografía, un retrato, y que esas conversaciones han pretendido poderte acercar al personaje. Respecto a cada personaje, primero está una pequeña biografía y luego la conversación, pero tus preguntas no salen, solamente la voz del personaje, a partir de lo cual se intuyen las preguntas. Me gustaría que me contaras las situaciones detrás de cámara.

 

Estuve un año preparando el proyecto. Estuve tres meses allí, la primera estancia, para hacer el trabajo. Con Vicente me reuní, que como hemos dicho, es súper importante. Luego conocí en la distancia a Iván Soca, fotógrafo cubano, a través de una amiga chilena, Emma, que nos pone en contacto. El tema es que estoy en Cuba tres meses solamente para este trabajo, una maravilla.

 

Los primeros quince días duermo en casa de la familia de Iván Soca. Yo me levanto y su mamá, Q.E.P.D, me prepara el jugo de fruta bomba, o sea, es todo lindo. Iván me lleva a concierto al Amadeo Roldán, es mi primer viaje a Cuba, es todo lindo, porque tengo el privilegio de estar con gente muy potente de la cultura cubana como Vicente e Iván, y voy diseñando esta lista de músicos que, en principio, ya traigo, y que en La Habana y en Santiago, pero también en Matanzas, se empieza a agrandar porque están los nombres que traigo más otros. Cada situación es única. Te puedo decir que cada historia es un barrio diferente.

 

El libro se desarrolla sobre todo en La Habana y en Santiago de Cuba. Lo normal es que cuando yo tenía una cita con un músico —aunque ya sabes cómo es la vida que te impone su caos—, por ejemplo cuando tenía la cita con Juan Formell, me llama Lucy, la secretaria de Silvio Rodríguez, para decirme que Silvio me podía ver esa tarde. Así que cogí corriendo un taxi de casa de Juan Formell a los estudios Ojalá, porque Silvio en ese momento estaba terminando el disco Cita con Ángeles, iba a ser papá y abuelo a la vez, por Violeta, entonces yo sé que hizo todo lo posible para poder verme, porque lo tenía bien complicado. Entonces, ahí por ejemplo, tomé las fotos corriendo.

 

Pero lo normal es que yo le dedicaba al artista todo un día, ese día comía en ese barrio y estaba en casa del artista todo el tiempo que el artista quisiera, no había tiempo, no existía el tiempo.

 

¿Cómo fue tu encuentro con Esther Borja, que tenía en ese momento noventa años y es una larga conversación?

 

Con Esther Borja estuvimos horas. Yo recuerdo como una maravilla, como un momento mágico de salir flotando, con ella a esa edad y con esa lucidez.

 

Esther Borja. © Juan Miguel Morales
Esther Borja.
© Juan Miguel Morales

 

Y con César Portillo de la Luz, Nico Rojas y El Tosco, ¿cómo fue?

 

Con César Portillo, igual, que era un gran conversador. Tomábamos café, fumábamos. Con Nico Rojas fue tierno, porque él y su mujer tocaron, me cantaron, fue una cosa también impresionante. Con "El Tosco" fue como tiene que ser, siendo fiel con su leyenda: piqué, no me abría, después de un rato de pronto sale una chica y luego pues tomando bucaneros, cerveza. Es decir, cada personaje marcaba un ritmo y eso era el encanto del trabajo, así se iba generando.

 

¿Qué tal fue con Richard Egües?

 

Richard Egües era muy mayor, pero también tuve el privilegio de que me tocase algunas piezas a la flauta ahí a mi lado, en su casa, nada menos que el autor de El bodeguero, la flauta de la Orquesta Aragón.

 

¿Qué me cuentas de Los Papines y Muñequitos de Matanzas?

 

Con Los Papines hubo muchos problemas, al final nos encontramos y fue muy interesante. Con Muñequitos de Matanzas estuve en Matanzas con ellos. Recuerdo que fue fantástico, estuve todo el día allí con ellos y cuando teníamos la conversación que yo grababa, yo entendía muy poco porque tenían esa jerga afrocubana, tan cerrada, que cualquiera diría que eso no es castellano, yo no entendía nada, pero era interesante porque la manera de hablar tiene una idiosincrasia o un no sé qué cultural que a veces comunica más una palabra, es bonito, tiene su magia, su belleza, fue muy lindo.

 

La conversación con Teresita Fernández es maravillosa, describe todo lo que tiene en casa, incluso te cuenta por qué se llama Teresita.

 

Claro, es que Teresita es única. Tú llegabas a su casa y te quedabas mirando esa casa que tenía, que ya delataba que ella era una persona especial, te iba diciendo la historia de cada objeto. Sus canciones eran su manera de vivir, su filosofía, su manera de pensar y su casa también.

 

José María Vitier finaliza su conversación diciendo que hay un tema que grabó hace muchos años que se llama Silvia, que resume su pasado, su presente y su futuro, es el nombre de su mujer.

 

Sí, ella es pintora, es un apoyo importantísimo, es su inspiración. Una gran mujer, Silvia Rodríguez.

 

De todas esas treinta y tres conversaciones con músicos ¿podrías decir una que te haya dado una vuelta a la cabeza?

 

Yo creo que es muy difícil, pero ya puestos diría que la de Esther Borja, pero realmente podría decir otra, en otro día o en otro momento, porque todas son muy interesantes y en algunas se nota que el personaje está abriéndose mucho. Esther Borja me interesa porque habla una mujer de noventa años, muy lúcida, que vivió en la época de Batista, que luchó contra ese criminal y que conoció los logros de la revolución, con las dificultades que le han puesto en el camino, con un bloqueo terrible, y esa mujer con todo ese bagaje te está explicando tantas cosas...

 

Piensa que a Esther Borja le hubiera ido genial si deja Cuba y se va a Miami como hacen muchas compañeras de su generación, y su decisión es quedarse. Ella te hace un análisis tan precioso. Aparte, Esther Borja, en la conversación, hace todo un análisis del hecho artístico de cantar que yo creo que le puede servir a cualquier mujer u hombre joven que empiece a cantar, porque hace unas reflexiones muy lúcidas y generosas.

 

César Portillo de la Luz © Juan Miguel Morales
César Portillo de la Luz
© Juan Miguel Morales

 

Todas esas conversaciones fueron grabadas en 2003 ¿cuándo las retomas para hacer el libro?

 

Yo las grabé en cassette, pero fíjate, cuando yo empiezo un proyecto nunca lo doy por acabado, este libro de los músicos cubanos siempre está abierto, porque se puede seguir alimentando, pero bueno, he cerrado, como mínimo, una fase del proyecto, y claro, en 2003 trabajé tres meses allí, trabajé mucho, aunque después volví a cuba varias veces —por otras razones, por ejemplo hice un trabajo sobre jóvenes del jazz para la revista Jazz— y cada vez que iba, aunque iba para otras cosas siempre aprovechaba e iba alimentando mi trabajo de los músicos cubanos, pero de alguna manera lo que hice en 2003 sería como una primera fase de este proyecto.

 

Así que empecé a moverlo, intenté publicar un libro de fotos, no pude, me fue imposible, sí monté una exposición que se pudo ver en la Galería SETBA, en La Habana también, en la Escuela de fotoperiodismo José Martí, en el lobby del Amadeo Roldán en 2008 dentro del homenaje a Aute hecho por BarnaSants, esa se llamó Doce más uno, que eran doce trovadores cubanos más un retrato de Aute. La inauguración fue una maravilla, cantó Vicente Feliú, estaba Aute, por supuesto Pere Camps, quien hacía posible todo eso.

 

El trabajo ahí se quedó, empecé a hacer con Omar Jurado el trabajo sobre Lluís Llach, que se publicó en 2007 cuando se retira Llach, y ya me había olvidado que tenía este trabajo, pero de alguna manera había decidido que no se publicaría ningún libro, porque como el libro de fotos no interesaba pues ahí se quedaba en el cajón y formaba parte de mi material de archivo.

 

De pronto, hablando con Javier de Castro, que es editor de Milenio, una editorial con la que yo he colaborado porque han usado fotos mías para algunas portadas de libros suyos, como las biografías de Joan Isaac y Maria del Mar Bonet o uno de los libros sobre Serrat que hizo Luis García Gil, entonces hablando con Javier me pregunta ¿qué trabajos tienes en el cajón?, y le dije tengo esto de los músicos, pero no va con vosotros, porque esto es fotografía y vosotros no hacéis libros de fotos, pero le dije tengo unas conversaciones en cassette con muchos de estos músicos, y como son músicos muy potentes, primeras figuras de muchos géneros, me dijo que escuchara las conversaciones y si tienen interés vamos a hacer este libro. Fue un trabajazo, porque tuve que buscar los cassettes, recuperar el reproductor de cassettes, oír las conversaciones, transcribirlas y estoy muy contento con el libro.

 

¿Tú habías pensado el libro de esta manera?

 

No, no pensé ese tipo de libro, cuando tenía esas conversaciones y las grababa nunca pensé que acabarían en ese tipo de libro, ha sido una sorpresa para mí incluso. Yo grababa esas conversaciones más como para mí, por si tenía que poner una frase en un libro de fotos, para tener recursos e informarme yo, conocerlos mejor, aprovechar el privilegio de estar con ellos, aprender.

 

Hay fotos maravillosas de Compay Segundo, Omara Portuondo, Chucho Valdés, Silvio Rodríguez...

 

La foto con Compay fue cuando estuve en los estudios Abdala, si no me equivoco, allá en Miramar y él tenía unos ensayos con su grupo, ya estaba muy mal, creo que es la última sesión que le hacen, porque él muere en 2003, es decir, fallece el año en que yo le hago esa foto. Lo vi mal, intenté tener una conversación con él, pero ya era muy complicado. Ahora, era impresionante, porque me permitieron estar en los ensayos, yo me senté y estuve escuchándolos, y digo que era impresionante ver a Compay, que estaba ya un poco fuera de la realidad, cuando le tocaba hacer coros o hacer un solo de tres era como que renacía, como que fuera el Compay de siempre. Fue muy bonito.

 

Con Chucho fue quedar en un hotel, para hacer el retrato, no hubo mucho tiempo, igual que con Omara, fue una cosa rápida. Con Silvio hubo mucha conversación, pero no se grabó, porque la conversación fue de enseñarme cosas que estaba grabando, enseñarme el estudio, porque estaba haciendo un disco nuevo. Fue una conversación muy tierna y muy auténtica, aprovechamos el tiempo así.

 

No hay conversación pero él ha escrito unas palabras que junto con las de Vicente Feliú prologan el libro.

 

Sí, así que las fotos tanto de Vicente como de Silvio están y además con esas palabras que prologan el libro, y cuando gente de su generación como Noel Nicola, que ya no está vivo, o Augusto Blanca están explicando lo que fue la Nueva Trova, tampoco es necesario que conste una conversación.

 

¿En Cuba cómo ha sido recibido tu libro ¡Cuba Va!?

 

En Cuba ha salido en una agencia de noticias y en un portal, ha habido muy buenas críticas, ha sido muy bien recibido, a la gente que lo conoce o lo ha leído le ha gustado mucho, cosa que me deja muy satisfecho porque es pasar la prueba del algodón, porque que les parezca en Cuba que tú estás aportando algo hablando de su cultura es para mí un placer, significa que el trabajo tiene sentido y razón. Te diré también que desde septiembre se distribuye en México y a partir de enero se distribuirá en Argentina.

 

Ahora estás con el proyecto de un nuevo libro, sobre Carlos Cano. ¿Cómo va ese proyecto?

 

Llevamos como cinco años trabajándolo, yo siempre me meto en proyectos largos, de cinco, seis hasta ocho años, ahora ya no me puedo meter en proyectos de tantos años, pero este será uno de los últimos que haga que me cueste tantos años hacerlo, pero si la vida está de acuerdo el año que viene se publicará, cuando se cumplen veinte años desde que no lo tenemos en este planeta, en esta tierra, a nuestro lado, aunque sí lo está con su obra.

 

BarnaSants le dedicará un concierto especial, por el vigésimo aniversario, Omar Jurado y yo estamos haciendo un libro que se llamará Voces para una biografía, en el que más de cincuenta personas reconstruyen su biografía, no solo su biografía sino todos aquellos lugares a donde nos lleva la obra y la vida de Carlos, como por ejemplo la lucha del pueblo saharaui, las madres de la Plaza de Mayo, la lucha de los pueblos indígenas, por supuesto la lucha de Andalucía por su identidad, todo esto se va desarrollando con sus protagonistas. Espero que este libro también salga el año que viene.










 
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