Alejandra Lastra, productora, manager, esposa y musa de Patricio Manns ha fallecido hoy como consecuencia de un cáncer de colon avanzado en etapa 4, en la Clínica Reñaca de Viña del Mar, el mismo recinto donde se encuentra ingresado desde hace unos días el trovador chileno por problemas derivados por la diabetes.
![]() Alejandra Lastra y Patricio Manns.
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Alejandra Lastra, argentina de nacimiento y psicóloga de profesión conoció a Patricio Manns en septiembre de 1979 y desde entonces "toda mi vida cambió", como reconoció el trovador chileno en su biografía Conversaciones con Patricio Manns. Hemos hecho lo querido y hemos querido lo hecho.
Se casaron en Gibraltar en 1983 y se fueron a vivir a Trez-Vella, en la frontera franco-suiza, concretamente en la calle Tarverney, más tarde en otra calle de la mima localidad y regresaron a Chile a finales de los 90 en Concón, en la provincia de Valparaíso.
Alejandra Lastra estuvo unos años trabajó en la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, en Ginebra; y desde finales de los ochenta se desempeñó como productora y manager de su esposo.
Se da la circunstancia de que Patricio Manns se encuentra ingresado en la Clínica Reñaca de Viña del Mar —la misma donde ha fallecido su esposa— debido a un problema en el pie agravado por su diabetes.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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