Canciones como flores (Shagrada Medra 2021), es la segunda propuesta discográfica de la agrupación argentina Barro y reúne once canciones eclécticas del litoral argentino compuestas por ellos mismos.
Canciones como flores es el resultado de varios años de trabajo de la banda argentina Barro en el que se abordó la creación individual y la creación colaborativa del grupo.
"Canciones-ofrenda a la naturaleza, a lugares, a las personas que vienen y las que ya no están. Una ofrenda a la vida que nos rodea", según cuentan ellos mismos.
Sus relatos sonoros están impregnados de múltiples estéticas y conceptos: se aprecian ideas lúdicas otorgadas por los instrumentos elegidos, por el abordaje al cantar y por todo lo que se escucha que excede lo musical y es parte del relato creado.
En el armado de las canciones y sus arreglos se apuesta a la exploración en laboratorio de cada canción, en el que se busca el encuentro entre la palabra, la música y las múltiples posibilidades de instrumentación, la superposición de capas y diálogos entre esos planos.
Al momento de componer y arreglar las canciones los artistas despliegan en la mesa de trabajo lo que llevan en su bagaje musical: así aparecen y conviven ritmos afro americanos con sonoridades litoraleñas o andinas, sutiles contrapuntos de la música de cámara, momentos de improvisación jazzísticos y de intensidad cercanos al rock.
En palabras de los artistas "los géneros y especies musicales funcionan no como una receta organizadora estática sino como un texto o color más que aporta sentido al entramado musical. El resultado sonoro esquiva definiciones y se aleja de la unicidad de la fusión; más bien se asemeja a la pluralidad de un collage en donde el principio ordenador que rige esa diversidad es la inteligibilidad de la palabra cantada: la voz como portadora e instrumento único integrador de los lenguajes verbal y musical".
Es una propuesta artística con una profundidad y diversidad sonora y estética puesta en función de potenciar el mensaje poético. Asimismo, es una obra con compromiso que nos interpela y nos pone en jaque como oyentes activos.
El disco nos convoca a vivir una experiencia para escuchar, sentir y ver: nos invita a recorrer paisajes, a recordar, a viajar con los sonidos y la poesía, invita a dejarse sorprender y aventurarse al juego y la introspección con la misma potencia.
Acerca de Barro
Desde la ciudad de Santa Fe, litoral argentino, la agrupación Barro está comprometida con el trabajo de la autogestión, el modo de trabajo cooperativo, artesanal e independiente para la creación, la comunicación y la construcción de vínculos y redes desde una lógica artística autoral.
Su repertorio aborda la canción ecléctica del litoral argentino, con una forma de decir y de cantar, moldeada por la diversidad cultural y los paisajes que les rodean y convocan.
Han recorrido historias de ríos, mares y ciudades. Sus canciones nacen desde una mirada sensible a lo cotidiano, que revuelve e indaga su "mochila cultural", usando sin prejuicio lo que hay en ella: las tradiciones heredadas, las impuestas y las que salen a buscar y elegir como propias.
La música se encuentra impregnada del gran abrazo de la naturaleza que los rodea: el río, el canto de los pájaros, los colores del cielo, las estrellas, los árboles, las flores. La canción se abre al juego, a la búsqueda de los timbres sonoros que esté invocando con su poesía. Así, cada canción, cada historia contada en ella, cada paisaje representado tiene su tinte único y especial.
Cada uno de los integrantes, tiene una intensa actividad en la música, la docencia, las artes escénicas con proyectos simultáneos, algunos compartidos entre los que se destacan Paquito, propuesta musical-escénica pensada para las infancias.
Barro está formado por Cintia Amorela Bertolino (voz, percusión), Franco Bongioanni (voz, guitarras, piano), Agustina Cortés (saxo, teclados, percusión, voz) y Gonzalo Díaz (batería, percusión, guitarra, teclado, voz).
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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