Hilanderas es el primer disco de María de la Flor, una artista de Madrid que si bien comenzó en la música hace tiempo lleva sólo dos años desarrollando este proyecto con composiciones propias.
Hilanderas es un disco grabado en directo en Estudio Uno por un cuarteto de cuerda, formado por Esther Marco, Anika, Milena Brody y Helena Martínez, y voz. Los arreglos los trabajaron María y Lorenzo Moya, moldeando canciones construidas a un modo "tradicional" para ser interpretadas por instrumentos en esta formación clásica, en este disco con esta vertiente moderna, fresca y jovial.
Las letras transitan la dicotomía de los opuestos, la similitud en los contrarios y la belleza del contraste; todo con una esperanza de fondo: compartir a través de la música.
Hilanderas hace un guiño a los instrumentos de cuerda con los que está grabado, así en los instrumentos del cuarteto como en la voz de María, y plasma con la metáfora de la bobina, los entresijos y las madejas la estructura que aporta cada elemento individual que es un hilo siempre y cuando se contextualice y comunique con los otros.
La música construida por una base instrumental que se enreda y ordena en sí misma para poder sonar, y que da pie y sustento a una voz cantante que en ella se sostiene, entrando y saliendo como si de un telar se tratara.
María de la Flor es violinista, cantante y compositora. Su formación en músicas tan distintas como el jazz, el flamenco o la música clásica la dotan de un poso y una profundidad casi inéditos en el circuito de la nueva canción castellana.
"La artista que reivindica el valor de la música tradicional en tiempos de auto-tune" lo ha demostrado en Temple, el EP con el que debuto? en 2021, y lo sigue demostrando en sus nuevas canciones, como El son del camino en el que unía fuerzas al productor Juanma Latorre (Vetusta Morla) para componer y producir una canción que, sin alejarse del color folclórico de Temple, desvelaba una nueva faceta de la joven compositora.
María de la Flor publicó en 2019 dos singles que fueron toda una declaración de intenciones, grabados junto a un cuarteto de cuerdas y la voz de María atravesando las notas y volando con fuerza, inundando la escucha de intensidad y emociones. Después llegaría Temple, coproducido junto al músico Diego Galaz (Fetén Fetén), y cuyas canciones se nutrían de influencias del folclore hispano y latinoamericano y sonaban referencias de cantautores como Amancio Prada o Natalia Lafourcade.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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