| Sábado 8 de mayo Claustre de Manacor (Mallorca) – 19 h – (precio por concretar) Mai se’n va, sempre és qui torna | ![]() |
Sí, esto y así y sin saberlo, arrancó el día que Ovidi se fue de vacaciones y nos quedamos mudos medio de la calle.

Éramos muchachos desconcertados en un mundo ya injusto y desigual; y sí, ya ocupábamos calles contra la intemperie.
Esto continuó desde márgenes y tangentes, sí, un 2006 cuando, contra la ley del silencio y los planificadores del olvido, jóvenes precarios desbordaron y llenaron un Palacio -el de la Música- para recordar al obrero de la palabra de Alcoi y desobedecer al absurdo.
Esto ha ido ensanchándose, boca oreja y gota a gota y para el desconcierto de gestores e inquisidores, cuando en 2015 el Año Ovidi se convirtió en una red arraigada de actos colectivos, reencuentros compartidos y resistencias comunes: desde abajo, nunca desde arriba.
Y también: Ovidi3 debía durar entonces un día y mutó clandestino en Ovidi4 -gracias, Mireia- y durante cinco años a ras de suelo.
Ya nos íbamos, para poder volver algún día, y porque estábamos más perdidos que Ovidi en la transición de 1978 y porque todavía queremos.
Y de repente, tan lejos y tan cerca, nos llueve este 2020 zapatista -el fuego y la palabra-, que nos recuerda y susurra que desde 1995, allí donde vamos, te llevamos puesto, Ovidi.
Empapados de memoria, mojados de ti. Por dentro y por fuera. Y todavía en pie.
Y tú siempre allí, en los momentos buenos -sí y siempre- pero sobre todo, contra tantos momentos malos.
Porque contigo -compañero, artista, cantante, payaso- todo sigue siendo posible. La vida, por ejemplo...
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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