Una biografía presentada anoche en La Habana ofrece un repaso por los 79 años de vida y trayectoria musical de la diva del Buena Vista Social Club Omara Portuondo, reciente ganadora de un Premio Grammy Latino.
El libro titulado "Los ángeles también cantan" y publicado por la editorial Caserón recoge los nexos de Portuondo con el movimiento "feeling" (sentimiento), surgido en Cuba en los años 40, con la Nueva Trova, en especial Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, y su protagonismo en el proyecto Buena Vista Social Club, que le dio fama internacional desde finales de la década de los 90.
Omara Portuondo, nacida en 1930, es hija de una mujer blanca y un jugador de béisbol cubano y la familia debió enfrentar los prejuicios devenidos de ser una familia racialmente diversa.
"He querido tratar de perpetuar con esta obra a Omara Portuondo", dijo el autor del volumen, Omar Oramas, para quien la diáfana voz de la mujer recorrió el mundo identificándose con la música cubana.
"Es un día hermoso. Muchas gracias desde mi pequeño corazón, y como siempre digo, esto es compartido, porque tengo un pedacito de todos", dijo Portuondo en la presentación del libro en La Habana.
"Es una musa ejemplar, musa patria, que cautiva nuestro ser y lo entrega a suelo y cielo insular", afirmó por su parte el poeta cubano Pablo Armando Fernández, presentador del acto.
La legendaria intérprete, de 79 años, agradeció el tributo con dos canciones: Gracias a la vida, de la fallecida cantautora chilena Violeta Parra, y Por eso yo soy cubano.
En noviembre, Portuondo recibió el Grammy Latino al Mejor Álbum Tropical por "Gracias", que recogió personalmente en la ceremonia celebrada en Las Vegas. Con ello, se convirtió en una de las primeras artistas cubanas en recibir un visado para visitar los Estados Unidos en más de cinco años.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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