La cantautora menorquina Anna Ferrer transforma el obrador familiar en materia musical en un nuevo trabajo que explora la herencia, la transmisión de los oficios y los vínculos entre la artesanía del pan y la creación artística.
Anna Ferrer acaba de publicar Pa (Pan), un disco singular y profundamente personal que convierte el universo cotidiano del obrador familiar en el centro de una propuesta musical tan íntima como ambiciosa. La artista menorquina presenta un trabajo en el que la memoria, el oficio y la tradición dialogan constantemente con la experimentación sonora, desdibujando las fronteras entre la artesanía del pan y la artesanía de la música.
El punto de partida del álbum es tan sencillo como poderoso. Ferrer creció escuchando los sonidos de un obrador. Las amasadoras, los utensilios metálicos, las mesas de trabajo, el movimiento constante de las máquinas y los ritmos cotidianos de la elaboración del pan formaron parte de la banda sonora de su infancia. Décadas después, aquellos sonidos regresan convertidos en materia creativa.
En Pa, la madera de la guitarra española dialoga con la madera de las herramientas del panadero. Los sonidos metálicos de la guitarra eléctrica encuentran ecos en los recipientes y utensilios de acero inoxidable del obrador. Los sintetizadores evocan los movimientos mecánicos de la masa y las respiraciones de una maquinaria que para la artista siempre ha tenido algo de musical. El resultado es una traducción sonora de un espacio de trabajo que se convierte, al mismo tiempo, en paisaje emocional.
Pero Pa no es únicamente un ejercicio de evocación. El disco funciona también como una reflexión sobre la herencia y sobre la manera en que los oficios se transmiten entre generaciones. Anna Ferrer ha concebido este trabajo como un homenaje al pan, entendido no solo como alimento, sino como compañero de pensamiento y como elemento capaz de sostener toda una manera de mirar el mundo.
La historia familiar ocupa un lugar central en el proyecto. La artista pertenece a una saga de cuatro generaciones de panaderos y el disco nace precisamente de la necesidad de ritualizar esa transmisión. Más que una despedida o una celebración nostálgica, Pa se plantea como una forma de comprender qué significa heredar un oficio, cómo se transforma esa herencia y de qué manera cada generación la hace suya.
En ese sentido, el álbum continúa una trayectoria artística marcada por la reinterpretación constante de las tradiciones. Desde sus primeros trabajos, Anna Ferrer ha desarrollado una voz propia dentro de la canción de raíz contemporánea. Nacida en Menorca en 1993, ha dedicado buena parte de su carrera a explorar el repertorio popular desde una mirada libre y personal, alejándose de cualquier visión museística del folclore.
Sus primeros discos, Tel·lúria (2017) y Krönia (2019), ya mostraban una voluntad clara de dialogar con la tradición desde el presente. A ello se suman colaboraciones con artistas como Silvia Pérez Cruz, Marco Mezquida, Eliseo Parra, Clara Peya o Clara Fiol, además de su participación en proyectos colectivos como OMAC o Coetus. Todo ello ha contribuido a construir una trayectoria en la que la canción popular aparece constantemente revisitada, reformulada y proyectada hacia nuevos territorios sonoros.
Ese camino encontró una de sus expresiones más reconocidas en Parenòstic, un espectáculo dirigido por El Niño de Elche que se convirtió posteriormente en disco y que llevó a Anna Ferrer a escenarios de Reino Unido, Francia, Portugal, Italia, Marruecos y Perú. La propuesta obtuvo una notable acogida tanto por parte del público como de la crítica, incluyendo una destacada valoración en la publicación estadounidense Pitchfork.
Ahora, con Pa, la artista da un paso más en esa búsqueda. El proyecto no se limita al formato discográfico, sino que se extiende también al ámbito escénico mediante un concierto performático que convierte el escenario en una extensión del obrador familiar. La propuesta, presentada previamente en espacios como la Fira Mediterrània de Manresa, L’Auditori de Barcelona o el Auditori de Girona, incorpora una escenografía inspirada en el universo panadero y cuenta con la presencia del propio padre de la artista sobre el escenario.
Junto a él aparecen los músicos Toni Llull, colaborador habitual de Guitarricadelafuente, y Pol Batlle, conocido por su trabajo junto a Rita Payés. La presencia del padre panadero compartiendo espacio con los músicos no es un gesto anecdótico, sino una declaración de intenciones. Anna Ferrer sitúa en un mismo plano el arte y el oficio, la creación artística y el trabajo manual, reivindicando el valor de ambos como formas complementarias de conocimiento y transmisión.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.

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