José Domínguez, conocido artísticamente como El Cabrero, ha fallecido en Sevilla a los 81 años. Cantaor de personalidad irrepetible, pastor de cabras durante buena parte de su vida y figura admirada dentro y fuera del flamenco, deja una trayectoria construida desde la independencia, el compromiso y una forma de entender el cante que nunca se sometió a convenciones.
El cantaor José Domínguez, El Cabrero, ha fallecido este martes en Sevilla a los 81 años de edad. Con su desaparición se marcha una de las personalidades más singulares del flamenco contemporáneo, un artista que construyó una carrera al margen de los caminos habituales de la industria musical y que convirtió su propia forma de vivir en una declaración de principios.
Nacido en Aznalcóllar, en la provincia de Sevilla, El Cabrero mantuvo durante décadas una doble condición que acabaría definiendo su figura pública: la de cantaor y la de pastor. Desde niño trabajó cuidando cabras y nunca quiso desvincularse completamente de ese oficio, ni siquiera cuando su nombre comenzó a ocupar escenarios de todo el mundo. Para él, el pastoreo era mucho más que una profesión. Era un espacio de reflexión y de libertad. En más de una ocasión explicó que aquellas largas jornadas en el campo le permitían pensar, observar el horizonte y encontrar refugio lejos del ruido.
Anarquista declarado y profundamente independiente, se convirtió en una figura difícil de clasificar. Mientras su prestigio artístico crecía y su nombre alcanzaba una dimensión internacional, continuó regresando a sus cabras cada vez que los compromisos profesionales se lo permitían. Esa fidelidad a su forma de vida contribuyó a forjar una leyenda que trascendió el ámbito estrictamente flamenco.
Sus primeros pasos como cantaor estuvieron marcados por la escucha de Canta Jerez, un disco que reunía voces como las de Tío Borrico, Terremoto, Sernita, Sordera, Romerito, el Mono o el Indio, acompañados por la guitarra de Morao. Aquellas grabaciones despertaron una vocación que acabaría convirtiéndolo en una de las voces más reconocibles del flamenco de las últimas décadas.
Sin embargo, su relación con la profesión nunca fue convencional. La primera vez que le ofrecieron grabar un disco rechazó la propuesta. No tenía interés en abandonar su vida de cabrero ni en incorporarse a los circuitos profesionales del espectáculo. Hubo que esperar hasta 1975 para que aceptara registrar su primer trabajo. Lo hizo por una razón muy concreta: la necesidad de afrontar los gastos médicos del parto de Elena Bermúdez, su compañera y madre de su primer hijo. Aquella circunstancia terminó cambiando el rumbo de su carrera.
Con el paso de los años, El Cabrero fue consolidando una trayectoria artística cada vez más sólida. Durante la década de los noventa participó en algunos de los festivales de jazz y world music más importantes del panorama internacional, compartiendo cartel con músicos como Chick Corea o Gilberto Gil. En 1993, Peter Gabriel lo incorporó a una gira por Estados Unidos, ampliando todavía más la proyección internacional de un artista que nunca dejó de considerarse, antes que nada, un hombre del campo.
Su cante se caracterizó por una fuerte personalidad y por una manera directa de abordar los conflictos sociales y políticos de su tiempo. Aunque rechazaba la etiqueta de "cantaor político", era consciente de que sus posicionamientos tenían consecuencias. "Yo lo que hago es cantar lo que siento y guardar cabras", explicaba años atrás, reivindicando una independencia que mantuvo hasta el final de su carrera.
Precisamente esa coherencia fue una de las características más admiradas de su figura. Sus recitales se convirtieron con frecuencia en espacios donde el flamenco convivía con la denuncia social, la reflexión crítica y una mirada profundamente vinculada a las clases populares. Sus letras, marcadas por la ironía y la ausencia de concesiones, conectaron con varias generaciones de oyentes que encontraron en él una voz distinta dentro del panorama flamenco.
A lo largo de su discografía figuran trabajos como Por la huella del fandango (1989), Flamenco de Hoy (1990), Encina y Cobre (1990), De la Cuadra a la Carbonería (1991), Tango al Sur (1996), Le sigo cantando a Huelva (1996), Como el viento de poniente (1996) y Un diálogo sin artificio (1998), entre otros títulos que contribuyeron a consolidar un legado artístico de gran relevancia.
En 2019 tuvo que interrumpir la gira con la que pretendía despedirse de los escenarios tras sufrir un ictus. Un año después anunció su retirada definitiva. Explicó entonces que le dolían "el diafragma y el sombrero", una frase que resumía a la perfección el carácter de un artista que siempre habló a su manera y que nunca perdió el sentido de la ironía.
Su figura también inspiró la biografía novelada Debo ser muy buena presa cuando tengo tantas escopetas apuntándome, escrita por el periodista Eduardo Izquierdo, un retrato de una personalidad irrepetible dentro de la música popular española.
Por deseo expreso de la familia, la capilla ardiente se instalará en el Teatro Municipal de Aznalcóllar y no se permitirá la presencia de medios de comunicación. Allí será despedido quien, durante décadas, hizo compatible la vida del pastor con la del cantaor y construyó una trayectoria artística que nunca renunció a la independencia, la honestidad ni a una forma propia de entender el flamenco y la vida.
El cantautor cubano Silvio Rodríguez actuará en Barcelona, Zaragoza, Bilbao, Valencia, A Coruña, Sevilla, Murcia y Madrid en una nueva gira que recorrerá ocho ciudades españolas entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre de 2026.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.

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