Terrae, el dúo formado por Andreu Peral y Genís Bagés lanza Nostre gra, un álbum que recupera, reinterpreta y actualiza el patrimonio oral y musical de las Terres de l’Ebre, en el sur de Cataluña. Con una propuesta que fusiona tradición y experimentación, este trabajo cuenta con las colaboraciones de Judit Neddermann y Alidé Sans.
Nostre gra es el nuevo trabajo discográfico de Terrae, un proyecto artístico en el que confluyen el paisaje, la memoria y la música de raíz. El dúo catalán, integrado por Andreu Peral y Genís Bagés, rinde homenaje a las Terres de l’Ebre, su lugar de origen, a través de ocho piezas que relatan la historia de una comunidad trabajadora, humilde y profundamente vinculada a su tierra. El resultado es una obra que navega entre lo poético y lo reivindicativo, un "grito salvaje y a la vez poético" que busca preservar una cultura local en riesgo de olvido.
La propuesta de Terrae se basa en una concepción dinámica de la tradición. Para el dúo, las músicas de raíz no son fósiles, sino organismos vivos en transformación constante. En ese sentido, Nostre gra no solo recoge formas tradicionales del cancionero ebrense, sino que las traslada al presente mediante una producción contemporánea donde conviven sintetizadores, efectos de voz, loops y samplers con los elementos más esenciales: la voz y la percusión.
El álbum arranca con Ja no em vols, una pieza de gran carga simbólica que parte del antiguo canto de batre y marca el tono del disco con la voz desnuda de Peral y la contundencia rítmica de Bagés. Desde ahí, el recorrido se despliega como un viaje fluvial por el Ebro, integrando historias, costumbres y personajes del territorio.
En el plano temático, el repertorio recorre emociones diversas. La cançó de les plegadores d’aulives y Delta, esta última con la colaboración de Judit Neddermann, evocan la ternura del paisaje y la cotidianidad rural. Por otro lado, el disco también recupera episodios de la memoria histórica con la revisión de En el frente de Gandesa y una composición dedicada a la maestra republicana Virgínia Amposta. La cantante aranesa Alidé Sans pone voz a La Clavellinera, una canción tradicional de la Terra Alta que transforma la fiesta en una forma de resistencia cultural.
La producción del disco ha contado con la participación de Emili Bosch, Toni Llull, Oscar Garrober y Daviz Garcia en la coproducción, y ha sido masterizado por Víctor Garcia. El resultado es un álbum cuidado en cada uno de sus aspectos técnicos y artísticos, donde la fidelidad al origen no está reñida con la exploración formal.
Más allá del estudio, Terrae también propone una experiencia escénica cargada de simbolismo. En sus conciertos, el vestuario diseñado por Íria Franch fusiona lo ancestral con lo actual, y la escenografía de Judith Pujol convierte el escenario en una metáfora visual del paisaje del Ebro. Una gran tela (borrassa) envuelve al dúo como si fueran olivos que echan raíces, mientras recogen —en forma de canciones— los frutos de su tierra.
El directo, definido por una cuidada ambientación sonora, incorpora todos los temas de Nostre gra junto con piezas de su primer EP, La Riuada. Ambos trabajos se entrelazan en un mismo flujo narrativo, enriquecido por sonidos experimentales y texturas contemporáneas que acompañan al oyente en un recorrido sensorial río abajo.
Tras la publicación del disco Tinc una casa al mar, Joan Isaac vuelve a editar un nuevo trabajo: Azimut, en el que se encuentra acompañado por el músico y compositor Eduard Iniesta. Durante 2023 fue publicada una recopilación antológica de la obra del artista, compuesta por veinticinco cedés, como parte de la conmemoración de sus cincuenta años de oficio y 70 de vida, que culminó con un gran concierto en El Palau de la Música catalana y la edición de Joan Isaac al Palau en 2024. Azimut es su más reciente creación, una obra protagonizada por unos textos profundamente poéticos, vestidos fundamentalmente por voz y cuerdas.
Hay discos que no necesitan levantar la voz. Azimut es uno de ellos. Joan Isaac presenta un trabajo hecho desde la contención, desde ese lugar donde la canción deja de ser ornamento para convertirse en algo casi necesario. Un disco minimalista, preciosista, trabajado con una delicadeza profundamente orgánica. Como todo en Isaac, un acto de fe.

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