Paradís, el segundo trabajo de la cantante mallorquina Joana Gomila, que presentó en directo el pasado 27 de febrero en el festival Tradicionàrius, supone el sorprendente retorno de una de las voces más importantes del panorama de la música cantada en catalán, esta vez a dúo con Laia Vallès.
![]() Joana Gomila y Laia Vallès en su reciente presentación del pasado 27 de febrero en el festival Tradicionàrius.
© Xavier Pintanel
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Cuando publicó Folk Souvenir, la mallorquina Joana Gomila sacudió el mundo de la música tradicional con una manera de hacer las cosas tan personal como atrevida. Ha habido pocos discos que hayan capturado de manera tan fiel el alma misma de las canciones de campo mallorquinas, en parte y paradójicamente, por su capacidad de liberarlas de los corsés y reimaginarlas desde puntos de vista caleidoscópicos.
En su nuevo trabajo, Paradís (Bubota 2020), Gomila parte de un nuevo formato a dúo con Laia Vallès junto a quien, con un sonido expansivo y transgresor (teclados, sintetizadores, samplers), profundiza en el espíritu de investigación y experimentación que dio impulso a su debut a la vez que amplía su lenguaje sonoro incorporando canciones de composición propia que nos obligan a replantearnos todo lo que sabíamos de ella y la clase de artista que tenemos delante.
Porque este segundo trabajo es un artefacto ambicioso y complejo: Paradís es un disco que se mueve en círculos excéntricos, que a partir de puntos en común crea nuevos círculos, nuevas islas de significado y reflexión: sobre cómo cada uno de nosotros es un isla y sobre nuestra necesidad de formar archipiélagos.
También es un disco sobre una isla, Mallorca, y ser de una isla. Los nacidos ahí suelen ser poco conscientes de hasta qué punto haber nacido en una isla es tanto un estado mental como geográfico. De hecho, cuenta Joana Gomila que ella nunca se sintió identificada con el imaginario fantástico sobre islas, con lo que leemos en los libros o vemos en el cine y la televisión, que nada tenía que ver con su manera de vivir la insularidad, bastante más inconsciente, natural y mundana que la de Robinson Crusoe: para los mallorquines, Mallorca es un lugar bastante normal, al menos la mayor parte del tiempo.
No fue hasta que se instaló en Barcelona y comprendió que podía llegar a China en bus, que fue consciente de ser de una isla y lo que eso implicaba.
El trabajo de Laia Vallès brilla por su inagotable imaginación, permitiendo que resuenen a lo largo del álbum de Bon Iver a Alan Lomax y Chopin haciendo que parezca que nunca ha habido demasiada distancia entre ninguno de los tres, un nuevo e insospechado archipiélago.
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