Fancín, el último disco de Pol Cruells, es sin duda su trabajo más poliédrico. Con una presentación más propia de una revista alternativa que de un disco convencional, las letras de las canciones se acompañan de un fanzine con un mensaje plástico que quiere ir más allá del sonoro.

El fanzine en sí es un homenaje a los autores gráficos de los cómics para adultos de los años 80, un imaginario apocalíptico lleno de crítica social, fantasía, ciencia ficción y erotismo, que rompía con la época franquista y que marcó la adolescencia del músico.
En cuanto a los contenidos, la reivindicación del paisaje mediterráneo a Posidònia y la crisis medioambiental en L'últim iceberg se suman al drama de la migración en el Mediterráneo en L'onada o de la situación política en Quan surti d'aquí.
El universo musical de Pol Cruells es resultado de una personal fusión entre el folk mediterráneo y el anglosajón, con unas canciones que orbitan cerca del pop pero que apuntan a la World Music.
El bajista y cantante de Sabadell ha publicado ya cuatro discos de larga duración. Inicia su discografía con Passeu, passeu… (Gorvijac, 2011) y sigue con Casa i vent (RHRN, 2013) donde se hace evidente su talante mediterráneo. Con Astronauta de terrat (Microscopi, 2015) consolida su sonido actual. Este año publica Fancín (Microscopi, 2019) su registro más maduro donde apuesta decididamente por la temática social combinando la frescura del pop y la calidez orgánica del folk, su sello personal.
Los músicos habituales que acompañan a Pol Cruells son Albert Carbonell a las guitarras, Xavi Castaños a la mandolina y Ramon Aragall a la batería.
Pol Cruells compagina su trayectoria en solitario con su faceta de bajista de las giras de Els Amics de les Arts y de otros artistas con los que colabora esporádicamente como Joana Serrat.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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