El gran músico descubrió este rincón de Córdoba a fines de los años 30. Allí, en Cerro Colorado, levantó Agua Escondida, la única casa que tuvo en su vida. Hoy es la sede de la Fundación Atahualpa Yupanqui.
![]() Vista aérea de «Agua Escondida», como bautizaron a su casa.
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Télam | Gabriel Esteban González - A 160 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba y a 900 de Buenos Aires está el lugar en el mundo que eligió Yupanqui. Donde levantó una choza de piedra y paja y que con los años se transformó en la única casa que tuvo en su vida, en la ladera del Cerro Colorado, en una de las vueltas del río Los Tártagos.
En 1987, cinco años antes de su muerte, allí, a unos cinco kilómetros del pueblo de Cerro Colorado, creó la Fundación que lleva su nombre, con el objetivo de proteger el patrimonio cultural argentino y latinoamericano. Tras su partida, Roberto "Kolla" Chavero y sus hijos tomaron la antorcha de esta misión.
"Cuando los turistas descubren este lugar, comprenden por qué Yupanqui escribía y componía como lo hacía", cuenta hoy su hijo, el presidente de la Fundación, quien asegura que la vigencia de su padre radica en lo genuino de su palabra. "Muchos buscan las palabras sabias que ayudan a orientarse en momentos de crisis personales o sociales. Y así llegan al Tata", reflexiona.
![]() Atahualpa y su hijo, el «Kolla» Roberto.
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Además de ser una reserva cultural y natural, el Cerro Colorado fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1961, y Parque Arqueológico Nacional en 1957, debido a la riqueza de miles de imágenes de arte rupestre. El río Los Tártagos —al que Yupanqui bautizó "Agua escondida" a partir de la curva que pasa junto a su casa— explica por qué Yupanqui se enamoró de este lugar.
El Museo de la Fundación sintetiza la vida del artista. Hay una biblioteca popular llamada Pablo del Cerro, el seudónimo de Nenette. La Remington con la que escribía Atahualpa; el piano de su esposa; una acuarela de Quinquela Martín dedicada: "Al amigo Atahualpa Yupanqui, por su alma de artista"; la invitación al concierto en el que Edith Piaf lo presentó en Francia; guitarras; el afiche de un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York; una foto autografiada por el Che Guevara…
Y en el parque está el roble que da sombra al lugar donde descansan los restos de Yupanqui y los de su amigo El Chúcaro.
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