Después de 25 años de larga espera, acaba de ver la luz La última noche en el Círculo de Bellas Artes, un disco grabado por Chicho Sánchez Ferlosio y Rosa Jiménez acompañados por el pianista Mariano Marín.
En 1997 en la sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes de Madrid Chicho Sánchez Ferlosio y Rosa Jiménez acompañados por el pianista Mariano Marín dieron un concierto que después de 25 años de larga espera, acaba de ver la luz.
Se trata de La última noche en el Círculo de Bellas Artes, una aproximación a un personaje tan fascinante que es Chicho Sánchez Ferlosio de la mano de Madmua Records que se inició con la reedición de su disco Canciones de la Resistencia Española. Le siguieron el documental Si me borrara el viento lo que yo canto, dirigido por David Trueba, y un álbum inédito, Yo no vivo por vivir, grabado en la Academia de Agustín García Calvo.
La última noche en el Círculo de Bellas Artes incluye temas inéditos como Medias verdades, Maldita mili o Encuesta junto a una central nuclear. Y repasa algunos clásicos del repertorio ferlosiano, como Si las cosas no fueran, Afro Tambú, El mundo que yo no viva o Coplas retrógradas. Complementan la producción Las moras negras, La Maremma, Pero al cuarto no, La ley, Tú cuya mano me ha bañado y La Gracia nevando.
Una delicia sonora y lírica en la que brillan los delicados arreglos de Marín, el ímpetu y la fuerza de Rosa y la poderosa naturalidad de Chicho.
La portada ha sido confeccionada ex profeso por el pintor Octavio Colis, amigo de Chicho y Rosa y autor de portadas icónicas como el Malas compañías de Joaquín Sabina. Incluye un díptico con todas las letras y con textos de Rosa Jiménez, Mariano Marín y Octavio Colís.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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