El cantautor cubano Silvio Rodríguez forma parte de los protagonistas de la primera temporada de Ruta ADN Cuba, una serie que combina ciencia y memoria para trazar la genealogía de personalidades culturales de la isla. La intervención de Silvio Rodríguez revela datos sobre sus raíces canarias y africanas, y deja entrever una faceta íntima del trovador.

El cantautor Silvio Rodríguez se sumó recientemente a los protagonistas de Ruta ADN Cuba, la serie documental dirigida por Alejandro Gil que indaga en la genealogía de personalidades cubanas a través de estudios de trazabilidad genética. En uno de los seis capítulos que integran esta primera temporada, el músico nacido en San Antonio de los Baños en 1946, se enfrenta con curiosidad y asombro a la lectura científica de su historia personal.
Según el estudio presentado por la genetista Beatriz Marcheco, por las venas de Silvio Rodríguez corre sangre canaria y también africana, aunque esta última en menor medida. Ante este dato, el artista comenta: "Me hubiera gustado tener más", dejando ver la apertura con la que recibe los resultados. De forma escueta pero sincera, reconoce: "Fascinante, fascinante".
La serie Ruta ADN Cuba cruza los resultados de estos estudios con las experiencias vitales de sus protagonistas, generando un relato donde el mapa genético se convierte en un espejo narrativo que va más allá del dato científico. En palabras del director, Alejandro Gil: "Son historias de vida que crean una empatía con el público extraordinaria y el cine las hace tener una luminosidad tremenda".
El episodio dedicado a Silvio propone un viaje hacia atrás en el tiempo que abarca unas 18 generaciones y aproximadamente 500 años. Es un recorrido que, como señala la propia estructura de la serie, intenta vincular los datos genéticos con aspectos de la identidad cultural, emocional y artística de cada personaje. En ese proceso, el trovador se enfrenta no solo a sus ancestros, sino también a los silencios de su propia historia, como si cada resultado científico fuera también una pista biográfica.
La presencia de Rodríguez en la serie se da en un contexto que lo muestra sereno, reflexivo, y dispuesto a dejarse interpelar por el saber científico. La doctora Marcheco guía la conversación con precisión y sencillez, permitiendo que el espectador comprenda sin dificultad los fundamentos del análisis genético. El equipo de producción, según detalló el director, ideó un sistema de señales internas para no interrumpir a la especialista y mantener una "burbuja de silencio técnico" durante las grabaciones.
La serie fue presentada el pasado 28 de agosto en la sala Chaplin de La Habana. En la proyección estuvieron presentes algunos de los protagonistas, entre ellos el actor Osvaldo Doimeadiós, la investigadora Zuleica Romay, la ex voleibolista Mireya Luis, el artista visual Roberto Diago y el antropólogo Nelson Aboy. Todos ellos conforman el primer grupo de figuras invitadas a este experimento audiovisual que combina genealogía, identidad y narración personal.
Alejandro Gil, también responsable de películas como Inocencia (2018), La pared (2006), La emboscada (2015) y AM-PM (2023), asumió la dirección del proyecto tras el fallecimiento de su colega y amigo Ernesto Daranas, quien concibió originalmente la idea. El proyecto es una coproducción entre el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el Centro Nacional de Genética Médica y el Ministerio de Cultura de Cuba.
Entre los detalles que llamaron la atención del episodio dedicado a Silvio Rodríguez, se encuentra una mención curiosa: su compatibilidad genética con el gusto por el chocolate amargo, algo que comparte con el hombre de Neandertal. Sin embargo, más allá del dato anecdótico, el capítulo permite entrever los vínculos entre ciencia y poesía, entre herencia biológica y construcción cultural. La serie propone que esos linajes que la genética desentraña no son únicamente datos heredados, sino también relatos vivos.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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