El Kanka sigue desgranando canciones de su quinto disco y estrena hoy, día de Santa Cecilia, patrona de los músicos, No se dice suerte, una canción donde homenajea, con ritmo andino, el trabajo de los músicos.
El Kanka sorprende con el lanzamiento de No se dice suerte, una canción de ritmo andino y escrita en décimas espinelas compuesta entre Perú, Ecuador y Colombia, donde el malagueño habla de lo hermoso de la profesión de músico, pero también de la cara oscura del oficio y las dificultades y retos que presenta. Es por ello que se estrena en el día de Santa Cecilia, patrona de los músicos. De momento El Kanka ha compartido un previo del videoclip de esta canción que estrenará en unos días.
El Kanka habla de su canción: "No se dice suerte es una canción desesperada. La escribí entera en pocos días entre tres países latinoamericanos, en pleno estado de extrema fatiga, con un parásito estomacal y, si se me permite la expresión, cagándome en los gajes de mi oficio. Es una canción que manifiesta lo duro que puede ser este trabajo, a la vez que reivindica lo hermoso del mismo. Suena andino porque lo compuse allí, influenciado por esos sonidos, y porque es un ritmo que permite dejar salir la rabia muy bien, y está escrito en décimas espinelas, un formato poético muy popular hoy día, que "inventó" un malagueño, pero que se usa prácticamente en todo el folclore latinoamericano."
Propósitos de año nuevo, Autorretrato y Para vivir son los otros tres avances de Cosas de los vivientes, álbum que verá la luz en enero y que da nombre a su próxima gira con la que volverá a recorrer a partir de marzo todo el territorio español.
Los cuatro temas avance de Cosas de los vivientes llevan el sello de El Kanka, letras que hablan de lo cotidiano con un sonido personalísimo, algo que le ha convertido en un autor único con miles de seguidores de todas las edades, tanto en España como en Latinoamérica.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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