El cantante, compositor y showman Alfonso Vilallonga presentó el pasado sábado dentro del Festival BarnaSants su espectáculo Une soirée Chez Vilallonga en donde recrea canciones de los trovadores clásicos en lengua francesa.
Alfonso Vilallonga viene de familia aristocrática. Su tío, José Luis de Vilallonga, a parte de barón, marqués, Grande de España y no sé cuantas cosas más; besó a Audrey Hepburn en Breakfast at Tiffany's.
Pero bajo este bon vivant de sangre azul y vida regalada, showman, charlatán y excelente jugador de póker, se esconde un Doctor en Música por la Berklee College of Music de Boston, compositor de las bandas sonoras de varias películas —entre ellas Cosas que nunca te dije y Mi vida sin mí de Isabel Coixet— y autor de varios musicales y música para teatro.
A pesar de tener muy reciente la salida al mercado de su séptimo y último CD en solitario Libérame, Alfonso Vilallonga quiso presentar en el BarnaSants un espectáculo sobre la «chanson» titulado Une soirée Chez Vilallonga en donde el showman y cantante versiona con elegancia y exquisitez canciones de Jacques Brel, Édith Piaf, Henri Salvador, Leo Ferré, Georges Brassens, Charles Trenet, Serge Gainsbourg y Boris Vian entre otros.
Vilallonga lleva a su terreno estos temas con amor y respeto creando un ambiente entre el cabaret y la ternura, la bohemia y el rigor, el sarcasmo y la dulzura. Con gran teatralidad —y cara dura que en cabaret a veces es lo mismo— interpreta las canciones en un espectáculo donde movimiento, gestualidad y luces son instrumentos que complementan a los de sus músicos: Roman Gottwald (violín, acordeón y serrucho), Jordi Gaspar (Contrabajo) y Pau Figueres (Guitarra).
Alfonso Vilallonga domina a partes iguales la música y el teatro, la guitarra y el gesto, la ironía y el romanticismo. Y por encima de todo la inteligencia. Esa inteligencia sutil que parece que no está pero ata todos los cabos para que nada se caiga.
“Compren el disco ahora, que cuando se distribuya no lo van a encontrar”, dijo Vilallonga casi al final del concierto. Como buen jugador de póker, conoce muy bien las reglas del juego.

En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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