Fabián presentó el jueves pasado en el Festival BarnaSants de Barcelona, su último trabajo, Adiós tormenta (Vicious Records, 2009).
Estuvo acompañado en el escenario, por Alfredo González al piano, quien también interpretó un par de temas de su disco Dudas y Precipicios.
Fabián recibe, es obvio, influencias diversas, aunque una que predomina es la del cantautor Quique González. No obstante, sus canciones dibujan una personalidad propia.
Personalmente me recordó en algunas canciones —por la manera de interpretar, por el tono, y timbre de voz—, a un cantautor catalán, temporalmente apartado de los escenarios, llamado Muhel.
Fue ante todo, un concierto intimista, aderezado con dosis de ternura y calidez.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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