Con la más tierna ironía:
a Joaquín Sabina y Benjamín Prado.
De todo corazón a Guillermo Toledo.
Repudio la fe de vanguardias heridas
de parábolas henchidas en manteles
rizando el rizo de coloreados laureles,
techando los parnasos de nuestras vidas.
Maldigo la pobreza de quienes fijan
las medidas y el color de la belleza,
quienes compran con usura académica
y metro ambiguo verdades y mentiras.
Bendigo el rifirrafe de metáforas,
el uso del billar en los textos,
los paraísos buscados de Praga
que se pagan con miles de euros.
Trato de prender la chimenea del placer,
talando bosques de pecados y nieves,
de abrir de par en par el a,be,cé
del deseo, del derecho y del revés.
Detesto a los poetas del santo humo,
los que desde lo infumable de su sexo,
acotan pezones en la luna de Acapulco
con la mirilla corta del ojo izquierdo.
Maldigo el deber del fusil y las balas
de quienes preñan de cárceles los muros,
de quienes invaden los paisajes futuros
con proclamas, discursos y cábalas.
Bendita la fortuna, la santa sabiduría
que se hermana con el bar de lo ajeno
y desde el cáliz de su Visa y fuero
tributa homenajes cantados a la poesía.
Aguadulce-Ugijar 10/29 de Diciembre de 2009
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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