Concierto: Centro Pablo de la Torriente Brau. BarnaSants
Lugar: Harlem Jazz Club
Fecha: 2 de marzo de 2008
Rita del Prado nos contaba que por allá el siglo XVIII apareció en Cuba el primer trovador. Parece ser que Juan Pandero —que así se llamaba— mató a otro hombre por un asunto de mujeres, celos e infidelidades. Protegido por alguno de sus amigos Juan Pandero no llegó a pagar sus culpas evadiendo la justicia. Dice la leyenda que este es el motivo por el cual hay tantos trovadores en Cuba, para expiar las culpas del trovador primigenio. Yo que soy de los que creo que la ciencia es el único Dios y el método empírico su único profeta no puedo darle a la leyenda ningún tipo de crédito pero es muy verdad que —llámese Juan Pandero, Dios o llámese energía— existe algo, algún motivo, para que Cuba haya dado en las últimas décadas tal cantidad de trovadores y de tanta calidad.
Y si la leyenda fuera cierta muchas culpas debía haber cometido nuestro estimable amigo Pandero porque todavía siguen apareciendo muchos y buenos trovadores en Cuba.
El papel que desarrollaron en su día la Casa de la Américas y la inolvidable Haydée Santamaría en la aparición de la primera generación de la Nueva Trova Cubana, ahora lo ejerce el Centro Pablo de la Torriente Brau, capitaneado por el poeta, narrador, cineasta y periodista Víctor Casaus. El Centro Pablo acoge, promociona, difunde y anida a esta nueva generación de trovadores —la generación X—, la cuarta desde la aparición de Silvio, Pablo, Noel, Vicente, Amaury, Augusto y tantas otras leyendas vivas.
Era inevitable que el Centro Pablo y el BarnaSants cruzaran y juntaran sus caminos en una colaboración con vocación de continuidad según han declarado los directores de ambas instituciones.
Y en el marco de esta primera colaboración, el pasado 2 de marzo se presentaron los trovadores Rita del Prado, Lázara Ribadavia y Ariel Díaz. Los tres presentaron lo más nutrido de su repertorio. Rita con una interpretación y ejecución muy correctas y una repertorio un tanto naïf pero no por ello menos impactante y sorprendente. Lázara con su voz profunda, su tremenda verborrea y unas canciones extremadamente dulces —al igual que Rita— en la más pura tradición trovadoresca. Ariel, de una trova más dura y ecléctica, incluso a veces dispersa. Aunque el concierto resultó algo improvisado —algunos prácticamente acababan de aterrizar— nos hicieron disfrutar y, lo que es más importante, dejaron la puerta abierta y el listón muy alto para los que de seguro vendrán el año que viene.
Que por muchos años más el pecado de Juan Pandero quede sin castigo.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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