La última canción es el título del álbum de la cantante cubana Suylén Milanés, fallecida el 30 de enero de 2022, que fue presentado recientemente en la Fábrica de Arte Cubano.
La última canción incluye ocho temas de la autoría de Roberto Perdomo, Raúl Torres y su padre Pablo Milanés; una selección de temas hecha por la propia Suylén, fallecida el 30 de enero de 2022.
El fonograma vio la luz bajo el sello de las disqueras Bis Music y PM Record, y cuenta con la producción, dirección musical y arreglos de Roberto Perdomo.
Además, la imagen del disco fue creada por la directora de arte, Judith Díaz Henquén, el fotógrafo Pablo M. Rentería Milanés y la diseñadora Chabeli Farro.
Precisamente Farro manifestó desde su perfil en Instagram el orgullo de formar parte de este equipo y "poder aportar una visualidad al mundo de Suylén, compuesto no solo por su música, sino también por su obra pictórica, tan fresca y mística, que me permitió explorarlo, conectar con él y crear a partir de él".
En la nota discográfica, Díaz Henquén aseguró que "este disco es una obra de amor. Es como una fe, como un engaño a ratos a la tristeza pues hay una parte de Suylén Milanés guardada contra toda distancia. Tiene su brío, la vitalidad de su voz, se le reconoce en el espíritu de las canciones".
La última canción cuenta con los siguientes títulos: Entre el alma y el silencio, Yo no te pido, Incógnita, Quiero poner en la tierra mis pies, Cruz de nácar, Vestida de mar, Vaya el amor y La última canción.
Díaz, añadió refiriéndose al diseño de portada del álbum que "este disco es parte de su legado —que mediante la tecnología— conecta con la obra plástica de una artista luminosa, sensible y asoma su otro lado desconocido; por ello la portada es la puerta de entrada metafórica, entre Ud.—que tiene este CD en sus manos— y la propuesta interior, para ahí confluir ambos lenguajes con los que se expresaba de manera natural".
El fonograma cuenta con la novedad de que mediante un código QR se puede visitar una galería virtual donde se encontrará una colección de más de 60 piezas de estilo naíf, "collages de colores vivos, de un trabajo laborioso y paciente, llenos de fuerza expresiva", agregó la directora artística.
Suylén Milanés era egresada de la Escuela de Instructores de Arte y de la Escuela de Música Ignacio Cervantes y durante su carrera artística trabajó como vocalista en las agrupaciones de Adalberto Álvarez y su Son, Monte de espuma, Aries y Tesis de menta.
Como solista, realizó varias grabaciones y colaboraciones con artistas como Carlos Varela, Yusa, José Luis Barba, Raúl Torres y sus hermanas Haydée y Lynn Milanés.
Antes de su fallecimiento, Milanés era Directora Ejecutiva de la Institución Cultural PM Records, desde donde creó y gestionó el Festival de Música Electrónica Eyeife.
Además, en 2020 el Proyecto SOMOS, un espacio para inspirar a las artistas de la música alternativa a defender su espacio en el camino de la industria musical.
Dentro de sus palabras a propósito del álbum, Díaz Henquén afirmó que "La última canción hace un cierre dramatúrgico perfecto que te arrastra porque sabes que es su última y que es el fin, que tendrás que repetir el disco otra vez para llenar por unos minutos el hueco de una presencia tan añorada".
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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