El brigadier (general) retirado Hernán Chacón Soto se ha suicidado este martes después de que el Tribunal Supremo de Chile confirmara en la víspera una condena de 25 años de prisión en su contra por el secuestro y homicidio del cantante y activista político Víctor Jara, que tuvo lugar en septiembre de 1973 durante el golpe de Estado de Augusto Pinochet.

La Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones chilena se ha personado en su domicilio con la intención de detenerle y llevarle a la cárcel de Punta Peuco, donde se encuentran detenidos militares y agentes del Estado responsables de abusos de los Derechos Humanos durante la dictadura de Pinochet (1973-1990).
Chacón ha recibido a los policías acompañado de su esposa. Tras asegurar a los agentes que iba a recoger objetos personales antes de entregarse para ser encarcelado en Punta Peuco —ubicada en la comuna de Til Til—, el exmilitar se ha quitado la vida con un arma de su propiedad, según ha recogido BíoBío Chile.
La Segunda Sala del tribunal afirmó en la víspera en su fallo que Chacón Soto y seis condenados más, ahora retirados, son responsables de los delitos de secuestro y homicidio calificado de Víctor Jara y del director de prisiones Littré Quiroga Carvajal.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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