La cantante y compositora argentina Mariana Masetto celebra una década de trayectoria con su más reciente trabajo discográfico, Cósmica (Bumbunita Música, 2024). Este álbum, su décimo lanzamiento independiente, representa un nuevo paso en su carrera, consolidando su estilo característico y su capacidad para innovar en el ámbito de la música de raíz latinoamericana con un enfoque contemporáneo.
Cósmica consta de ocho canciones, cada una acompañada por un videoclip que refleja la propuesta estética y artística de Mariana Masetto. Un trabajo que se caracteriza por su cuidadoso trabajo de grabación y masterización, que resalta la calidad vocal e instrumental de cada pieza.
En Cósmica, Mariana Masetto canta en español, italiano, francés e inglés, demostrando una vez más su versatilidad lingüística y su habilidad para conectar con audiencias más allá de las fronteras idiomáticas. Su voz, cálida y evocadora, logra transmitir historias que trascienden el lenguaje, combinando un tono acogedor con una calidad casi onírica.
Si bien sus raíces folclóricas siguen presentes, especialmente a través del uso del ronroco —un instrumento de la familia del charango—, este álbum se adentra en terrenos contemporáneos. Las composiciones entrelazan elementos orgánicos y electrónicos, creando una atmósfera única. El clarinete bajo aporta una textura terrosa y profunda, mientras que las líneas de guitarra se despliegan con suavidad bajo un paisaje sonoro ambientado en la electrónica, logrando un equilibrio fascinante entre lo moderno y lo tradicional.
El álbum cuenta con la participación de un talentoso elenco de colaboradores que enriquecen la propuesta musical. Entre ellos, Guillo Espe, encargado de los arreglos en temas como Pulsar Coral y Mi Bosón; Diego Barbanente en las voces; Juan Stafforini como director del Ensamble Vocal di Tella; Pablo Piccini en los arreglos de Legüero Coral; Elio Gutiérrez en el ronroco; Javier Acevedo en el acordeón; Coti Moroni en el clarinete bajo; y Abel Ghelman en el piano.
Cósmica es un reflejo de la habilidad de Masetto para honrar las tradiciones musicales mientras explora nuevas fronteras artísticas. Sus canciones evocan tanto la inmensidad de los Andes como la intimidad de un café en Buenos Aires, ofreciendo al oyente una experiencia que combina lo ancestral con lo contemporáneo en un mismo espacio sonoro.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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