Catorce músicos, un director/arreglista y una intérprete sobre el escenario. La unión entre las canciones francesas que más le gustan a Anna Roig y las composiciones exquisitas y cuidadosas de Alex Cassanyes.

Canciones de Jacques Brel, Claude Nougaro, Serge Gainsbourg, Barbara y otros autores que, al descubrirlas y enamorarse de ella, Anna había ido guardando en un cajón esperando poderlas cantar algún día.
Casualmente, todas con algún punto de esta tan necesaria ternura de la que a menudo parece que carezca el mundo.
Arreglos con el equilibrio justo entre potencia y dulzura, como la ternura. Llenos de matices, como la ternura. Perfectos para disfrutar aún más de estas canciones, con una nueva sonoridad que les rinde un grato homenaje, tanto por la exquisitez en la escritura del acompañamiento musical como por la delicadeza de los músicos en su interpretación.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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