Tras su etapa como líder de Il Parto delle Nuvole Pesanti, Peppe Voltarelli, bluesman, cantante y actor calabrés, lleva más de una década como solista, con discos de éxito como Ultima notte a Malá Strana (2010), Lamentarsi come ipotesi(2014) o Voltarelli canta Profazio(2016).

Este año Peppe Voltarelli regresa a Cataluña para una Voltarelliana, es cuatro espectáculos preparados expresamente para Cose de Amilcare y el BarnaSants.
En los primeros, nos propone un viaje al estilo de los cantastorie —con guitarra y bandoneón— a través de las canciones de cine italiano de los años sesenta y setenta. De Enzo Jannacci a Gino Paoli, de Nino Rota a Luigi Tenco, de Sergio Endrigo a Domenico Modugno, Voltarelli nos mostrará como los cantautores italianos influenciaron directores como Dino Risi, Mario Monicelli, Carlo Lizzani o Lina Wertmüller, que representan la época dorada de cine del Belpaese.
En el cuarto y último de estos conciertos, en La Planeta de Girona, el cantautor calabrés vuelve a sus composiciones, moviéndose entre la clásica forma de la canción y un recital cantado, hecho de versos poéticos, líneas melódicas arcaicas e improvisaciones que crean ritmos donde las palabras no olvidan nunca la lengua de su tierra de origen.
Un vagabundo con una voz poderosa.
Nota editada.- Concierto cancelado siguiendo las medidas preventivas para evitar la expansión del COVID19.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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