El provocador cantautor y actor francés Serge Gainsbourg vuelve a la escena francesa con una subjetiva película sobre su vida dirigida por Joann Sfar y titulada "Vie héroique", que se estrenó ayer en las salas galas.
EFE/Redacción - La pluma del dibujante y guionista Sfar traza un retrato fresco y personal del artista, fallecido a principios de los 90, en un largometraje de colores cálidos que se aleja de otras películas del género y que constituye la "opera prima" del director.
El epígrafe del cartel, que califica la película de "cuento", adelanta que el creador del film ha imaginado una trayectoria que se cruza, en ocasiones, con la realmente vivida por el padre de la actriz Charlotte Gainsbourg.
El retrato, en lugar de centrarse en su carrera musical, presenta al intérprete de "Je t'aime, moi non plus" como un niño judío en la Francia ocupada de los años 40 y como un pintor frustrado, en este film de más de dos horas de duración.
La cinta recoge también una vida de excesos de este mujeriego cantante de larga nariz y pronunciadas orejas, al que resucita el actor Éric Elmosnino con plausible mimetismo.
Algunas de las amantes más conocidas de este artista, que empezó su carrera en los años 60, se hacen un hueco en la película.
Así, la musa erótica Brigitte Bardot es interpretada por Laetitia Casta, con quien guarda un gran parecido, mientras que la inglesa Jane Birkin está encarnada por Lucy Gordon.
Conocido a partes iguales por su faceta artística y por su actitud provocadora, Gainsbourg falleció a los 62 años debido a problemas de salud ocasionados por su adicción al tabaco y al alcohol.
El estreno ha estado marcado por el suicidio de Lucy Gordon el pasado mayo en su apartamento parisino. La modelo y actriz británica superó en el casting a más de 500 candidatas. Era su oportunidad de oro. Y parece que lo consiguió, por lo menos, en opinión de Jane Birkin. "Había tanta honestidad, tanta frescura en su cara, que yo no podría estar más halagada", reveló.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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