La pedagoga cubana y actriz de teatro, radio y televisión Corina Mestre falleció hoy en La Habana a la edad de 69 años.

La comunidad artística cubana está de luto tras el fallecimiento de la actriz Corina Mestre, quien murió a los 69 años en La Habana. Mestre, reconocida por su trabajo en teatro, radio y televisión, deja un legado significativo en la cultura cubana.
Corina Mestre fue una figura prominente en las artes escénicas cubanas. Su carrera abarcó diversos medios, incluyendo el teatro, la radio y la televisión. A lo largo de su trayectoria, Mestre fue galardonada con el Premio Nacional de Enseñanza Artística y el Premio Nacional de Teatro, reflejando su impacto en el ámbito cultural y educativo.
El Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE) emitió un comunicado destacando su talento y contribuciones. "Brillante actriz y declamadora de voz excepcional, con excelentes dotes para la comedia y el drama, merecedora de múltiples aplausos por sus actuaciones en teatro, cine, radio y televisión", señaló el CNAE.
Colaboró intensamente con el trovador Augusto Blanca, con quien participó en calidad de cantante en los CD Este árbol que sembramos, Luna Trovera y Cuba y Andalucía: abrazo entre dos culturas; también en la producción discográfica Definitivamente jueves, del poeta Waldo Leyva con musicalizaciones de Augusto Blanca y Ariadna Amador.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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