La música más antigua fue la voz humana. De algún modo se podría decir que el hombre la descubrió dentro de sí mismo, esa música que ya estaba contenida en los rudos antepasados sonoros de la palabra, cuando todavía iban a ser necesarios millares de años antes de que la primera de ellas pudiese ser formada.
La música estuvo siempre, latente, dentro del hombre, como una posibilidad, pero, múltiple y rumorosa, habitaba también la naturaleza. Los pájaros ya cantaban, el viento silbaba en las cavidades de las grutas, las cascadas tronaban como una anticipación wagneriana, y todo esto junto, y lo demás que se imagina, constituía la gran orquesta de la naturaleza, donde un asiento vacío esperaba la llegada del hombre. Que por fin apareció trayendo en las manos un hueso con orificios al que llamaría flauta. Y también un objeto redondo y hueco, con una piel estirada sobre la abertura, que recibiría el nombre de tambor.
Traía también su propia voz, y fue sin duda uno de los momentos más sublimes de la historia de la humanidad aquel en que un ser humano, hombre o mujer, se levantó para cantar. De esto mismo, aunque a primera vista pueda no parecerlo, tratan las canciones reunidas por Kepa Junkera en esta singular grabación que seguramente apuntará nuevos rumbos en la composición y en la interpretación musical. Cantar la lengua del otro es el primer desafío.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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