Ayer a las 19.37 nació la hija de la cantante arequitense Soledad Pastorutti y de Jeremías Audoglio, en el sanatorio de la Mujer de Rosario (Argentina).
La hija de Soledad Pastorutti, Antonia, nació ayer en Rosario. El parto se adelantó ya que se esperaba para el próximo miércoles, pero lo tuvo por cesárea, ya que el bebé venía con complicaciones por el cordón umbilical. Nació con 2,700 kg, y tanto la madre como la hija se encuentran en perfecto estado de salud.
Hace tres años se casó, en su pueblo natal, donde también reside casi en forma permanente, con Jeremías Audoglio. No sabía el sexo de la recién nacida, a la que llamarán Antonia.
Antonia nació cerca de las 20 en el Sanatorio de la Mujer en Rosario, aunque ella había contado que tenía “sets” armados en distintas ciudades por si el parto la sorprendía en el camino. La cantante ingresó a las 19 con su marido y sus padres y dio a luz una hora más tarde. Pero casi no hubo movimiento: es que el sanatorio de San Luis y Pueyrredón se mantuvo un silencio estricto para desorientar a los fans y a la prensa.
Durante los festejos del Bicentenario la estrella cantó y bailó con una enorme panza frente a alrededor de un millón y medio de personas. “No estaba trabajando, pero esto es histórico y no me lo podía perder”, dijo desde el escenario.
Soledad, más conocida como “La Sole” o “El Huracán de Arequito”, es una de las máximas exponentes del folklore en la Argentina.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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