La cantante y compositora brasileña Gal Costa, una de las mayores voces del país suramericano, murió a los 77 años de edad, según informó este miércoles su asesoría.

EFE – Gal Costa es una de las máximas exponentes del movimiento tropicalista brasileño, al que también pertenecen históricos como Caetano Veloso, Gilberto Gil y Maria Bethânia.
Las causas de su fallecimiento no fueron informadas.
Costa, conocida como la Musa del Tropicalismo, pasó por una cirugía reciente para la extirpación de un nódulo en la nariz que le hizo suspender la gira que le iba a llevar a Europa en la recta final de este año.
Con una presencia inigualable y una voz única, Costa es banda sonora de la historia de Brasil y forma parte de una generación única que fundó los pilares de la Música Popular Brasileña (MPB).
Gal Costa, una lucha ante la censura
Nacida el 26 de septiembre de 1945 en Salvador, capital del estado de Bahía, desarrolló su carrera musical durante más de 50 años, transitando por varias generaciones hoy huérfanas de una mujer que enfrentó el conservadurismo de la dictadura militar (1964-1985).
En un país amordazado por el régimen, Costa usó su voz para romper moldes, mientras que Gil y Veloso estaban en el exilio.
Su valentía fue censurada en aquella época oscura a la que consiguió dar luz con presentaciones cargadas de fuerza al son de su guitarra.
Ganadora del Grammy Latino en 2011 por el conjunto de su obra, Costa conversó con distintas corrientes a lo largo de su trayectoria, desde la Bossa Nova, hasta la samba, pasando por el rock.
El mundo de la música se ha visto sorprendido e impactado por la noticia.
Uno de los primeros en reaccionar fue Gilberto Gil, uno de sus compañeros a lo largo de toda su carrera y quien estuvo con ella, junto con Caetano Veloso y Bethânia, en el grupo Doces Bárbaros.
«Muy triste e impactado con la muerte de mi hermana Gal Costa», señaló Gil.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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