Es público y notorio que desde septiembre de 2003 existen dos grupos que utilizan el nombre "Quilapayún" para sus presentaciones, uno dirigido por Rodolfo Parada y otro por Eduardo Carrasco. Ambos se proclaman como únicos propietarios morales y ambos niegan la existencia del otro.
Hasta la fecha, la postura defendida por CANCIONEROS.COM había sido clara y explícita: Había por un lado un Quilapayún que había dado continuidad y credibilidad al proyecto y por otro lado un grupo de excomponentes reagrupados.

Ahora tras la sentencia de la Corte de Apelaciones de París y aunque ésta sea sólo de aplicación exclusiva en territorio francés, negar la existencia de dos Quilapayunes sería impropio del rigor que ha caracterizado CANCIONEROS.COM y nos impone un cambio de criterios que, a partir de ahora, serán los siguientes:
1) Se considerará como "Quilapayún" (sólo Quilapayún) todo aquel material anterior a septiembre de 2003, fecha en la que sólo había un grupo.
2) Todo material posterior a septiembre de 2003 se referenciará como "Quilapayún – Parada/Wang" ó "Quilapayún – Carrasco".
Es evidente que no todos estarán de acuerdo con estos criterios, como no todos lo estaban con los anteriores, como no lo estarían si los criterios fuesen otros. Nosotros respetaremos todas las opiniones pero como decía el poeta hay que tomar "partido hasta mancharse". Esto es la base de nuestro compromiso y lo que nos ha colocado en la posición que estamos dentro del mundo de la información digital.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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