Concierto: Javier Ruibal. BarnaSants
Lugar: L'Auditori
Fecha: 7 de marzo de 2008
Una de las muchísimas dolencias que acosan al mundo de la trova es el intento de muchos trovadores de clonarse en Silvio Rodríguez. Y los que no, lo intentan con Serrat. O con Brassens que no es lo mismo pero está tres pueblos cerca. Quizás es por eso que cuando uno encuentra a un trovador que se inventa a sí mismo, se agradece. Y si además lo hace con talento, entonces se produce la maravilla.
Conocer a Ruibal es quererlo, apreciarlo, y considerarlo. Con un trabajo de hormiga —constante y preciso— se ha ido labrando una carrera sólida, sin imitaciones ni imitadores, como un francotirador de la trova. Y eso en una época de clichés, modas y estereotipos es doblemente meritorio.
Su estrategia de marketing es muy clásica: el boca a oreja. Y esto lo ha alejado de las mayorías pero ha conseguido un público fiel y creciente porque el que lo prueba, repite.
Ruibal bebe de Andalucía, pero no de la Andalucía del tópico, de la de charanga y pandereta, sino de la Andalucía que quiere ser moderna sin dejar de ser. Y es al mismo tiempo una esponja que absorbe músicas magrebíes, sefardíes, cubanas, argentinas. Son composiciones frescas, claras y vitales y cargadas de un optimismo que invita a vivir.
Pero por encima de todo Javier Ruibal es un seductor, alguien que te atrapa en su red invisible desde el primer momento y vence incondicionalmente a la voluntad de tu alma.
Bendita derrota.
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Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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