El trovador catalán Ramon Sauló llegó al BarnaSants batiendo el récord de asistencia de la sala Harlem Jazz Club dentro de esta edición. Aunque Sauló no busca grandes gestas, sino medirse entre las pequeñas cosas.
Ramon Sauló canta y compone canciones sencillas, frágiles, que parece que se vayan a desvanecer como el agua que se cuela entre los dedos si uno pretende agarrarla. En la música de Sauló no hay más pretensiones que las de llegar directamente al corazón, sin intermediarios ni peajes. Vía libre.
Que nadie busque en Ramon Sauló una técnica guitarrística virtuosa ni un trabajo armónico depurado. No lo precisa. Es más, en la sencillez es donde Sauló consigue esta extraña conexión sináptica que emociona y casi hipnotiza al oyente.
En Sauló no se advierte estrés por vender, ni ambición por triunfar, ni miedo al fracaso. Sólo pretende divertirse y emocionar haciendo y cantando canciones. Si lo consigue, bueno. Si no a otra cosa. Es seguramente esta actitud la que hace que él se lo pase bien en el escenario y transmita y contagie esta actitud a la platea.
Es cierto que a veces serratea e incluso joanisaaquea, pero es, de un lado mimetismo con el maestro y con el compañero de generación, y de otro, la facilidad en conectar con el público en las cosas pequeñas y en la capacidad de narrar nuestras propias vidas y experiencias.
Acompañado por Pep Travé a la guitarra, este domingo Ramon Sauló desgranó una a una las canciones de su CD Som així (Somos así) más alguna inédita y demostró que, a veces, en las pequeñas cosas están las grandes gestas.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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