Pedro Guerra presentó su nuevo trabajo "Vidas" en el Palau de la Música de Barcelona
Después de tres años de una larga "baja por paternidad", como él mismo bromeó, Pedro Guerra ha regresado a los escenarios con nuevo disco —Vidas— y con una estrenada madurez. Y no hablo de madurez artística, que esa ya la tenía, sino de esa que se lleva en la partida de nacimiento. Y eso se nota no sólo en el número 4 que antecede la cifra que marca su edad, sino también en las temáticas que alimentan sus nuevas canciones: la nueva paternidad, la adolescencia de los hijos, la vida en pareja, el amor eterno. Y todo eso desde una centrada serenidad muy alejada de aquel Pedro Guerra de hace casi diez años que te miraba tras las bambalinas con aquellos ojitos de "parad el mundo que me apeo" y con aquella premura del estrés que ejercía la presión de la discográfica —de cuando se vendían discos— y que tan poco iba con Pedro.
Pedro Guerra supo echarle el freno a eso y tras dos discos de transición —Hijas de Eva y La palabra en el aire— retornó al mítico Golosinas con un disco que anunciaba la recuperación de lo perdido, la vuelta a los orígenes por si uno ha perdido el rumbo, la sencillez de lo que no necesita dejar de ser sencillo para ser grande. Hablo de Bolsillos, un disco con una temática mucho más social y menos íntima que Vidas pero donde ya se intuía al Pedro Guerra que estaba reconstruyéndose.
Con un acompañamiento sobrio y elegante —teclados con Luis Fernández, bajo y batería— afortunadamente lejos de ciertos fastos innecesarios de otros tiempos, Guerra domina la técnica de compensar la frialdad que supone presentar un nuevo repertorio, con los temas de toda la vida, esos temas ya clásicos.
Y es que Pedro Guerra, a golpe de años y trabajo, ha pasado de ser una joven promesa a un clásico.

El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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