El cantautor madrileño Ismael Serrano debuta como actor protagonista para encarnar a Antonio Machado en Golpe a golpe, verso a verso una producción teatral que convierte las canciones del histórico disco que Joan Manuel Serrat dedicó al poeta en el hilo conductor de un recorrido por su vida, su memoria y su exilio.
Antonio Machado vuelve a los escenarios convertido en personaje teatral. Y lo hace acompañado por unas canciones que, para varias generaciones, resultan ya inseparables de sus versos. Golpe a golpe, verso a verso toma como punto de partida el legendario álbum que Joan Manuel Serrat publicó en 1969 sobre textos del poeta sevillano para construir un espectáculo que combina teatro, música en directo y memoria histórica.
La producción, impulsada por Okapi Producciones, tiene además un atractivo añadido: Ismael Serrano asume por primera vez un papel protagonista como actor para encarnar al propio Machado. El cantautor madrileño interpreta en directo las canciones que Serrat popularizó hace más de medio siglo, convirtiéndose así en la voz de un poeta cuya obra continúa dialogando con el presente.
La propuesta está codirigida por Paco Gámez y José Velasco y plantea un recorrido emocional por la vida de Machado, por las personas que marcaron su existencia y por algunos de los episodios más significativos de la historia española del siglo XX. El espectáculo no busca construir una biografía convencional, sino adentrarse en la memoria del poeta y en aquello que definió su mirada sobre el mundo: el compromiso ético, la sensibilidad humana, la reflexión sobre el paso del tiempo y la experiencia traumática del exilio.
La historia arranca en los últimos días de Machado. El poeta atraviesa a pie los Pirineos junto a su madre, huyendo de una España devastada por la Guerra Civil. En ese trayecto hacia la localidad francesa de Cotlliure, donde fallecería pocas semanas después, la memoria comienza a desplegarse. Los recuerdos aparecen entonces como fragmentos de una vida que regresa para ser revisitada una última vez.
Desfilan por la escena la infancia sevillana, los años de formación, la relación con su hermano Manuel, la experiencia docente y, por supuesto, la figura de Leonor, cuya temprana muerte dejó una huella imborrable en su vida y en su obra. También aparecen las amistades, las inquietudes intelectuales y la compleja realidad política de una España convulsa que acompañó al poeta durante buena parte de su existencia. La evocación de Guiomar, el amor tardío y platónico de Machado, completa un retrato que oscila constantemente entre la intimidad y la historia.
En ese recorrido, las canciones ocupan un lugar central. Temas tan emblemáticos como Cantares, La saeta o A un olmo seco dejan de ser simples interpretaciones musicales para convertirse en elementos dramáticos que dialogan con los acontecimientos que se representan sobre el escenario. La música no acompaña la acción: forma parte de ella y contribuye a construir el relato emocional del personaje.
La presencia de Ismael Serrano añade además una dimensión singular al proyecto. Su trayectoria como cantautor, estrechamente vinculada a la palabra y al compromiso social, establece un puente natural con el universo machadiano. Su interpretación busca acercarse al poeta desde la cercanía y la humanidad, evitando la solemnidad para mostrar a un hombre atravesado por las dudas, las pérdidas y las contradicciones de su tiempo.
Junto a Serrano participan Cristina de Inza, Alberto Berzal y Laura Porras, responsables de dar vida a las figuras fundamentales que acompañaron a Machado durante distintas etapas de su existencia. Néstor Rubio alterna funciones con el cantante madrileño en el papel protagonista.
La dirección musical corre a cargo de Jacob Sureda Arbona, encargado de adaptar para la escena el repertorio compuesto por Serrat sobre los poemas de Machado. El resultado busca respetar el espíritu de aquellas canciones al tiempo que las integra en un lenguaje teatral propio. La propuesta visual se completa con la escenografía diseñada por Estudio Dedos, la videoescena de Elvira Zurita y la iluminación de José Gallego.

En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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