Yo no soy Mikel Laboa (Ni ez zain Mikel Laboa, Elkar 2023) es una biografía inusual del mítico cantautor vasco Mikel Laboa. En formato de novela gráfica, Harkaitz Cano y Unai Iturriaga han tratado de subrayar las peculiaridades que popularizaron a Laboa, acompañadas de las imágenes de Joseba Larratxe. El cantaor donostiarra demostró su valentía hacia la tradición, su fuerza para la transgresión y su voz tan singular como diferente, entre otras cosas.
Probablemente el cantante vasco más querido y admirado, Mikel Laboa es también reflejo de una época, una geografía y una comunidad; un artista reconocido de forma unánime por su instinto para destilar la tradición, su afán transgresor y la capacidad de catarsis de su voz.
Pero, ¿cómo afrontar el reto de llevar a las viñetas la vida de un chamán? El perfil lúdico e innovador de Laboa repele toda tentación de ortodoxia. Lejos de las biografías al uso, los autores de esta novela gráfica convocan el espíritu y el humor de sus canciones, invitando al lector a sumergirse en el punto en el que los afluentes de la realidad desembocan en un océano de inventiva desbordante.
Harkaitz Cano Jauregi (Lasarte, Gipuzkoa 1975) se licenció en derecho en la UPV de San Sebastián y comenzó su andadura literaria con la creación del colectivo Lubaki Banda, en 1993. En 1994 publicó su primer libro de poesía, Kea behelainopean bezala. Después vendrían las novelas Beluna jazz (1996) y Pasaia blues (1999); una antología de cuentos publicada en castellano que reúne los mejores relatos del autor, Enseres de ortopedia inútil (2002), y El puente desafinado (2003), un libro de crónicas literarias de Nueva York.
Unai Iturriaga Zugaza-Artaza (Durango, Bizkaia 1974) es bertsolari y escritor. Estudió Bellas Artes en la Universidad Vasca en Leioa y ha trabajado como guionista, traductor y articulista.
Joseba "Josevisky" Larratxe Berazadi (Irun, Gipuzkoa 1985) es dibujante de historietas e ilustrador. Comenzó su carrera profesional mientras estudiaba Arquitectura en Donostia, dibujando historietas para prensa. Actualmente realiza ilustraciones para la revista Argia, así como para otras publicaciones y libros.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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