100.000 espectadores en una población de 40.000 habitantes no pasan precisamente desapercibidos. Y es que Vic, una ciudad a 70 kilómetros de Barcelona, se ha convertido en un referente de la industria musical.
El Mercado de Música Viva de Vic ha programado más de 140 conciertos en 4 días repartidos en 15 escenarios oficiales distintos, más multitud de improvisados escenarios en la calle que constituyen una verdadera programación alternativa y complementaria a la oferta oficial.
En la 20ª edición del Mercado de Música Viva de Vic se han acreditado más de 1300 profesionales —sin contar los músicos que actuaron—, de los cuales unos 200 han sido periodistas. Eso supone un incremento superior al 15% respecto del año pasado. Hay que destacar también la buena respuesta de los programadores internacionales (unos 30) y del resto de España (más de 170), fruto de la tarea de promoción que el Mercat ha llevado a cabo en los últimos diez meses. La presencia de 16 Comunidades Autónomas del estado español (entre otros, Andalucía, Aragón, Canarias, Galicia, Baleares, Madrid, País Vasco, Valencia) y 14 países (entre otros, Francia, Portugal, Italia, Inglaterra, Argentina, Brasil, Colombia, Marruecos, Bélgica) y un pabellón comercial con 64 stands son otros indicadores de la buena proyección que ha tenido el Mercat de este año. A destacar la alta calidad artística en las actuaciones y un pabellón comercial dinámico donde los profesionales del sector han comprado y han vendido en el buen sentido de la palabra.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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