Autoridades culturales y medios de prensa evocan hoy aquí el aniversario del fallecimiento de Alfredo Zitarrosa, considerado el máximo cantante popular de Uruguay.
PL - Hilario Pérez, uno de los guitarristas de Alfredo Zitarrosa y con quien compartió los primeros años de trayectoria, consideró a "Coplas del canto" (1971) como la mejor de las producciones del cantor.
"Ahí integré a Julio Cobelli y Walter de los Santos. Es el mejor disco, no porque seamos mejores guitarristas, sino porque le dije a Alfredo: Vamos a hacer un disco diferente a todos lo que hiciste. Dos meses ensayamos, y se logró", comentó.
Sobre las canciones de Zitarrosa que todavía perduran contestó: "¿Qué tenía él, porque es un aire un poco parecido a lo que pasa con Gardel. Qué tiene Gardel?".
Y agregó "el único misterio de Gardel es la vibración de la voz. Única. ¿Usted escuchó alguna voz parecida a la de Alfredo? Ni a la de Gardel tampoco. Aparte componía cosas que cualquiera podía entender".
Explicó que Zitarrosa hacía una milonga media arpegiada pero además -dijo- "Alfredo se animó a escribir sobre una medida de zamba. A quién se le va a ocurrir, sólo a él".
Alfredo Zitarrosa (1936-1989) fue cantante, compositor, poeta, escritor y periodista uruguayo, considerado una de las figuras más destacadas de la música popular de su país y de toda América Latina.
Especialistas destacan que su vida infantil en el interior lo marcaron para siempre, notándose en su repertorio la inclusión mayoritaria de ritmos y canciones de origen campesino, fundamentalmente milongas.
Adhirió al Frente Amplio de la izquierda uruguaya, lo que le valió el ostracismo y finalmente el exilio durante los años de la dictadura (1973-1985).
Sus canciones estuvieron prohibidas en Argentina, Chile y Uruguay durante los regímenes dictatoriales que gobernaron esos países.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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