El músico chileno Ismael Oddó estrenó el disco Canciones con mi viejo, una recopilación de temas que su padre, Willy Oddó, grabó en cassettes que enviaba desde el exilio durante los ’80.
Canciones con mi viejo no es un disco solista de Ismael Oddó ni un álbum póstumo de su padre. El disco reúne fragmentos de entrevistas y comentarios de Willy Oddó y diez canciones: siete zambas argentinas, dos tangos y Por qué cantamos, la musicalización de un poema de Mario Benedetti. Ismael restauró los tracks y arregló las canciones.
Por qué cantamos es un poema de Mario Benedetti y para el cual Willy Oddó, compuso una música el año 1986 durante el exilio en Francia y cuando era integrante del grupo Quilapayún. Logró montarla junto a un grupo de amigos y estudiantes franceses admiradores de la cultura latinoamericana pero sin nunca haberla grabada profesionalmente.
Mientras hacía los arreglos, grabó sobre un cassette, un demo de la canción, con su voz y su guitarra para tener un registro que le sirviera de guía y también para compartirlo con su familia en Chile y en Venezuela. Como muchos otros cassettes antes enviados, el cassette viajó por mano hasta Santiago donde los padres de Willy pudieron descubrir la canción.
Los años y la vida pasaron, hasta que Ismael descubrió el cassette y la canción que quiso arreglar y remozar invitando a destacados artistas chilenos como Pablo Ilabaca, María José Quintanilla, Magdalena Matthey, Javier Barría, Vicente Cifuentes, Javiera Parra, Ricardo Venegas, Abel Zicavo, Alvaro Henríquez, Camila Moreno, José Seves, Roberto Márquez, Lucas Oddó.
Todo ello con el fin de levantar el sentido colectivo, libertario, urgente y popular del texto de Benedetti. Es un homenaje para quienes lucharon por una sociedad más justa, y es también un llamado para quienes siguen luchando y levantándose contra la injusticia y la violencia de los sistemas represivos. Es un diálogo entre el pasado y el presente que observa su futuro esperanzado tomando como aliado el fenómeno más espontáneo, cautivador y empático que es el canto.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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