La cantante y compositora potosina Luisa Molina falleció la madrugada de este domingo a la edad de 66 años a causa del coronavirus (Covid-19) tras ser internada en el hospital de Cotahuma de La Paz el pasado 25 de mayo.
![]() Luisa Molina.
© Álvaro Valero
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Luisa Gabriela Molina Terrazas, natural de Uyuni, departamento de Potosí, comenzó su carrera artística en 1973. Además, fue bailarina y actriz de teatro y fundó el Grupo Femenino Bolivia. Se convirtió en un ícono del folclore nacional y es recordada por canciones como Me recordarás y Cañita cañaveral.
El pasado 27 de abril de este año, ella recordaba los tres meses de la muerte por Covid-19 de su hermano, el coronel del Ejército Jacob Molina Terrazas.
El presidente boliviano, Luis Arce, expresó sus condolencias por el deceso de Luisa Molina: "Estamos muy entristecidos por el fallecimiento de la maestra y cantautora, su valioso aporte a nuestra cultura será una huella imborrable", escribió el gobernante en su cuenta en Twitter.
También el expresidente Evo Morales integró la lista de políticos, instituciones y personalidades que manifestaron su sentir ante la muerte de Molina, quien fue también docente y embajadora de la música boliviana.
"Nuestro pesar por la partida de Luisa Molina, artista referente de la música folklórica boliviana. Nuestras condolencias a su familia y colegas por esta pérdida irreparable", expresó en Internet el exjefe de Estado.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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